Mensaje en una botella

1 05 2009

Empujan para que la incertidumbre se convierta en caos, y no hay mayor temor humano que la anarquía para reclamar mano dura y medidas ejemplares


Gracias a unas obras próximas, han descubierto un mensaje de cinco presos en el campo de exterminio de Auschwitz dentro de una botella y fechado el 9 de septiembre de 1944. Lanzarían ese papel al mar del tiempo con el fin de que alguien diera fe de sus identidades, asesinadas por la dictadura del terror, y como vago gesto de rebeldía ante el destino que les deparaba, quizás lo único que estaba ya en sus manos.

El miedo venció aún más al resto, a las miles de almas que, anuladas en lo más básico, ni siquiera se atrevieron a tal riesgo: esconder sus nombres y apellidos en una botella dentro del muro del barracón. El miedo les anuló, les condenó a una espera tan cruel y silente como la agonía, y sólo con la esperanza de que la divina suerte quisiera que ellos no fueran los siguientes, día tras día, hasta que –finalmente- el turno de aquella ruleta infernal parara en su número de identificación.

El miedo es el pivote sobre el que se construye el poder autoritario: a quemarse en el infierno, a que te fusilen, te gaseen, a que te quiten la custodia de tus hijos, a una pandemia de gripe, a perder tu puesto de trabajo… El miedo se construye hoy con mayor sutileza pero sigue siendo el miedo a perder lo que tenemos el primer freno para iniciar cambios que nos harán más felices a la larga.

Hay quienes empujan hoy para que la incertidumbre se convierta en caos, y no hay mayor temor humano que la anarquía para reclamar mano dura y medidas ejemplares. Por eso Arenas se pasa todos los fines de semana encabezando manifestaciones por las capitales andaluzas: “Por el empleo”, dicen sus pancartas. Se pregunta por qué los sindicatos no se unen a su romería y convocan una huelga general. Tendrían que apuntarse a su fórmula: “Con flexibilidad laboral y despido libre, alcanzaremos el pleno empleo”. Sería la muerte de los sindicatos de clase pero a él le contribuiría a elevar la percepción de desastre. Algunos gobernadores y dirigentes financieros también contribuyen a ello cada semana. En Europa llegaron a plantear la jornada laboral de 65 horas para “mejorar la competitividad” pero ninguno reclamó el ajuste o los topes salariales para esos directivos, algo que está regulado hasta entre las estrellas de la NBA.

El miedo es un estado psicológico, que puede –o no- ajustarse a la realidad. Algunos aprovechan estos momentos para exigir más incentivos si siguen fabricando aquí sus coches o persisten en ese pesimismo para ejecutar reformas que en etapas de bonanza serían inaceptables. Es curioso que juntos hayamos vencido al miedo en Euskadi, pero el Partido Popular se una a quienes nos intentan acojonar con tal de incrementar la sensación de caos en Madrid. Más aún, que quienes se dicen de izquierdas no se resistan a contribuir con sus votos a ese mismo deseo de caos y voten junto a quienes proponen despido libre. Alguien debería escribir sus nombres, meterlos en una botella, y esperarnos unos años más tarde… o la próxima semana si, como parece, los datos de este mes cambian la tendencia destructiva de empleo. Dicen que están mutando como esas gripes de origen animal que cada década nos inoculan más pavor.


Diario HOY. 1 de mayo de 2009

Libro: “Leviatán o la materia, la forma y el poder de un Estado eclesiástico y civil.. Del Estado”. Autor Thomas Hobbes. http://www.books.google.es

Libro: “El país del miedo”. Autor: Isaac Rosa. Seix Barral, 2009. 320 pags. 8 €

Sitio: Capitales andaluzas. Sevilla. Reales Alcázares.






Somos tan normales que nos aburrimos de ello

30 03 2009

Artículo relacionado: “Somos tan normales que nos aburrimos de ello”. Vivir Extremadura. Año V. Nº 23. Junio-Julio 2009.

