Paquirrín vota al PP

7 08 2009

Preocupa que un chico, que sólo necesita dos exclusivas al año para vivir, lo justifique con los mismos argumentos que Rajoy

El día que enterraron a Vituto, conocimos que el desempleo se redujo en Extremadura por cuarto mes consecutivo. La Encuesta de Población Activa nos sitúa segundos en reducción de parados y en incremento de afiliaciones a la Seguridad Social; es decir, la primera si enlazáramos ambos campos. Hemos dejado el pelotón del descenso para superar incluso a Valencia o Murcia, regiones que cambiaron huertas por adosados y a las que, como Andalucía, el parón del ladrillo en la costa les está dejando groguis. No es para tirar cohetes –la misma Consejera de Empleo advierte que el otoño será duro- pero nadie duda que las medidas fueron oportunas y eficaces durante estos meses.

Se esmeran en despreciarlas: la derecha pasó de sumarse a la paternidad proclamando que ellos votaron a favor del Plan L (el que pusieron en marcha Junta, diputaciones y cajas extremeñas) a olvidarse que sus senadores votaron contra el Plan E en Cortes, único que licita hoy obra pública en sus ayuntamientos; otra izquierda afirmó que reflejan el mal momento de la región y olvidan que dos legislaturas atrás reclamaban como única solución más contratos públicos en los ayuntamientos. Pero, en el fondo, todo contribuye a no darles valor. La FEMP reclama ahora que las CC.AA. coordinen planes de empleo con los entes locales y alaba el aprobado hace una semana en La Mancha; ni ellos ni el resto de España saben que nueve meses antes se decidió el primero en Extremadura, y que ayuntamientos de Badajoz (207) o Cáceres (93) contratan personal gracias a este fondo autonómico extraodrinario.

En verano hay menos noticias. Venga a darle vueltas en Internet a la degeneración de la política con refriegas en Valencia o en Mallorca y queremos encontrarla hasta en la basura mediática que inunda la prensa del corazón. Deberían abrir espacios para conocer quién fue Víctor Pérez Palomo, Vituto, en Mérida o para difundir que pueblos, como Tamurejo, esta semana pasan de 200 a 1.500 habitantes coincidiendo con sus fiestas patronales. Es la quintaesencia de lo que pudimos ser y no fuimos por la emigración y la humildad. Pero no; volvemos a ser noticia para los incendios y para encabezar las máximas de calor. También en términos de audiencia sólo somos un millón.

El verano da para escuchar que Paquirrín –el hermano calvo y feote “que está todo el día tocándose los huevos y le gustan las tías con las tetas grandes”, según sus propias palabras- vota al PP. Seguro que simpatizantes de este partido no se identifican con él pero preocupa que un chico, que no necesita planes de empleo sino dos exclusivas al año para vivir, justifique su voto con los argumentos con los que Rajoy aterrorizó al personal: “Estos socialistas nos llevarán al corralito”. No es original. Lo escuché a un argentino que jugaba un torneo en Badajoz: “De la Rúa sería muy puro pero nos trajo el corralito; Menem era sucio, pero la plata corría”. Estoy deseando que acaben los veranos frikis. Cuando todo se confunde, terminan afrontando la política internacional como Palito Ortega. Cantaba aquella arenga “Gibraltar español” y llegó a gobernador en La Pampa. Al menos, Paquirrín nunca supo cantar, ni Rajoy jugar al fútbol… ni Vituto quiso fama. Eso lo dominan los argentinos. Estoy deseando que vuelva el noble arte de la política a España y el fútbol de Messi para la tarde de los domingos; poco importará a quién vota o si tiene una novia bien dotada.


Diario HOY. 7 de agosto de 2009.

