¡Ojalá estuvieras aquí!

30 07 2009

Artículo relacionado: “Ojalá estuvieras aquí”. Año V. Nº 24. Agosto-septiembre 2009. Vivir Extremadura

Turismo Extremadura ha lanzado este mes su nueva campaña publicitaria basada principalmente en un spot televisivo rico en imágenes sobre nuestro patrimonio natural y donde el peso recae en una sintonía del grupo extremeño Tam Tam Go. Se trata de su último trabajo “Ojalá estuvieras aquí”, una excelente melodía que toma el título de la novela que el catalán Francesc Miralles editara meses atrás en ambos idiomas y que se apoya –como en la trama literaria- en un canto al amor y la amistad desde la melancolía: Ojalá estuvieras aquí/ para poder empezar de cero/ para poder crear un mundo entero/ para dibujarte con mis dedos/ para borrar de tu cabeza el miedo/ Ojalá estuvieras aquí/ para que pudieras volver/ para que pudieras sentir…


La campaña se ata con el mensaje “Extremadura: Un viaje al interior” y responde al doble objetivo de hacer un guiño a los casi un millón de extremeños que –ellos y sus hijos o nietos- siguen siendo emigrantes en otras tierras, al deseo del gobierno regional para que esta primera generación se acoja a las ayudas para retornar a sus pueblos de origen; y es, al mismo tiempo, una llamada a otros visitantes para que encuentren en Extremadura un placer para el alma, un retiro que devuelva la tranquilidad que les hurtó la gran urbe. En esta etapa de crisis de valores, de crisis en el sistema, Extremadura aprovecha el semivirginal comportamiento de sus gentes ante la locura materialista y apela al corazón de quienes nunca se olvidaron de ella para presentarse ante el mundo como una reserva espiritual y sostenible, objeto de deseo en un mundo sin certezas.


Nacho y Javi Campillo formaron Tam Tam Go en 1988. Al principio fueron tres; el tercero, hijo de una de las primeras concejalas socialistas de la transición; y ellos, aprendices de música y canto desde el coro Mosebey, un grupo de chavales que amenizaba y modernizaba las eucaristías en el colegio marista de Badajoz. Su estancia en Londres les condujo a innovar el pop español, a ser de los primeros que cantaron en inglés desde Madrid y se sacudieron de la mohína neoromántica con canciones comprometidas como “Manuel Raquel” (mucho antes de que pudiera reivindicarse la igualdad y la libertad sexual), “Espaldas Mojadas” (cuando aún España no sufría y cerraba los ojos a la sangría de pateras y cayucos) o “Atrapados en la Red” (casi como sintonía a la revolución que encabezara Rodríguez Ibarra en 1998 para que las nuevas tecnologías no pasaran de lejos para nuestra comunidad).


Esta vez reaparecen aportando un regusto de satisfacción y orgullo con esta sintonía, por lo que he podido sondear a distintos amigos y familiares, rara coincidencia en una campaña institucional. Pero, sobre todo, han ocupado un mensaje que redobla su valor por su oportunidad: En días donde lo más fácil es recurrir al conflicto territorial, a calcular quién gana o quién pierde con la financiación autonómica como trasfondo, a rescatar de la memoria lo que nos separó y no lo que siempre nos unió, mientras en Portugal y España se extiende un peligroso nacionalismo y antiespañolismo que puede cortocircuitar nuestro común desarrollo, los hermanos Campillo –ex alumnos de aquel coro marista y primeros embajadores del pop extremeño en Picadilly Circus- han rescatado el título de un libro bilingüe, se han acordado de los que nacieron aquí y tienen hoy carencias para el acceso a los servicios públicos porque otros “espaldas mojadas” han multiplicado su vecindad y nos han regalado su bagaje para subrayar el humanismo de una nueva Extremadura. “Estoy contigo allí…” cierra una de las estrofas, escrita desde esa emigración que hoy se siente igual de orgullosa siendo nuestra principal embajada. Gracias por el sentimiento, hermanos.