Los emigrantes en Suiza y Alemania eran la referencia más cercana que teníamos de Europa en mi infancia. A diferencia de Euskadi o Cataluña, nuestra proximidad con Portugal nos hizo hermanos también en el anhelo de sentirnos iguales a los europeos hasta 1986. Llegaban los emigrantes en aquellos Mercedes grandes y luminosos, que sólo llevaban en España los toreros y los médicos de reconocido prestigio, y sabíamos en nuestra limitada sabiduría de niños que unos kilómetros al norte el mundo sería distinto. Y cuando, ya pollitos, nos regalaron las primeras vacaciones en la Costa del Sol, y conocimos a las rubias en bikini, la altura de los alemanes, sus camisetas y zapatillas de marca, nos dimos cuenta que no había que llamarse Netzer, Breittner o Neeskens y jugar al fútbol para acceder a un mercado de consumo que sólo oteábamos en las series americanas de ficción.

Hoy somos Europa. Casi estamos cansados de ser Europa, por el escaso entusiasmo que despiertan las elecciones del próximo 7 de junio. Conozco a gente que es nombrar Bruselas y maldecir la OCM del vino, acordarse de la inflación subterránea que nos comimos cuando la peseta se convirtió al Euro o criticar las garantías medioambientales e higiénicas que te exigen para levantar cualquier proyecto industrial que evite, precisamente, el rearme de la emigración. Europa no transmite, no vibramos con la bandera azul y el círculo de estrellas, y se ha convertido en algo tan cotidiano que hasta, como el furor del converso, nos molesta que los rumanos se digan también europeos, y no “inmigrantes” y “que nos están quitando el trabajo a los españoles”. De pena.

Desde 1986, desde que Felipe González y Mario Soares rubricaran en Lisboa la entrada de la península ibérica en la entonces Comunidad Económica Europea, nuestras carreteras se han convertido en autovías y nuestros caminos en carreteras de siete metros de anchura y arcén; desde entonces, casas de cultura, bibliotecas, piscinas, polideportivos, redes eléctricas, casas rurales para el turismo… todo ese nuevo paisaje se construyó sobre esa banderita azul y estrellada en los carteles de obra pública. Hasta los que maldicen las OCMs saben que la modernización de las producciones, la extensión del regadío, el riego por goteo, las bodegas y almazaras, las cooperativas y hasta los coches todoterrenos -que son hoy como los Mercedes de 1974- han salido de la solidaridad europea, que vamos amortizando generación a generación con el IVA, y con nuestro esfuerzo por aprovecharla.

Extremadura, hace escasas semanas, ha rebasado la barrera psicológica que la tacha como región paupérrima en Europa. Los extremeños disponemos de más del 75% de renta, sobre la media de la Unión Europea, lo que -de continuar así- supondría la exclusión para un gran volumen de fondos estructurales. No seríamos zona Objetivo 1, calificación que sólo tenemos asegurada hasta 2013. Es, en gran parte, la explicación del enriquecimiento en infraestructuras y servicios sociales que los FEDER, Fondo Social Europeo, LEADER, PRODER o FEOGA nos han aportado en los últimos 22 años.

La solución pasa por renovar esa ilusión colectiva hispano-lusa a través de crear áreas de servicios transfronterizas que nos conviertan en una eurorregión de verdad. La otra, salir afuera, a esas nuevas regiones de Bulgaria, Polonia y Rumanía, a vender nuestros productos y nuestra experiencia para salir del pozo. Ya hay empresas extremeñas trabajando así. Si no lo hacemos, Europa se limitará a las jornadas nocturnas frente a la televisión: Vibraremos con la sintonía de la Champions League, seremos del Liverpool porque juegan Torres y Xavi Alonso, y conoceremos Oporto o Lisboa porque fuimos a ver a nuestro Barça o al Real Madrid en una eliminatoria. También nos queda Eurovisión y la emoción del “guayominí trua poins” mientras aguardamos al ganador. Pero eso ya lo teníamos cuando había que emigrar para vivir, Zoco y Amancio ganaron una Copa de Europa y la hija de un diplomático triunfó con el “La, La, La”.


Ahora, un extremeño juega en la NBA y Soraya Arnelas ha representado a España en ese festival de la canción. El seísmo en Italia obliga a regresar, no a emigrantes a la vendimia, sino a estudiantes del Erasmus. Cáceres opta a ser Capital Europea de la Cultura… Ahora, es cuando realmente comienza el camino desde la plena igualdad y la conciencia de que no somos inferiores a nadie: ¿Y eso tampoco despierta ilusión?







