A la sombra del tomate

26 06 2009

Tres vidas, dos demasiado jóvenes para poner punto final a sus sueños y la tercera con la injusticia de morir a los tres años de su jubilación


San Juan no estaba saliendo como habíamos pronosticado. Fuimos a por las notas del niño. Son fechas para celebrar el fin de curso, de alegrarse porque esas calificaciones también evalúan el esfuerzo colectivo de la familia y, cuando más contentos estábamos y con la mesa reservada en el restaurante, el niño se pone con fiebre, con mucha fiebre, y camino del Centro de Salud apuramos sobremesa y siesta. Ya saben, los niños son así de inoportunos.

Somos una de esas parejas que, pese al individualismo triunfante, contribuye el mínimo para que Extremadura haya sobrepasado ya el millón cien mil habitantes. Sigue lejos la cifra de los que vivieron aquí antes de la emigración. Pero, que después de trece años en nuestra región haya más nacimientos que defunciones y en 2008 nacieran 862 niños más que el año anterior te reaviva el verde esperanza que colorea la bandera, justifica los cheques bebés que iniciara la Junta a comienzos de la legislatura y amplificara el Gobierno, y explica que tantas preocupaciones, literatura sobre crisis y riqueza, o debates sobre infraestructuras de futuro tengan una razón de ser: Los que deben heredar una sociedad mejor.

Si la mañana de San Juan fue grisácea por el susto febril, se oscureció cuando recibí la llamada del Presidente de Extremadura y, casi al instante, por Facebook un mensaje de San Tiago, el blogger de Miajadas, que advertían del accidente de autobús. Unos padres novatos, disgustados porque la ilusión de las notas y el orgullo de escuchar al tutor se nos ensució con un traspié sin relevancia, nos sentíamos privilegiados intuyendo cómo estarían los padres de Susana y de Cristina cuando conocieran esa fatal noticia: Una, que debía festejar su cumpleaños –como yo- el próximo 2 de julio, llena de ilusión por unas oposiciones a Magisterio que había encarrilado. La otra, regresando desde la Cáceres universitaria que tantos recursos humanos ha conformado para que Extremadura sea tan distinta a cuando sólo sobrevivíamos a la sombra del tomate.

A la sombra de ese icono para el triángulo modernizador de las Vegas Altas, tres vidas –dos demasiado jóvenes para que no colaboren en nuestra recuperación espiritual y demográfica, la tercera con la injusticia que supone hurtarle el descanso por el esfuerzo de una vida, a los tres años de su jubilación en Madroñera- se quedaron en una rotonda, como cuatro años atrás se fueron las de dos mujeres en otra salida de Talavera, también por estas fechas. Nos han emborronado las estadísticas y nos han devuelto el San Juan doloroso que sus hogueras no pudieron ahuyentar.

Rescato a Nietzsche cada vez que enfrento el tema de la muerte, y reconozco en su obra ese egoísmo que supone el dolor por los ausentes, pero que sólo sufren los que quedamos vivos. Es difícil crear consuelo más que remitirnos –desde la fe- a la esperanza de un mundo futuro o –desde la laicidad- al verso machadiano musicado por Serrat (“Nada pasa, todo queda…”). Ninguna muerte es gratuita ni, necesariamente, producto de negligencias o castigos divinos. Ayer, me levanté demasiado temprano, llené de besos la frente ardiente de mi hijo y reafirmé mi militancia por una vida y una tierra que ha perdido tres eslabones para su comunidad. Descansen en paz. Volví al mensaje de San Tiago y, a la sombra del tomate, me recordó que aún debíamos agradecer que un grupo de escolares de Almoharín no llenara ese autobús para presenciar una obra de teatro prevista en Villanueva de la Serena. Es la muerte y es la vida, al mismo tiempo.


Diario HOY. 26 de junio de 2009

Libro: “Así habló Zaratrustra: Un libro para todos y para nadie”. Autor: Fiedrich Nietszche. Editorial Alianza, 1972. 498 pags.

www.alasombradeltomate.es

Sitio: Almoharín



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