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Cuento de Navidad

26 12 2008

Ponerse en el sitio del otro -como la segunda oportunidad para el avaro de Dickens- nos convierte en más humanos que, en temas territoriales, se traduce en más españoles


Hay estampas durante estas fechas que permanecen inalterables: Raphael cantando El Tamborilero, la ilusión inocente de los niños porque llegan los Reyes o Santa Claus, los saltos de esquí en Año Nuevo… Sólo se han caído de esas citas en la memoria de diciembre el torneo de baloncesto que organizaba el Real Madrid en una ciudad deportiva que ya demolieron y, como menos, hemos sustituido la ensaladilla de la tía Antonia por gambas del Eroski o Carrefour, o unas papayas de Mercadona.

De todas las películas que repiten estos días, siempre me quedo con cualquier versión sobre el “Cuento de Navidad” de Charles Dickens: Aquel viejo avaro que, llegando a su fin, le conceden una segunda oportunidad tras recorrer a través del sueño las escenas de una vida que lo convirtieron en un ser huraño, solitario y deshumanizado. Muy pocos tienen la suerte de repasar y corregir todos los parajes que, a posteriori, nos reportan más daño que beneficio, aunque entonces sólo oteáramos la fama y el fútil placer de lo inmediato.

Dickens, bajo la intención moralizante de sus novelas y del realismo de una Inglaterra en el XIX que sufría el lumpen de la industrialización, pulsa dos pilares del cristianismo en esta obra y –creo yo- de la propia humanidad: Situarse en la realidad del prójimo y, tras el arrepentimiento, salvar el alma con la oportunidad de una nueva vida, terrenal en este caso.

Con el debate de la financiación autonómica nos puede ocurrir como cuando encaramos la Navidad. El mismo guión de siempre: los catalanes son unos egoístas, los andaluces cada día van más a lo suyo, los castellanos advertirán que España se puede romper y los extremeños y asturianos –para alguno de los anteriores- son unos pedigüeños que “viven gracias a mis impuestos”. De la misma forma que recordamos a Romay, Rullán o a Volkov en la parrilla deportiva, asociamos a Pujol, a Ibarra o a Fraga en este partido; como sustituimos la mayonesa de declaraciones estridentes por el marketing guerrillero que hoy ofertan decenas de canales o Internet.

Ponerse en el sitio del otro -como la segunda oportunidad para el avaro de Dickens- nos convierte en más humanos que, en temas territoriales, se traduce en más españoles. Es entender que la inmigración ha revolucionado Madrid, Valencia o Barcelona, entender el elevado coste del autobús escolar o de las ambulancias en provincias vastas como Cáceres y Badajoz, en la dispersión y el clima en los pueblinos de Asturias, en cómo reconvierten los andaluces a tanta víctima por la caída de la economía de litoral.

De la misma forma que el egoísmo no se combate con más individualismo, los nacionalismos no se diluyen con más ismos, español o regional. Sentirse cómodos porque somos iguales es proclamar que hay rentas –en el norte, en el sur o móviles- que contribuyen a que otras consuman o, simplemente, vivan con la dignidad básica que otorgamos a nuestra democracia. Como nos despierten del sueño sin definir esa segunda oportunidad, corremos el riesgo de morir solos, más ricos o más pobres, pero más débiles por estar solos, sin actuar como parte de una comunidad política, de humanos, que desean convivir con esta paz de Navidad.


Diario HOY. 26 de diciembre de 2008

Libro: “Canción de Navidad”. Autor: Charles Dickens. Editorial Anaya, 2009. 176 páginas. Precio: 12,5 €

Sitios recomendados: Elvas (Portugal) y Badajoz (España)

Navidad en Elvas (Portugal). skycrapercity.com

Navidad en Badajoz (Plaza de España). skycrapercity.com





La trampa de las élites

16 05 2008

No deberíamos persistir en el error lingüístico de llamar “los catalanes quieren…” ante propuestas de una élite diseminada en más de un partido político y que conecta con otra valenciana.

