Herederos

5 09 2008

La izquierda debe defender su herencia: la de la cobertura social, la sanidad, la educación, esa cultura que recupera identidad y pluralismo


TVE difunde su programación con nuevos capítulos de una serie con ese nombre, ambientada entre cortijos, cuernos y toreros; Miguel Murillo cierra el verano con los herederos de la vieja trova santiaguera; Cáceres recupera en su calendario su herencia sefardí y Mérida ha completado el 75 aniversario del Festival de Teatro rememorando el legado de los clásicos y de la Xirgu: ¡Cuánta herencia en la cultura y qué pocos ojos vuelven la vista atrás en la política!

Las herencias en política son más recientes. Aún así, tantas declaraciones diarias facilitan el olvido y el travestismo: ¡Quién te ha visto y quién te ve, y sombra de lo que eras! –dijo Miguel Hernández. Por eso, me agradaron las últimas declaraciones de un rejuvenecido Aznar; ésas en las que se enorgullece por habernos enviado a la guerra de Irak para combatir al infiel, justo cuando al petróleo no le baja el precio ni la crisis internacional. McCain no quiere ver en persona a Bush. Rajoy admite que Esperanza Aguirre se presente en la conferencia de los republicanos, mayoritariamente evangelistas. Y en eso llega Aznar y en tres páginas destroza al PP las ganas de pasarlas…


Durante meses, la derecha justificaba el crecimiento de la economía española por el modelo heredado de Rato y Aznar. Es decir, que la liberalización de suelo, los créditos baratos como señuelo, el disparado precio de la vivienda, la privatización de empresas públicas o la congelación salarial lograron el milagro de bajar el paro al 14,8%. Su Europa era la de Merkel y Sarkozy. Hoy, en la fase desagradable del ciclo y del atracón de ladrillo, el paro en España está cercano al 13% y para los albaceas del modelo rozamos la catástrofe. Aún crecemos lo mínimo. La Alemania y Francia conservadoras están ya en recesión: Su PIB decrece. Pero, para los testaferros, los parados son de Zapatero; en Extremadura, de Vara; y en Madrid, Murcia y Valencia, también de Zapatero. Las plusvalías del suelo durante la última década, capaces de condenar a una generación a hipotecas casi vitalicias, no tienen padre ni madre. Desde luego, sí tuvo beneficiarios. El mercado es así, como el Espíritu Santo.

Tras el dogma de la Santísima Trinidad debe estar también la respuesta al embarazo de la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati: ¡Qué curioso! Toda una campaña electoral reclamando Rajoy su niña heredera y ahora le imputan a Aznar una paternidad, propia de esos capítulos de la serie estrella de televisión española, víctima de esa siempre condenable estrategia “ensucia que algo queda” tantas veces aplicada a otros, esos a quienes él mismo sucedió en Madrid o Valladolid.

En estos momentos que se desprecian los bagajes de cada uno, la izquierda debe defender su herencia: La de la cobertura social, la sanidad, la educación, esa cultura que recupera identidad y pluralismo, la de la intervención pública como único remedio para recoger los cristales rotos tras la borrachera… Porque hay herencias aún demasiado intangibles. Sólo ellas pueden ahora levantarnos el ánimo a una Europa desmoralizada y que traicionó durante demasiados años su herencia keynesiana y de vanguardia.


Diario HOY. 5 de septiembre de 2008

Libro: “Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras” (auto sacramental). Autor: Miguel Hernández. Revista Cruz y Raya, 1933.

Libro: “La sombra de lo que fuimos”. Autor: Luis Sepúlveda. Editorial Espasa. 174 páginas. 17,9 €

Libro: “Mahagonny, ascenso y caida de la ciudad”. Autor: Bertolt Brecht. Editorial Teatro Español. Música: K. Weill. 385 páginas. 12 € (Contiene DVD de los ensayos).

Sitios recomendados: Teatro Romano de Mérida

Teatro López de Ayala de Badajoz


Gran Teatro de Cáceres





15 de agosto

15 08 2008

Una generación de nietos reclamaba una ley que devolviera el honor a los abuelos que nunca conocieron


Desde 1977 –cuando todo estaba en riesgo- socialistas de partido y sindicato recuerdan cada 15 de agosto a los fusilados durante la toma de Badajoz en 1936. Se trata de un acto escueto, una ofrenda floral y dos discursos, al que se han ido sumando familiares anónimos, otras fuerzas de izquierda o republicanos. Cada año, sorprendentemente, más y más jóvenes como mejor síntoma de que esa generación de nietos reclamaba alguna ley, algún gesto que procurara devolver el honor y la memoria de aquellos abuelos a quienes nunca conocieron.


Estos actos se reproducen ya en Jerez de los Caballeros, Oliva, Llerena, Castuera, Torremegía… En Mérida -con actos por separado de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica e Izquierda Unida- esta semana han coincidido con el final de un campo de trabajo que pretendía encontrar restos de las decenas de asesinados. Imposible, pese a los esfuerzos del historiador Ángel Olmedo. Dice mi suegro que en los cincuenta varios operarios vaciaron esas fosas y cargaron los restos en camiones hasta el Valle de los Caídos, enclave construido por presos políticos y que la dictadura creyó disfrazar como mausoleo de todos los muertos en la guerra: Unos con nombres y apellidos, y otros enterrando sus conciencias en un osario para anónimos.


En Badajoz los restos tampoco serán devueltos a sus familias para que puedan enterrarlos como cualquier ser humano. Están calcinados y amontonados en una fosa junto a miembros amputados de otros, nonatos e indigentes a quienes nadie reclamó, con menos honor que algunas mascotas en su cementerio animal. Unos metros más allá el entonces alcalde Rojas levantó una plazoleta y leyenda, que es donde nos concentraremos hoy -como cada 15 de agosto- para recordar sus almas y reclamar que nunca más España sufra tal irracionalidad.

Por eso, por el futuro que comenzó a construirse con una transición que apostó por la reforma y desechó la ruptura, iniciativas para condenar como “criminales de guerra” a generales o falangistas, que ya están muertos, no suman nada: ¿Quién va a llevar hoy a Yagüe ante el juez Garzón?… Pinochet o Galtieri vivían cuando iniciaron sus procesos en sus países; y si bien la Ley para la Memoria Histórica garantiza a las familias la devolución de ese honor hurtado, que retiren símbolos de la dictadura (¿Alguien imagina una estatua de Hitler en el centro de Berlín?) o la sepultura para quienes intentaron olvidar en una cuneta, no faculta vendettas a destiempo. La historia cuenta ya todo lo que sucedió pero sin reinventar los treinta años de convivencia democrática con esos brindis al sol. Más eficaz sería reclamar patrimonios incautados o enviar alguno de estos estudios o documentales sobre lo que aquí sucedió a “nacionalistas de izquierda” que -como Viçenc Vilatoro el domingo en Avuí- sostienen que no aceptar las condiciones del Estatut es el último ejemplo de una tradición franquista arraigada en España que cree que Cataluña ya fue conquistada y sometida en la guerra civil… ¡Vivir para ver!


Diario HOY. 15 de agosto de 2008

Libro: “La Sima”. Autor: José María Merino. Editorial: Seix Barral. 360 páginas. Precio: 19,5 €

Libro: “La Comedia Salvaje”. Autor: José Ovejero. Editorial Alfaguara. 2009. 408 páginas. 19,5 €

Sitio recomendado : Campo de concentración de Castuera