Colores

5 07 2010

Si alguien intenta atrapar la luz desde un solo color, cegaría el futuro de un país como España tan diverso, rico y plural

El martes izarán la bandera azul en la Costa Dulce de Orellana, primera playa interior que puede hacerlo. Lo otorga cada año la Fundación Europea de Educación Ambiental. La bandera es azul porque, hasta ahora, distinguía a a playas y puertos marítimos que cumplen con la calidad del agua, la seguridad, los servicios y el cuidado del medio ambiente. Los socialistas gobiernan las tres instituciones (Junta, Diputación y Ministerio de Turismo) que gestionan el Plan del producto turístico Los Lagos, artífice de tal distinción. La bandera es azul porque es el color del mar. El alcalde de la localidad, independiente con apoyo del PP, no reparó en otro significado del color, pese a conocer -como todos- que el agua limpia del Guadiana es verde esmeralda, el color de la esperanza y de la corbata de Fernández Vara cuando lo citan en alguna televisión, y que también ilumina nuestra bandera extremeña.


La de España es roja y amarilla. Por eso, la selección de fútbol viste de rojo y le llaman “la roja”. Antonio Basagoiti, líder vasco del PP, hábil y constructivo, no ha reparado en dobleces del color: “Lo que quiero es que La Roja juegue en Euskadi un partido oficial, como en cualquier otra parte de España” -dijo antes de quebrarse el peroné mientras echaba una pachanguita con las NN.GG. de aquella comunidad. Su pareja de baile, el mejor vals que se ejecuta hoy en España, el socialista Patxi López, “lehendakari”, ha decidido que en el maillot naranja (color que podría vincular al partido político de Basagoiti) del equipo ciclista Euskaltel-Euskadi muestren la promoción “Visit Spain” durante el próximo Tour de Francia. El símbolo de Turespaña es el rojo, y el amarillo del mismo sol que sale en Orellana y Hondarribia; ése que diseñara Joan Miró, cuyo museo -repleto de colores- está en Barcelona, aunque él naciera en Baleares, destino turístico para toda Europa.


El violeta es símbolo de la igualdad y de la mujer, y el tono de los terciopelos nazarenos de Semana Santa que acompañan al Crucificado. Los bomberos se visten de añil pero logran apagar los fuegos gracias a esos camiones rojos que todos coleccionábamos de chico. En definitiva, los tres colores primarios y los cuatros secundarios que conforman el arco iris -la bandera de la tolerancia sexual y afectiva, otra extensión de la libertad- no es más que un fenómeno óptico que produce la luz en el cielo cuando los rayos del sol atraviesan pequeñas partículas de humedad en la atmósfera. Si alguien es tan corto que intenta atrapar la luz -el símbolo de la verdad- sólo desde un color, cometería el terrible daño de limitar, de uniformar la vida y el paisaje que enriquece a esa España, que también se muestran en un Mundial de fútbol. Como el fuego, cegaría el patrimonio natural y cultural que supone vivir en un país tan diverso y plural. Y pondría en riesgo a tantos bomberos que -de añil, amarillo o desde camiones rojos- humedecen el ambiente: Se preocupan de que ondee una bandera en una costa interior, que disfrutemos esta tarde con “la roja”, que un vasco corone el Tourmalet, o que los nazarenos acompañen al Cristo, sin que nadie se santigüe porque el prójimo profese una opción sexual distinta a la tuya. Los que miran el mundo sólo desde un color, no sólo se pierden el paisaje de Orellana -que es la propia vida- sino que ansían un mundo donde, sólo sacándonos los ojos, los tuertos llegarían algún día a reinar.