Un zurdo al timón

23 01 2009

Ayer firmaba con la izquierda sus primeras resoluciones que ponían fin a los juicios en Guantánamo hasta nueva orden, o paralizaba las medidas para desmarcarse del caos del rancho tejano


Todos han hablado del icono que significa Obama para la democracia: El primer negro, afroamericano, que se convierte en Presidente de la Nación más poderosa y relevante para la defensa de los derechos universales del individuo, pese a que durante los últimos ocho años EE.UU. pareciera renunciar a tan pesado liderazgo. Obama es como San Martín de Porres. A él nos encomendamos como esperanza para sortear nuestras debilidades. Obama tiene el porte de esos aleros negros de la NBA que juegan con la elegancia y la humildad de los blancos en un juego para supervivientes de la esclavitud, donde la fuerza muscular atemorizaba como el terror preventivo que aplicó un marine de la admisnistración Bush al mundo infiel.


Para quienes nos hicimos adolescentes con las madrugadas en las que Ramon Trecet nos acercaba el sueño americano con la NBA en televisión, Obama es como esos aleros finos –Dale Ellis, Byron Scott, Wendell Alexis- que desde una esquina anónima y silenciosa cosechaban puntos, menos estridentes, para llevar a los Lakers o a los Supersonics o al Madrid a la victoria. Tenían una zurda en suspensión que acallaba los bloqueos violentos por la fuerza, los mates macarras que acongojaban al contrario y la chulería burlesca de los “niños bien” del sur tejano que se metían a bases inteligentes en el basket porque habían fracasado como quaterbacks en el fútbol americano, que es el primer ensayo estratégico para la guerra.

Pero Obama es zurdo: “Chovo” diría mi padre, que es de barrio -como Obama- pero no es negro, sólo agitanado. Cuando ayer firmaba con la izquierda sus primeras resoluciones que ponían fin a los juicios en Guantánamo hasta nueva orden, o paralizaba las medidas urgentes para desmarcarse del caos que esa administración de rancho tejano nos ha legado a la humanidad, su sonrisa blanca de zurdo cerrado me remontaba a las madrugadas en las que el triple valor de las canastas de aquellos aleros nos enseñaba que el trabajo constante evita el choque con el contrario y anota para el equipo.

La izquierda descoloca al contrario en el deporte. Lo hace Messi, capaz de sortear tacos de aluminio y botas embarradas que buscan su rodilla antes que el balón. Lo hace Robben en sus siseos por la banda que cualquier día terminan con su carrera. Hasta Nadal disfraza su tendencia diestra con una zurda poderosa que va ganando el centro, bola a bola, hasta arrinconar al contrario por su falta de respuesta.

Los zurdos, los raros, terminan por aferrarse a su rareza como un plus para la confianza. Como el negro al que no aceptaban en la élite, al niño de barrio en la escuela o al emigrante en Madrid o Cataluña. “Hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia”, dijo Obama: “Todos somos iguales, somos libres y nos merecemos una oportunidad”, repitió.

Posiblemente, sólo quede en un instante brillante y efímero, como esas madrugadas con Trecet dando voces donde uno era tan feliz… y con doscientas pesetas en el bolsillo. Aún creo en el ser humano, zurdo o diestro. Obama me lo ha devuelto por un instante.


Diario HOY. 23 de enero de 2009

Libro: “Hojas de Hierba”. Autor: Walt Whitman. Alianza Editorial.1969. 272 pags.

Estos son en verdad los pensamientos
de todos los hombres en todas las
épocas y naciones, no son originales míos,
si no son tuyos tanto como míos,
nada o casi nada son,
si no son el enigma y la solución del enigma,
nada son.

Esta es la hierba que crece
dondequiera que haya tierra y agua,
este es el aire común que baña el globo.

Libro: “Al pie de la escalera”. Autora: Lorrie Moore. Edit. Seix Barral, 2009. 384 pags. 19 €.

Sitio recomendado: United Center, cancha de los Chicago Bulls NBA

Sitio recomendado: White House (Casa Blanca) residencia del Presidente de los EE.UU.