Libro: “El discurso de la prensa del corazón”. Autora: Mar de Fontcuberta. Artículo en la Revista Análisis. 1990

Sitio recomendado: Tamurejo. Ermita de Ntra. Sra. del Rosario. Provincia de Badajoz









La suegra inoportuna

5 06 2009

Esperanza Aguirre se quejó de que Extremadura estaba muy lejos el mismo día que el paro subía en Madrid y descendía en nuestra región

Hay padres que nunca consentirán que un extraño reprenda a sus hijos. Como hijos hay que soportan de mala manera que un ajeno tome confianzas y le cosa un traje a cualquiera de los suyos. Las familias son terreno vedado para suegras y consortes, como los hijos terminan por ser tan intocables que hasta los docentes huyen atemorizados por la reacción desmedida de algún padre padrone.

Con el terruño pasa algo parecido. Cualquiera de nosotros podría criticar el barrio, la ciudad o la región donde pace… ¡Pero qué vengan de fuera a barnizarnos! En Badajoz escuece aún que los Callejeros de la TV sólo difundieran el trastero de marginalidad que esconde cualquier ciudad. Aún recuerdo el chorreo que le cayó al periodista Vicente Verdú cuando publicó en un dominical que era la ciudad más fea de España, allá por los ochenta. Monserrat Caballé pasó de galardonada a vilipendiada cuando culpó a nuestro retraso de su sobrepeso y en Cáceres aún recelan del Womad cuando su gerente antepuso Canarias a la capital cultural de Extremadura. Por eso, que Esperanza Aguirre haya reiterado -esta semana en nuestra tierra- que Extremadura está lejos y es la región peor comunicada de España, más allá de la subjetividad de su afirmación y del rifirrafe político, despierta las bilis contra el forastero, nos devuelve la chulería del emigrante que regresaba con el ‘haiga’ de veraneo y nos acordamos de los mitos acuñados por Buñuel, Pascual Duarte o los concejales con blog insultante en catalán.

La inoportunidad de la frase se añade a la ignorancia. Miles de madrileños salen cada fin de semana con destino a La Vera o el Jerte para espantar el agobio de la metrópolis. Pagan peaje para eludir atascos en la M-50 y enlazan con las dos autovías gratuitas que atraviesan Extremadura, finalizadas ambas por gobiernos distintos al que sirvió la ex ministra. La distancia es tan lejana o cercana como desde Badajoz a Madrid, todo depende desde dónde inicies la ruta; y no parece excesiva cuando decenas de encofradores o yesistas madrugaban los lunes para servir al vendaval de ladrillo urbano en esa comunidad, y regresaban los viernes para unirse a la tranquilidad de nuestros pueblos.


Algunos de ellos se afiliaron a la Seguridad Social allí y se han apuntado al paro en las oficinas del SEXPE cuando el tajo se acabó por empacho. Y la frase, más allá de la semana electoral en la que se enmarca, la soltó el mismo día en que el INE ratificaba que, pese a eso, Extremadura reducía por segundo mes consecutivo el drama del paro. Madrid, junto a Valencia y Canarias, eran las únicas zonas donde la sangría no ceja. Mal momento para dictar lecciones y comparativas.


Poco sacaremos de una campaña que ha derivado hacia el repudio ciudadano a los políticos y para que la abstención se convierta en el principal valor electoral. Me quedo sólo con ese propósito anunciado por ZP en Badajoz de extender las vacaciones a los jubilados (‘los viajes del IMSERSO’, que se inventó Felipe González) al resto de Europa. Eso multiplicaría el negocio turístico en nuestro país. Pero, mientras demos altavoz a quien nos acusa de vivir muy lejos, ese beneficio será proporcional a la fama que nos acuñen. El silencio cómplice ante esas embajadoras sí puede ser ‘pan para hoy y hambre para mañana’ en una región que se revuelve como una madre cuando desprecian a cualquiera de sus hijos.


