Individuales

24 07 2009

Contemplamos el incumplimiento de límites y garantías como la protección de la infancia para la libertad de expresión y pocas veces se denuncia


Si utilizas el buscador más famoso en Internet e introduces “Ojalá estuvieras aquí” -título del último single de los extremeños Tam Tam Go y sintonía para la excelente campaña de Turismo Extremadura- en la primera referencia podrás adquirir la descarga de la canción junto a vídeos pronográficos, ancianas en pelotas, gemidos convertidos en politono y consoladores inverosímiles. La paginita digital cumple toda regla mercantil del comercio electrónico, evita el pirateo, pero –con acceso tan abierto como las piernas que le sirven de reclamo- nadie sabe si el receptor eres tú, tu hijo o el mastuerzo del cuarto que ya está en edad.


Valga ese ejemplo, como la emisión del film “Acusados” en horario infantil donde Jodie Foster sufre una violación múltiple, para contextualizar. Y, ante ello, queremos saciar la indignación que nos provocan los recientes sucesos contra dos niñas en Baena e Isla Cristina rebajando la edad penal del menor y encarcelando en el olvido nuestra conciencia. No será tan simple. Contemplamos a diario el incumplimiento de límites y garantías como es la protección de la infancia para la libertad de expresión y pocas veces se denuncia. Y lo dice la Constitución.


Con mayor tragedia, la sociedad reproduce comportamientos hipócritas que comenzaron con el botellón. A principios de los noventa, se reducía a señalar los ayuntamientos que no prohibían esas concentraciones juveniles. Nadie miraba la escuela, ni las tiendas de conveniencia, ni a los hijos y qué hacíamos en la calle hasta la madrugada. Una madre quiso agredir a un policía cuando éste le comunicó que su hija, menor, estaba en urgencias del Infanta Cristina con vitámina B12 en vena para sacarla del coma etílico. La madre le acusó de “haberla emborrachado” porque su niña “sólo bebía Fanta”. Hoy, otros aseguran que sus hijos sólo utilizan Internet o el móvil para ampliar conocimientos. Entiendo así las reservas de la consejera de educación y por qué los ordenadores se quedan en el instituto.

Esta semana el ayuntamiento de Cáceres pilló al “pringao” que garabateaba con spray el patrimonio de la humanidad. En Mérida, a quien saque la basura antes de las diez le caerán hasta 750 € de multa. En Badajoz, el concejal reconoce que acabaron las palabras y empieza el lápiz y el boletín de sanciones… Aunque la actual Ley del Menor –aprobada en el año 2000 por la entonces ministra Mariscal de Gante- faculta que a mayores de 14 años se les interne hasta cuatro años, y libertad vigilada otros tres, queremos más dureza y rebajar la edad penal en caliente.


Coincidirán en que nadie confía que con rejas, y tirando la llave, solucionamos el problema. Es una crisis de valores, tiene razón Vara. Sobre todo, la ausencia de una conciencia colectiva. Triunfa la sanción individual y que sea la autoridad quien la ejecute bilateralmente. Maldicen educar en ciudadanía porque impide la libertad y preferimos abonar una multa antes que la vecina vea al niño reparando papeleras que él mismo destrozó en la última borrachera. Los culpables de esas agresiones son maduros para la cárcel pero ella no sabemos si lo es para abortar tras esa violación.


Esta crisis obliga a un gran pacto social y político para salir de ella. No sólo en lo económico. Parte de raíces que las valoramos sólo cuando nos toca individualmente.


Diario HOY. 24 de julio de 2009

Libro: “Corazón de Napalm”. Autora: Clara Usón. Editorial: Seix Barral. 2009. 368 páginas. Precio: 20 €

Sitio recomendado: Isla Cristina (Huelva). Puerto y playas


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Una menor hospitalizada

20 03 2009

La Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente, rubricada por Aznar, permite a los mayores de 16 años autorizar una intervención médica sin necesidad de un tutor

Estimada María: La niña lo ha hecho. Me he enterado esta mañana cuando me topé con una de sus compañeras del Instituto y se le escapó que venía de visitarla en la clínica. No puedo negarte que estoy disgustado, muy disgustado, casi enfadado. ¿Qué hicimos mal durante su infancia para que haya tomado tan arriesgada decisión? Es demasiado joven, poco más de dieciseis años, y no tenía necesidad alguna de haber pasado por ese trance: ¿Qué sociedad estamos construyendo?


La última vez que estuvo en casa me enseñó el libro que leía, obligada por su profesora de literatura: “Tiempo de Silencio”, de Martín Santos, de cuya novela esperaba que aprendiera lo afortunada que, pese a todo, había sido al nacer y crecer en la que fue nuestra familia, y no en un barrio marginal donde las niñas se hacen mujeres demasiado pronto por etnia, por tradición o como única salida en su tiempo de ocio.

En el fondo me culpo. No sé si esto es consecuencia de nuestro divorcio. Si su autonomía y esta decisión se debe a que esos valores que le repetíamos desde niña, o en el colegio donde estuvo durante ocho años hasta que le cogieron ojeriza, se cayeron como un castillo de naipes cuando tú y yo decidimos caminar cada uno por su lado.


