Hambre de identidad

4 09 2010

Sólo los localismos ponen en riesgo la identidad extremeña cuando se asientan en compararse con los de al lado

El coste de las celebraciones del Día de Extremadura se ha limitado. No llegará a sesenta mil euros. Son tiempos de ajustes para funcionarios, para que empresas y autónomos resistan, y para anteponer cualquier recurso público a la cobertura de los que no tienen nada, parados y pensiones no contributivas: “Tened presente el hambre: recordad su pasado”, cantaba Serrat el jueves en Mérida. Y hay gente que, si no hambre, desde hace meses desciende escalones de espumosa realidad. Y no están para fuegos fatuos ni focos grandilocuentes. Para ahorrar, la Junta de Extremadura ha decidido reforzar su campaña permanente “Somos Extremadura” y no variará el lema para este 8 de septiembre. Refuerza el orgullo por una identidad regional que es el motivo principal para esta celebración, tan simbólicos y necesarios para una región como su himno, su bandera o sus conciudadanos galardonados. De ahí que, en sus comienzos, todo esfuerzo fuera poco para cimentar el sentimiento.


Pero este austero comienzo del curso político rechina y sorprende, precisamente, antes de las próximas elecciones autonómicas y municipales. Cantinelas como “la Junta gasta no sé cuántos euros al día en propaganda”, se desmienten y se agradece, aunque los medios de comunicación sufran los recortes hasta para aceptarla del mismo partido político que la critica. Para la oposición hace meses que la campaña electoral ha comenzado: anuncios -nunca fotografiados- de visitas a los pueblos de estos nuevos -pero viejos- dirigentes; la presentación de candidatos en plazas y parques; contar parados como votos; el lodazal mediático de las últimas semanas… Todos aplauden que se recorten gastos en tiempos que llueve realidad, en especial los que gobiernan, pero también que la confrontación se circunscriba a su tiempo. Una permanente campaña electoral agota; aún más cuando la gente busca respuestas en la política, nunca que les vendan lo de antes por algo nuevo cada día, pese a que necesiten que les conozcan.


La identidad de Extremadura está consolidada. Las últimas encuestas del CIS reflejan que más del 75% de la población se siente tan extremeño como español, o viceversa. Incluso un alto porcentaje se muestra a favor de más autonomía, quizás porque nunca se revistió de ruptura con España y porque los extremeños saben que sus instituciones defienden mejor sus intereses. Sólo los localismos ponen en riesgo esa identidad conciliadora cuando se asientan en comaparaciones con los de al lado. Los nuevos -pero viejos- dirigentes populares lo saben bien: fueron concejales. En esta semana, una más de campaña, visitaron la capital de Extremadura para presentar al nuevo -pero viejo- candidato municipal. Uno, al lado del otro, pidió el traslado de la Jefatura Provincial de Tráfico a esa ciudad, como ya hiciera años atrás con la Delegación del Gobierno, o reclamando un Estatuto de Capitalidad..: ”Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente” cantaba Serrat en la noche de Mérida. Aunque vigente aún en otras partes del mundo, el hambre no es ya seña de esta nueva Extremadura como lo fue en el pasado. No tengo tan claro si aún sería válido para la política. Por lo menos, para una parte de ella, “Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos” musicó el catalán los versos de Miguel Hernández, mientras algunos, aquella noche, se revolvían en sus asientos.


Diario HOY. 4 de septiembre de 2010

Libro: “El hombre acecha. Cancionero y romancero de ausencias”. Autor: Miguel Hernández. Cátedra, 1988. 254 pags.

Sitio recomendado: Mérida. Capital de Extremadura

Anuncios




El Sur también existe

16 10 2009

Los niños son la clave. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro


Cada día que descubro una nueva letra de Serrat, o las rememoro, no por desconocidas dejan de producirme placer. Con cada escucha, me acuerdo de los cientos de extremeños que tuvieron que coger sus bártulos en cuatro días y poner rumbo a cualquier parte para poder sobrevivir. Fue el sino de hombres y mujeres de Extremadura, Aragón, Murcia o Andalucía. Los que no se fueron como obreros de la construcción, lo hicieron como policías o guardias civiles, una salida laboral casi obligada para una tierra con tan pocas alternativas como le dejó la posguerra a esta región de secano y de baldíos. La mayoría de ellos cuando se tuvo que industrializar España; desde el campo también se colaboró y aquel excedente de mano de obra agraria se empleó en fábricas de automóviles, talleres, comercios… En Cataluña y en Euskadi. También en Alemania. Hasta un hijo de ellos les salió cantante, y de éxito mundial, el bueno de Juan Manuel.