Diario HOY, 3 de julio de 2010

Libro: “Los secretos de la Roja”. Autor: Miguel Ángel Díaz. Prólogo: Iker Casillas. Cúpula Libros. 320 páginas. Madrid, 2010. 15,95 €

Sitio recomendado: Playa del embalse de Orellana. Extremadura







Badajoz es Agua. Agua para la Vida

20 04 2008

Artículo relacionado: Vivir Extremadura. Año IV. Nº XV. Febrero-marzo 2008. “Badajoz es agua. Agua para la vida”

Hace ya tres veranos, España sufrió una severa sequía que volvió a dejar a algunos de sus territorios sin suministro para el consumo. Desde décadas atrás, el oeste de la península reclama trasvases de agua que alimenten el desarrollo urbanístico de vegas y costas. La provincia de Badajoz, la más extensa y asequible para el bolsillo del Estado, no pasa por ninguna de esas vicisitudes, ni tan siquiera para tareas agrarias. Es el ejemplo más efectivo de cómo la falsa imagen de tierra seca, estereotipada desde la literatura de posguerra, no se corresponde con la realidad. Ni en eso ni en tantas otras cosas.

Tras la Bolsa de Turismo de Lisboa, FITUR 2008 se convierte en la segunda cita obligada para los profesionales del sector. Una edición marcada por otra tercera convocatoria, el próximo mes de septiembre en Zaragoza, cuando España vuelva a atraer a miles de visitantes con motivo de la Exposición Mundial. Allí, la protagonista será el agua. El agua que es, precisamente, el recurso más abundante en la provincia pacense, hasta hace años empleado sólo para las tareas agrícolas y de producción eléctrica. Badajoz, se presenta ante el resto de Europa como un paraíso de sensaciones y como un recurso potencial de desarrollo turístico y para segundas residencias al pie de la más vasta costa interior.

El patrimonio natural que regalan 35 embalses o pantanos, coronado por la presa de Alqueva y su enclave medioambiental del Guadiana Internacional en la frontera con Portugal, dibuja el mayor territorio para la práctica del turismo deportivo en aguas interiores (vela y motonáutica en Orellana, wind surf y fly surf en Alange, canoas en Zújar y Puerto Peña, pesca en todos ellos, escalada y senderismo en muchas de sus sierras, caza mayor…) y de espacios naturales protegidos que permiten el mejor mirador para seguir el vuelo a grullas, buitres, cigüeñas negras, a pie o a caballo, o la floración de los frutales en todas las vegas del Guadiana.

Un patrimonio aderezado por todo un acervo acumulado también por la relevancia que el agua y el Guadiana les ofrecía. Tan es así, que la provincia aún conserva y ofrece balnearios milenarios como los de Alange, El Raposo o de reciente construcción en el oeste de la provincia como el de Valdefernando.

Cuenta, además, con que la voluntad política decidió invertir los fondos de cohesión de la UE en infraestructuras y servicios sanitarios y educativos, y ha posibilitado que todo núcleo mayor de cinco mil habitantes cuente, al menos, con centro de salud, polideportivo, piscina, instituto de secundaria, biblioteca, casa de cultura y residencia de mayores… Sólo en la provincia de Badajoz disponen de 8 hospitales y 80 institutos para una población de menos de setecientas mil personas. Lo que muestra la red social y pública que oferta cualquier enclave rural, hoy más cerca de todo el mundo gracias al avance en infraestructuras viarias y tecnologías de la información, condición indispensable no sólo para el turismo familiar o de salud, sino para el propio establecimiento de población europea descontenta con la opción del sol y la playa.


Como el propio agua, la provincia de Badajoz es capaz de sonar en cascada en La Codosera, de saber a dehesa en el jamón de la Sierra de Jerez, de oler a vid y arcilla mojada en Tierra de Barros, de verse en el verde del bosque mediterráneo y en el azul inmenso de los lagos del Guadiana en La Serena y de refrescarte, como rocío, las manos cuando contemplas un amanecer en las sierras del jabalí y el venado de La Siberia.

Con la persistencia silenciosa del agua labrando la roca, la provincia de Badajoz está en las mejores condiciones para ofrecer al retorno de sus emigrantes, al de sus hijos (casi dos millones de personas hurtadas al crecimiento de esta tierra) y –sobre todo- al resto de una Europa cada día más cansada del caos metropolitano, ese tesoro: el tesoro del agua y unos parajes envidiados a su alrededor.