Pesar solidaridad con la balanza materna

28 03 2008

El riesgo de quien garantiza que la economía libre fluya por el Mediterráneo no cuenta para calcular las balanzas fiscales


Rubén y David cumplieron 23 años el pasado 20 de marzo en Marjayún. Cuatro días después, su familia pudo felicitarles en la Base Aérea de Talavera. Su madre, casada con un trabajador municipal de Badajoz, anda preocupada por el más idealista de sus mellizos, que se ha comido en la Base Cervantes un rápido divorcio con su pareja. Ni los seis mil euros que ha ganado con un concurso de un diario deportivo le rebajan el lógico disgusto. Cada día entraba en Internet para charlar con ellos y pedirle a su otro hijo que lo animara durante los cuatro meses en misión internacional de paz. Los hermanos han trabajado para la ONU desactivando más de quinientas minas en la frontera líbano-israelí para alivio de otras madres, las de los niños chiíes que juguetean en cualquier solar de aquel país.


Hace cincuenta años, Angel y Pepe, no sabemos si “con fuerte o tenue viento de Levante”, coincidieron durante un mes en el 52 de Infantería en Melilla pero ninguno de los dos sabía de esa coincidencia. El barco “Angelito” llevaba las cartas de las madres una vez al mes a Chafarinas, si no tronaba temporal en el Estrecho. Obligados por su quinta, combatieron contra los marroquíes que despacharon aún no sabemos cuántos legionarios paracaidistas en Sidi Ifni. Ángel embarcó para la península, tras 24 meses de mili, sin saber que su hermano chico sumaba guardias en el polvorín de Orcas Coloradas, a poco más de un kilómetro del fuerte de Rostro Gordo donde él dormía.


Ninguno de los cuatro conoce qué es una balanza fiscal. Ni si las publicarán por regiones, por comarcas, por barrios o calles. En Líbano no había soldados del barrio de Salamanca o de Sarriá-Sant Gervasi, dos distritos donde viven pocos emigrantes, deben pagar mucho a Hacienda y donde la izquierda recoge menos votos. Y tampoco conocen si entre las variables que se utilizan para su cálculo entran las gónadas, el riesgo de quien garantiza la seguridad y la posición de un país para que la economía libre fluya por el Mediterráneo, el divorcio de Rubén o las lágrimas de las madres. Si se descuentan los Juegos Olímpicos, se suman los barracones para extremeños en Ocharcoaga después de Sidi Ifni, las torres de doce pisos en Alcorcón… Cuando les preguntas más sobre sus misiones, mascullan y se tragan lo que no quieren contar. Y mucho menos culparán a otros si en alguna ocasión la cagaron. “Manda güevos”, que esa lealtad no se la aplique quien izaba banderas con muchos metros de tela por mentir a otras madres de soldados. Como los que se refugian en otras enseñas y en el victimismo para justificar dos décadas financiando televisiones, fútbol politizado o policías propias; y se olvidaron atender entonces lo que realmente importa a las madres, incluso a las madres patrias: que sus hijos no pierdan peso fuera de casa.

Diario Hoy. 28 marzo 2008.

Libro: “La guerra de Galio”. Autor: Héctor Aguilar Camín. 1997, México. Editorial Alfaguara. 28 €.

Sitio recomendado: Antiguo Hospital Militar en la Alcazaba, hoy sede de la Biblioteca de Extremadura en Badajoz


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