Hoy, las historias se cuentan con la frialdad de un documental como el último premio ‘López Prudencio’ de periodismo sobre los 50 años del Plan Badajoz o -un poco más cálidas- si uno se deja llevar por la poesía del nen del Poble Sec. Los desgarros no se pueden cantar, ni novelar. Los escritores deberían abstenerse de fabular sobre el sufrimiento o la intrahistoria de quienes tragaron con ese calvario interior: niños que se crían sin el contacto diario de su padre o, lo que es irremediable, los niños que nunca volvieron a verlos por la ira dirigida de unos desalmados o porque un hombre sólo y joven, trabajando en una ciudad, termina por complicarse la vida.

Ésa es la clave de Serrat. Era el ‘Nen del Poble Sec’, el niño que vio transformarse su barrio industrial en una nueva zona de servicios y urbanismo. El ‘Nen’ clamó la poesía de Machado, otro exilado por abrazar el uso de la razón y de la fé sin más bagaje que su maleta y sus libros. Eso llevo y eso traigo hasta que me llegue la muerte.

Ésa es la clave, los niños. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro. Sólo los niños. Estamos en esta vida por ellos, por hacer más felices a los hijos e hijas (a ver cuando se iguala esto en el lenguaje y en las sucesiones). Los hijos propios y los ajenos. Todo porque sean más felices, más seguros, lo demás es puro espectáculo. Lo hace el militar en Kosovo o en Irak, el médico de una ONG, o el político cuando arriesga su vida en una declaración. Sólo por ellos, por los hijos. Sólo quien no los tiene, jamás podrá sentir el dolor que te rompe el alma cuando te dicen que dejarás de verlos.

Aquí tienen ustedes mi cabeza en el cadalso, arriba está mi fotografía. Dicen que no hay intelectuales comprometidos. Bórrenme del primer concepto, pero milito convencido en lo segundo, gracias a la educación. En el fondo, creo que es porque los salesianos fundaron el sindicalismo cristiano. Existe una fórmula que concilia los intereses, que se basa en la cooperación, en el pacto, en la economía de recursos porque lo único que se busca es el interés general… la paz. Lo hicieron nuestros padres en la Transición. Lo hizo el Rey y una generación. Hagan lo que crean con ella. Yo me bajo en la próxima. Es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hijo, y a toda su generación: ¡Siempre Joven! -dijo Domingo Savio.



Diario HOY. 16 de octubre de 2009

Libro: “Antología poética”. Autor: Antonio Machado. Prólogo de Julián Marías. Biblioteca Básica Salvat, 1970. 190 pags.

Libro: “La música del hambre”. Autor: J.M.G. Le Clézio. Editorial Tusquets, 2009. 214 páginas. Precio 17 €.

Sitio recomendado: Extremadura







A la sombra del tomate

26 06 2009

Tres vidas, dos demasiado jóvenes para poner punto final a sus sueños y la tercera con la injusticia de morir a los tres años de su jubilación


San Juan no estaba saliendo como habíamos pronosticado. Fuimos a por las notas del niño. Son fechas para celebrar el fin de curso, de alegrarse porque esas calificaciones también evalúan el esfuerzo colectivo de la familia y, cuando más contentos estábamos y con la mesa reservada en el restaurante, el niño se pone con fiebre, con mucha fiebre, y camino del Centro de Salud apuramos sobremesa y siesta. Ya saben, los niños son así de inoportunos.