Las élites son cosmopolitas, la gente es local. La riqueza, el poder económico es algo que no está en ninguna parte mientras que la gente sí vive en un lugar concreto. Se escapa al control de esa sociedad local y el gran dilema de los nacionalismos, periféricos o centralistas, es cómo compatibilizar su discurso ante la movilidad de un capital sin fronteras y, cada día más, de la mano de obra directiva o de jubilados que retornan a su origen. Algún humorista recordó hace unos años que ya tenían la oportunidad de matricular los vehículos con la “Cat” de Cataluña: “Sólo queda fabricarlos allí o que el Impuesto de Sociedades no rente en Alemania”, añadió. En Euskadi y Navarra lo tienen mejor. Amparados por privilegios medievales concedidos por Isabel la Católica, su menor esfuerzo fiscal atrae sedes empresariales al régimen foral. Hasta el pájaro de José Luis Moreno anidó allí para pagar menos al resto de esa España que tanto pregonaba en sus programas nocturnos en Tele Urdaci. Aceptado el islote foral por nuestra democracia, su techo es la autodeterminación, utilizada en vísperas electorales como cebo político por parte del PNV o para reclamarla tras el injustificable uso tribal del amonal. Y la bilateralidad que proyecta el Estatut mira a ese régimen foral como primera escala para sumar una relación confederal más con el Estado.


España es más que un mercado de consumidores con una lengua común. Es el Estado soberano quien garantiza por vía constitucional el sistema de derechos y libertades, especialmente la educación, la sanidad o la asistencia social. Uno no tiene esos derechos por ser extremeño o gallego, sino por ser ciudadano español, e iguales –incluso en algunas tutelas- por formar parte de Europa. Y la izquierda tiene miedo a reclamar esa conquista de la soberanía popular, quizás acomplejada por el prostituido uso que hace de ella otra élite españolista que, antes de reforzar los anclajes de la cohesión, repartieron suelo, acciones o decretaron distintas rebajas fiscales en cada autonomía durante los años de euforia y ahora no quiere saber nada de las consecuencias. Un poco de eso subyace en la salida de algunos ex ministros populares de la política activa.

De la misma manera que acierta Fernández Vara propagando en Madrid que “no tributan los territorios, sino los ciudadanos”, no deberíamos persistir en el error lingüístico de llamar “los catalanes quieren…” ante las propuestas de una élite transversal, diseminada en más de un partido político, y que conecta con otra valenciana, también dispuesta a que el Estado sufrague su 26% de deuda que patrocinó campeonatos de vela o parques temáticos, tirando de beta cuando los impuestos cedidos alcanzaban el techo fijado por el actual sistema de financiación autonómica. Igual que en esas ciudades primaron inversiones para la élite (aeropuertos, palacios de congresos, complejos turísticos de lujo…) antes que para la vivienda o para equipamientos colectivos en los barrios, la izquierda se equivoca si para alzar el cuello necesita del enfrentamiento entre territorios o sembrar miedo alertando de que la otra solución es el fascismo: “No voy a hacerme un hombrecito a costa de Cataluña -dijo Vara en Madrid. Sus problemas son también míos porque son ciudadanos de España”. No deberíamos persistir en el error lingüístico de llamar “los catalanes quieren…” ante propuestas de una élite diseminada en más de un partido político y que conecta con otra valenciana.


Diario Hoy. 16 de mayo de 2008

Libro: “El Estatuto de Cataluña: Una propuesta para el acuerdo”. Autores: Manuela de Madre y Miquel Iceta. Fundación Rafael Campalans. Barcelona, 2006.