Diario HOY. 5 de junio de 2009

Libro: “Buñuel en el laberinto de las tortugas”. Autor: Fermín Solís. Editorial Astiberri. 18 €

Sitio recomendado: Valle del Jerte. Floración de cerezos en primavera






La culpa la tiene, sin duda, Hamilton

15 02 2008

Atracones como el de 2006, con 800.000 viviendas construidas en un año, obligan a que el exceso inmobiliario se destine al alquiler hasta que se ajuste la oferta con la demanda

Si el agradecimiento a Rodrigo de Rato desembocó en la Dirección del Fondo Monetario Internacional, el balance de esta legislatura sería para quedarse con el Banco Mundial: En 2004, el paro estaba en el 11,5% y hoy en el 8,6%. En 2004, se crecía al 3% y estos cuatro años se ha mantenido una media del 3,7%. En 2004, los afiliados a la Seguridad Social eran 17,5 millones de personas, y hoy hemos sobrepasado los 20 millones de cotizaciones. En 2004, la renta española era de 19.500 euros, y ahora de 23.500. ¿Y la inflación? Los precios crecían en diciembre de 2004 exactamente lo mismo que hoy: el 4%.

Pero en 2004 éramos azules: la moto de Pedrosa, el casco de Fernando Alonso, el polo de Ferrero… Los viejos advertían que, con el euro, su cerveza pasó en una noche de 100 a 166 pesetas mientras su pensión, como el salario mínimo y el sueldo de los funcionarios, el entonces ministro Rajoy los ajustó al 2%. Pero nosotros no atendíamos. Ni a eso, ni al canon que gravaba CD,s y DVD,s. Sólo veíamos subir a Fernando Alonso al cajón, y su imagen era la progresión infinita del país, con dinero barato, mucho suelo por urbanizar, a lomos de un patrocinador, azul como el mar, con otros tantos medios de comunicación que controlar.


Rodrigo de Rato se ha marchado del FMI casi al mismo tiempo que Alonso de McLaren. Y ambos con ese regusto cenagoso al que recurrimos los españoles para que duelan menos los errores: al primero lo sustituía un socialdemócrata porque así lo exige el fracaso del modelo neoconservador pero, al menos, no un español, sino el francés Strauss-Kahn. El otro, con el alivio colectivo de que «el negro» no había ganado el Mundial. La crisis de las hipotecas en los EE.UU. y del barril de petróleo a 100 dólares, sesenta dólares y setecientos mil muertos en Irak más caros que en 2003, año de la foto de las Azores, enterrará a Bush y al Partido Republicano por mucho que los dirigentes populares -en otro engaño- digan en sus mítines que «Zapatero es el culpable» de un desaguisado que ensombrece la alegría bursátil en todo el mundo. Atracones como el de 2006, con más de ochocientas mil viviendas construidas en un año (más que Italia, Francia y Alemania juntas) obligan a que el exceso inmobiliario se destine al alquiler hasta que se ajuste la oferta con la demanda y se frenen globos especulativos que han disparado sus precios en un 154%. Eso y apostar por un crecimiento demográfico que jamás alcanzaremos en paz si se criminaliza al inmigrante. Mientras, el superávit público que ha conseguido este Gobierno debe cubrir la desaceleración con obras públicas, ayudas a la natalidad, al alquiler para los jóvenes, devoluciones fiscales, incremento de los salarios mínimos, becas y pensiones que dinamicen el consumo, permitan pagar las hipotecas y ser un poco más libres… En definitiva, socializando los sacrificios, aunque muy pocos hayan disfrutado de los beneficios. Siempre podemos echarle la culpa a Hamilton, por negro y extranjero, y aplicarle hasta una nueva Ley del Menor.


Diario Hoy. 15 de febrero de 2008


Libro: “El tigre que no está”. Eugenio Fernández Aguilar. Editorial: Laetoli. 176 páginas. Precio: 15 €.


Sitio recomendado: Plaza de San Atón, C/ Obispo y de Minayo en Badajoz. Estatua a Godoy