Somos una de esas parejas que, pese al individualismo triunfante, contribuye el mínimo para que Extremadura haya sobrepasado ya el millón cien mil habitantes. Sigue lejos la cifra de los que vivieron aquí antes de la emigración. Pero, que después de trece años en nuestra región haya más nacimientos que defunciones y en 2008 nacieran 862 niños más que el año anterior te reaviva el verde esperanza que colorea la bandera, justifica los cheques bebés que iniciara la Junta a comienzos de la legislatura y amplificara el Gobierno, y explica que tantas preocupaciones, literatura sobre crisis y riqueza, o debates sobre infraestructuras de futuro tengan una razón de ser: Los que deben heredar una sociedad mejor.

Si la mañana de San Juan fue grisácea por el susto febril, se oscureció cuando recibí la llamada del Presidente de Extremadura y, casi al instante, por Facebook un mensaje de San Tiago, el blogger de Miajadas, que advertían del accidente de autobús. Unos padres novatos, disgustados porque la ilusión de las notas y el orgullo de escuchar al tutor se nos ensució con un traspié sin relevancia, nos sentíamos privilegiados intuyendo cómo estarían los padres de Susana y de Cristina cuando conocieran esa fatal noticia: Una, que debía festejar su cumpleaños –como yo- el próximo 2 de julio, llena de ilusión por unas oposiciones a Magisterio que había encarrilado. La otra, regresando desde la Cáceres universitaria que tantos recursos humanos ha conformado para que Extremadura sea tan distinta a cuando sólo sobrevivíamos a la sombra del tomate.

A la sombra de ese icono para el triángulo modernizador de las Vegas Altas, tres vidas –dos demasiado jóvenes para que no colaboren en nuestra recuperación espiritual y demográfica, la tercera con la injusticia que supone hurtarle el descanso por el esfuerzo de una vida, a los tres años de su jubilación en Madroñera- se quedaron en una rotonda, como cuatro años atrás se fueron las de dos mujeres en otra salida de Talavera, también por estas fechas. Nos han emborronado las estadísticas y nos han devuelto el San Juan doloroso que sus hogueras no pudieron ahuyentar.

Rescato a Nietzsche cada vez que enfrento el tema de la muerte, y reconozco en su obra ese egoísmo que supone el dolor por los ausentes, pero que sólo sufren los que quedamos vivos. Es difícil crear consuelo más que remitirnos –desde la fe- a la esperanza de un mundo futuro o –desde la laicidad- al verso machadiano musicado por Serrat (“Nada pasa, todo queda…”). Ninguna muerte es gratuita ni, necesariamente, producto de negligencias o castigos divinos. Ayer, me levanté demasiado temprano, llené de besos la frente ardiente de mi hijo y reafirmé mi militancia por una vida y una tierra que ha perdido tres eslabones para su comunidad. Descansen en paz. Volví al mensaje de San Tiago y, a la sombra del tomate, me recordó que aún debíamos agradecer que un grupo de escolares de Almoharín no llenara ese autobús para presenciar una obra de teatro prevista en Villanueva de la Serena. Es la muerte y es la vida, al mismo tiempo.


Diario HOY. 26 de junio de 2009

Libro: “Así habló Zaratrustra: Un libro para todos y para nadie”. Autor: Fiedrich Nietszche. Editorial Alianza, 1972. 498 pags.

www.alasombradeltomate.es

Sitio: Almoharín







Temps per a les coses per les quals vivim

25 06 2008

Artículo relacionado: Vivir Extremadura. Año IV. Nº XVII. Junio-julio 2008. “Extremadura: Temps per a les coses per les quals vivim (Tiempo para las cosas por las que vivimos)”

Reconozco que mi canción preferida es “Mediterráneo” de Serrat, versión de los Estopa. Ésa y “Cuando fuimos los mejores” del Loco del Clot porque ambas me transportan a mi juventud universitaria: La primera por la vía charnega y la segunda por la vida crápula que combinó cualquier estudiante en Barcelona. De allí, aún me quedan amigos y gente a quien reconocer mi bagaje cada vez que veo sus nombres en los medios de comunicación: Isidre Molas, hoy Vicepresidente del Senado y mi catedrático en Ciencia Política; Gabriel Colomé y sus cursos en el Institut de Ciencias Politiques i Socials, hoy al frente de la demoscopia catalana; mi compañera Susana Grisso, conductora de un magazine mañanero en Antena 3 TV… Muchos de los que hoy se han convertido en protagonistas del espacio público conformaban mi universo académico de la Barcelona preolímpica a finales de los ochenta.