Creí que tú estabas detrás de su decisión, erróneamente. Te culpé, porque semanas atrás, la niña me confesó que estuvisteis charlando sobre anticonceptivos, sobre las relaciones con los chicos… Y te pido perdón. Ha sido ella, por sí misma, con el dinero de la libreta de ahorros, la que ha corrido semejante riesgo: una anestesia, quirófano y ahora a esperar que su rehabilitación física y síquica no le deje trauma alguno. No hay que ser un lince para observar la cantidad de vallas, cabinas telefónicas o publicaciones que casi te invitan a hacerlo como algo normal. Pero ella es demasiado joven. Es mi niña y no tenía ninguna necesidad de operarse los pechos y ponerse bótox en los pómulos. La vida en riesgo por estética, ni por necesidad ni porque eso le impidiera su futuro. Cordialmente…


Nota: La Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente permite a los usuarios de la sanidad mayores de dieciseis años, capaces y capacitados, o emancipados, prestar el consentimiento para una intervención médica sin necesidad de un representante o tutor. Tres años después, la comunidad autónoma de Extremadura también reguló mediante ley este derecho en función de la jurisprudencia constitucional de llamado “maduro precoz”. Con el proyecto de nueva regulación del aborto –excluido de esta Ley, junto a los ensayos clínicos o la reproducción asistida- se propone incluir este supuesto sin necesidad de consentimiento paterno o tutorial a partir de esa edad, junto a una nueva regulación del mismo por plazos. Esto supondría una reforma de la Ley Orgánica 9/1985 de despenalización del aborto para determinados supuestos. Ninguno de los gobiernos hasta la fecha decidió derogar la normativa vigente. La regulación del aborto según plazos es la fórmula aprobada en Holanda, Francia, Dinamarca, Suecia o Inglaterra. Pero, sobre todo, no es de obligado y universal cumplimiento.


Diario HOY. 20 de marzo de 2009

Libro: “Tiempo de Silencio”. Autor: Luis Martín Santos. Editorial Seix Barral. 288 pags. 10,50 €

Libro: “Minuto de silencio”. Autor: Siegfried Lenz. Editorial Maaeva. 120 páginas. 15 €

Sitio: Jacuzzi en el Gran Hotel Casino de Extremadura. Badajoz.





La culpa la tiene, sin duda, Hamilton

15 02 2008

Atracones como el de 2006, con 800.000 viviendas construidas en un año, obligan a que el exceso inmobiliario se destine al alquiler hasta que se ajuste la oferta con la demanda

Si el agradecimiento a Rodrigo de Rato desembocó en la Dirección del Fondo Monetario Internacional, el balance de esta legislatura sería para quedarse con el Banco Mundial: En 2004, el paro estaba en el 11,5% y hoy en el 8,6%. En 2004, se crecía al 3% y estos cuatro años se ha mantenido una media del 3,7%. En 2004, los afiliados a la Seguridad Social eran 17,5 millones de personas, y hoy hemos sobrepasado los 20 millones de cotizaciones. En 2004, la renta española era de 19.500 euros, y ahora de 23.500. ¿Y la inflación? Los precios crecían en diciembre de 2004 exactamente lo mismo que hoy: el 4%.

Pero en 2004 éramos azules: la moto de Pedrosa, el casco de Fernando Alonso, el polo de Ferrero… Los viejos advertían que, con el euro, su cerveza pasó en una noche de 100 a 166 pesetas mientras su pensión, como el salario mínimo y el sueldo de los funcionarios, el entonces ministro Rajoy los ajustó al 2%. Pero nosotros no atendíamos. Ni a eso, ni al canon que gravaba CD,s y DVD,s. Sólo veíamos subir a Fernando Alonso al cajón, y su imagen era la progresión infinita del país, con dinero barato, mucho suelo por urbanizar, a lomos de un patrocinador, azul como el mar, con otros tantos medios de comunicación que controlar.


Rodrigo de Rato se ha marchado del FMI casi al mismo tiempo que Alonso de McLaren. Y ambos con ese regusto cenagoso al que recurrimos los españoles para que duelan menos los errores: al primero lo sustituía un socialdemócrata porque así lo exige el fracaso del modelo neoconservador pero, al menos, no un español, sino el francés Strauss-Kahn. El otro, con el alivio colectivo de que «el negro» no había ganado el Mundial. La crisis de las hipotecas en los EE.UU. y del barril de petróleo a 100 dólares, sesenta dólares y setecientos mil muertos en Irak más caros que en 2003, año de la foto de las Azores, enterrará a Bush y al Partido Republicano por mucho que los dirigentes populares -en otro engaño- digan en sus mítines que «Zapatero es el culpable» de un desaguisado que ensombrece la alegría bursátil en todo el mundo. Atracones como el de 2006, con más de ochocientas mil viviendas construidas en un año (más que Italia, Francia y Alemania juntas) obligan a que el exceso inmobiliario se destine al alquiler hasta que se ajuste la oferta con la demanda y se frenen globos especulativos que han disparado sus precios en un 154%. Eso y apostar por un crecimiento demográfico que jamás alcanzaremos en paz si se criminaliza al inmigrante. Mientras, el superávit público que ha conseguido este Gobierno debe cubrir la desaceleración con obras públicas, ayudas a la natalidad, al alquiler para los jóvenes, devoluciones fiscales, incremento de los salarios mínimos, becas y pensiones que dinamicen el consumo, permitan pagar las hipotecas y ser un poco más libres… En definitiva, socializando los sacrificios, aunque muy pocos hayan disfrutado de los beneficios. Siempre podemos echarle la culpa a Hamilton, por negro y extranjero, y aplicarle hasta una nueva Ley del Menor.


Diario Hoy. 15 de febrero de 2008


Libro: “El tigre que no está”. Eugenio Fernández Aguilar. Editorial: Laetoli. 176 páginas. Precio: 15 €.


Sitio recomendado: Plaza de San Atón, C/ Obispo y de Minayo en Badajoz. Estatua a Godoy