Sitio recomendado: Ampliación del Aeropuerto de Barcelona. Ministerio de Fomento, 2009






La profecía de los planetas alineados

29 02 2008

Hay ciudadanos que no votan por ideología, por valores, con el corazón. Votan siguiendo un utilitarismo que respalda en otras latitudes a formaciones como Coalición Canaria o CiU

El 5 de mayo de 2000 la Tierra se alineó con otros cinco planetas más, un fenómeno inédito desde 1962 y que no se repetirá hasta el 22 de abril de 2438. Las semanas previas, brujos y cenizos promulgaban la llegada de un sinfín de cataclismos y nos metieron el miedo en el cuerpo hasta a los escépticos. Como el famoso ‘Efecto 2000’ que iba a paralizar los ordenadores con la llegada del siglo. Las predicciones astrológicas no tienen fundamento científico. Ni siquiera las alineaciones son perfectas porque los planetas no giran a la misma altura. Pero es cierto que ese fenómeno incrementa en un 2% la fuerza gravitatoria que ejerce la luna sobre nosotros y produce las mareas.

Durante los noventa, una serie de baratos Nostradamus, que respaldaban a los nacionalismos, repitieron que las mayorías absolutas, sobre todo del mismo partido y en distintos gobiernos, perjudicaban a la democracia. Estos cuatro últimos años la mayoría de gobiernos locales, el autonómico y el nacional se han alineado en Extremadura bajo el mismo eje partisano. Y en estos cuatro años se ha doblado la inversión del Estado: De 1.160 millones de euros en la legislatura 2000-2004 a 2.700 en la actual; es decir, pasamos de 1.069 euros por extremeño a 2.488, un 21% más de fuerza gravitatoria sobre los presupuestos cada año. Y se han adoptado medidas como incrementar un 26% las pensiones mínimas que afectan a 124.000 jubilados de los 201.000 censados en nuestra región por la Seguridad Social, caso único en España.


Hay ciudadanos que no votan por ideología, por valores, con el corazón. Votan siguiendo un utilitarismo que respalda en otras latitudes a formaciones como Coalición Canaria o CiU, capaces de mercadear ante mayorías insuficientes desde la misma noche electoral y extender hipotecas contrarias a los intereses generales de un Estado a cambio de su alineamiento parlamentario. Para ese tipo de votantes, estos datos demuestran que las etapas de mayorías consolidadas y del mismo color político en Madrid y en Extremadura reportan mayores avances en autovías, en incentivos empresariales o en financiación de políticas sociales. Y, además, evitan que se paralicen proyectos -como la remodelación del Cine María Luisa en Mérida, o de la margen derecha del Guadiana en Badajoz hasta hace unos meses- cuando el interés ciudadano se convierte en arma arrojadiza entre partidos políticos. No esperen que hable de los debates. Tras el del pasado lunes, mi anterior predicción sobre el cambio de estilo de Rajoy se diluyó en esas dos horas. Tan breve como increíble. Me han enviado un DVD de Pajares (‘Brujas mágicas’, se llama la comedia). Detalle de un lector de Miajadas: «El que gana con esa agresividad es Pedro J. -me decía-. A ése, Rajoy lo teme más el 10-M que mi perra al agua caliente»… Y José Frade, -le dije yo-, el segundo marido de Norma Duval, productor de esa burla sobre la inquisición. Y quien, por esa «obra de arte», también cobra derechos de la SGAE.


Diario Hoy. 29 de febrero de 2008

Libro: “Galileo Anticristo”. Autor: Michael White. Editorial Almuzara. 368 pags. Precio: 17 €.

Libro: “Un gran sueño”. Autor: Felipe Ugalde. Editorial Kalandraka, 2009. En castellano y euskera. 36 pags. 15 €

Libro: “Senderos Celestes”. Autores: Carlos Rodríguez y Jose M. Mariscal. Diputación de Badajoz, 2006


Sitio: Cielos estrellados de Extremadura donde se distingan los skylines de la dehesa, de un pueblo y su campanario. Desde el campo se ve la limpieza del cielo extremeño.