Pero cuando llegabas al barrio, dabas de bruces con otra realidad, la misma que vivieron durante años los hermanos Muñoz en Cornellá, o mi amigo Antonio, administrativo en una empresa de construcción e hijo de emigrantes murcianos, en el barrio de San Andrés. Lo conocí con las partidas de garrafina (una versión del juego de dominó) en la granja (así llaman a los bares de barrio) de la calle D’Eiximenis cuando terminábamos la jornada de trabajo. Para su cuadrilla yo era “el estudiante” y si me sentaba a jugar, era sólo con la condición de no mencionar esas teorías extrañas con la que analizan la vida en los libros, y que –para ellos- no les solucionaba nada.

En la Facultad de Ciencias Políticas de la Autónoma de Barcelona estuvimos más de dos meses diseccionando lo que allí llaman “el voto dual”: Buscar razones por las que mis vecinos de Sant Andreu o de Sant Boi no iban a votar en las elecciones autonómicas y sí lo hacían en las elecciones al Congreso o para el Ayuntamiento. Supongo que seguirán con el seminario tras la escasa movilización que despertó el referéndum para la reforma del Estatut de Cataluña frente la movilización electoral de estos últimos comicios a Moncloa: “Eso son cosas de catalanes”, decían erróneamente, cuando les preguntaba a esos profesionales del seis doble.


La Extremadura donde vivo era tierra de fronteras. De ciudades arruinadas y reconstruidas por cien guerras con la vecina Portugal. Ahí tienen a Badajoz o a Campomaior, parapetos de ambas soberanías y litigio de élites militares, mientras el pueblo comerciaba por lo legal o por contrabando para su supervivencia. Un poco de todo eso comienza a incubarse tras el debate de estos últimos días: “Son cosas de políticos”, dicen allí y aquí, conocedores en mejor grado de las virtudes de una y otra tierra que los medios de comunicación.

Así, la generación de los Estopa, catalanes, hijos y nietos de emigrantes extremeños en la Barcelona del desarrollismo industrial de los sesenta, no vienen ya a la tierra de sus padres obligados por la familia en verano. Incluso, encuentran en el castillo de Puebla de Alcocer el mejor escenario para rodar un videoclip en su promoción musical o una casa rural donde perderse con su pareja. Encuentran en Extremadura tiempo para inyectarse una dosis de humanismo y de “vino tinto”, tan cara hoy en las grandes urbes.

No sólo son ya nuestros mejores embajadores. Son clientes que arrastran a más clientes cuando se les llena la boca de dehesa y de tranquilidad. Y no parece muy lógico que los estereotipos salpiquen a quienes serán nuestros huéspedes, o a inversores de proyectos que entidades empresariales financiarán en Cíjara y en el entorno de Los Lagos de La Siberia extremeña: Una cosa es el debate político y territorial, y otra –bien distinta- que esa legítima discusión hasta que llegue el consenso nos cale a unos contra otros. Ni catalanofobia ni victimismo.

Cuando la Diputación de Badajoz le impuso la medalla del Patronato de Tauromaquia al torero extremeño Alejandro Talavante por su triunfo en Las Ventas el pasado año, le pregunté, antes de su mítico “mano a mano” en la Monumental de Barcelona con José Tomás, si tenía miedo de que el debate de los antitaurinos condicionara la corrida: “Eso son cosas de políticos –me dijo. Ayer me confirmó mi apoderado que están todas las entradas vendidas”.

Quizás, todo sea más simple y estas disputas tengan tan poco interés como aquellas elecciones catalanas para mis compañeros de dominó. Quizás, si todo fuera más simple y se demandaran las necesidades con humildad, sabríamos que la mayoría ve lógico que el agua llegue a Barcelona porque nadie se niega a dar de beber al sediento, igual que ayudar al retraso histórico del que ninguno de nosotros es culpable. Revestirlo con ropajes localistas alimenta frases como “eso es cosa de los políticos”. Y cada día perdemos más tiempo para las cosas por las que vivimos.

Sitios recomendados: Castillo de Puebla de Alcocer (foto de Vicente Novillo) y barri de Sant Andreu (Barcelona)