Mr. Guille, “el de la luz”

19 03 2011

A Vara le han creado una ficción animada en Internet, un antihéroe con corbata, que trabaja para otros, como tantos padres extremeños

No se trata de ganadores ni de perdedores. La sentencia nos abre vías de diálogo», dijo el presidente Fernández Vara tras las resoluciones del Tribunal Constitucional que anulan sendos artículos en los proyectos de estatutos de autonomía de Andalucía (PSOE) y Castilla León (PP). Vara, antes de pavonearse en los medios, como un goleador ante la grada, se apuntó a la normalidad: «El agua cohesiona a este país y tenemos que dialogar entre comunidades autónomas y entre los partidos». El agua -como en aquel spot automovilístico de Bruce Lee- arrasa ciudades cuando un seísmo la convierte en tsunami y reduce el riesgo de contaminación radiactiva cuando enfría los reactores de una central nuclear. Es el mismo elemento. Capaz de alterar hace unos años la irracionalidad normativa en regiones tan dispares, sin que unos, otros, o su oposición política, repararan en ello; pero también riega de necesaria calma territorial cuando el poder de la fuerza se basa en la luz, en la coherencia de la razón. Agua, que nunca es la misma en el mismo sitio, no conoce fronteras. Fluye, se evapora, se congela, cae o corre por ríos que llevan agua de todos; o de nadie, cuando desastres -como el que vive el pueblo japonés- refrescan lo insignificante que somos y apelamos a la Biblia para que cese el Apocalipsis en un océano llamado Pacífico. Hasta el comisario europeo de la Energía, el alemán Öttinger, lo hizo para justificar el cierre de las plantas atómicas más antiguas de Alemania, y frenar así el riesgo -no el radiactivo, sino el electoral- para su coalición (CDU) porque la corriente verde les ahoga.


A la Junta y al PSOE de Extremadura, en plena vorágine estatutaria, hace cinco años, se le encendieron luces de alarma y recurrió. Extremadura se alineó con la Constitución para impedir que el Estado pierda el agua; con el mix energético que reduzca riesgos y dependencia externa, antes de saber de Fukushima o Libia, y con el realismo para sortear tal poceta que no permite que apaguemos si queremos alcanzar competitividad tecnológica y el orden social que muestra Japón para reponerse de más de diez mil muertos y una amenaza sin par.


A Vara le han creado ahora una ficción animada, Mr. Guille, en Internet, realizada por una joven empresa extremeña. Es un antihéroe, tocado con corbata verde y gafas, delante de un ordenador y de papeles, como otros ‘padres’ extremeños que se levantan temprano para que sigan navegando o para abrir compuertas a los que vienen detrás. Devuelve a la campaña electoral el interés por una política que necesita iluminar rumbos con normalidad, con el mismo esfuerzo que despliegan los japoneses anónimos para sobreponerse, sin hacer daño al adversario, con la vocación por el otro con la que 50 ingenieros aún se exponen. En un mundo donde izquierda y derecha se reducen a quién crea y quién destruye, las estrategias de campaña sirven para destilar el aroma de cada uno: o la luz, o las tinieblas. Sólo en quienes cumplen con su diaria obligación encontramos hoy a los héroes. Y, por lo visto esta semana, Extremadura tiene los embalses que rebosan. Para unos y para otros.



Diario HOY, 19 de marzo de 2011

Libro: “El río de la vida”. Autor: Norman Mclean. Traducción de Luis Murillo Fort. Libros del Asteroide. Barcelona, 2010. 314 pags. 18,95 €

 

 

 

Sitio recomendado: Corredor ecológico del arroyo Bembézar, afluente del río Guadalquivir. Azuaga. Extremadura.


 


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¿Creatividad a la basura?

5 03 2011

CETIEX ha puesto en marcha un laboratorio en el que observan cómo viven y qué necesitan los mayores en esta sociedad del bienestar

No soy generación de la Enciclopedia Álvarez, sino del diccionario Sopena. En horas de tedio escolar, el sándwich de páginas entretenía con decenas de ilustraciones, muy lejos de los iPad que abren ventanas al mundo a cada escolar. Paraba en los inventos atribuidos a los españoles: el submarino de Isaac Peral, el autogiro de De la Cierva, el Teleférico de Torres Quevedo, el Tren Articulado Ligero de Goicoechea y Oriol… Nunca encontré la fregona o la jeringuilla desechable que ideó Jalón Corominas, el chupa chups de Enric Bernat, el afilalápices, la grapadora o el futbolín que han sido, o son, universalmente utilizadas por el ser humano antes que la alta ingeniería terrestre o aeronáutica, excepción hecha de las palomas -o palomos, con toda su discapacidad- mensajeras.


El español nunca apreció, ni negoció, su creatividad. Un americano se forró comercializando tiritas para las heridas de los negros -nadie había reparado en ellos- pero aquí aún adquieren teléfonos móviles con teclados sin ‘ñ’, pese a que 480 millones de personas hablan y escriben en castellano. Nos falta aún ese pragmatismo capaz de convertir la necesidad en negocio, el que inspira a McDonalds para que medio mundo coma en cinco minutos un bocadillo de desecho de ternera y no reparemos en un cocido, con presa y verdura que acompañe. En plena ebullición del carnaval, cuando los fruteros se convierten en iconos de la creatividad, me pregunto el porqué ese ingenio nunca lo reconvirtió en negocio. Esta semana, diez días antes de que inauguren el primer edificio que justifique el parque científico y tecnológico en el campus universitario de la UEx, en Badajoz, una entidad privada como CETIEX, auspiciada por el Colegio de Ingenieros, Fundecyt, o la Fundación Maimona, ha inaugurado el primero de sus edificios en la región. Parejo a sus oficinas, CETIEX ha puesto en marcha un ‘senior lab’, un laboratorio para observar qué necesitan los mayores. Ya atenderán sus necesidades.


En años de crisis, política y económica, no caben pragmatismos inertes, que siempre es el prefacio al fascismo. Cuando todo cambia, nuevos frentes se posicionan para controlar las fuentes de energía en Libia o Egipto; cuando rescatamos políticas de ahorro energético como a finales de los 70, sólo la inversión en derechos sociales y civiles nos da un metro de ventaja respecto a sistemas -como el libio o el chino- que se enmascaran de revolucionarios para, al final, disputar el poder como cualquiera, pero con distintas reglas del juego. Uno nunca entenderá tanta creatividad derrochada en barras de bares, en los tanguillos ‘raqueados’ de carnaval para que, al final, el rapero Eminen se forre, compremos teléfonos a Finlandia o sean los chinos quienes comercialicen tobilleras para nuestros mayores. Somos privilegiados en derechos que tendremos que mantener pero, si no lo remediamos, otros serán quienes se beneficien. Y todo esto no es una cuestión ideológica, sino de voluntad, con su parte de renovación, si no generacional, sí de actitudes, donde unos suman y otros, como siempre, sólo sobreviven con el conflicto. Como en Libia, un país de máscaras, para su beneficio.


Diario HOY, 5 de marzo de 2011

Libro: Diccionario Sopena “La fuente enciclopédico ilustrado”. Autor y editor: Ramón Sopena. 1986. 1056 pags.

Sitio recomendado: Carnaval de Badajoz. Fiesta de Interés Regional de Extremadura.