London Calling

14 08 2011

Si quieren cortar redes, nunca por los cupos de profesores, como en Valencia. Aquí aún no sabemos si también lo sufriremos

Chelsea tiene 18 años y está detenida, como otros 922 jóvenes, por los disturbios en Inglaterra. Era voluntaria para los JJ.OO de Londres 2012, los que ganaron a Madrid porque –entre otros motivos- Alberto de Mónaco afirmó que el terrorismo configuraba a España como “demasiado insegura”. A un año de que comiencen, Londres ve pelotas de goma y cañones de agua. Antes, se destinaban a repeler las manifestaciones en Irlanda del Norte, cuna del terrorismo del IRA. Ahora, las secuelas de su “kale borroka” llega a España, a Lloret de Mar. El turismo etílico que facilitan vuelos a bajo coste, con todo incluido desde Manchester o Birmingham, desembocó en enfrentamientos a los Mossos de Escuadra: 22 heridos y 20 detenidos. Los jóvenes ingleses que arriban a la costa española insertan ya en su programa de fiestas el balconing o la lucha callejera como un incentivo más, que supera a la tomatina de Bunyol y lo iguala a la quema de cajeros.

A Chelsea le imputan que asaltó una tienda de Vodafone y lanzó un ladrillo a un coche de policía: “Ha sido el mejor día de mi vida” –declaró al juez. Ahora, su primer ministro, Cameron, quiere sacar al ejército a la calle y censurar las redes sociales que, por telefonía móvil, congrega a miles de personas para asaltar comercios. No se trata de un motín político –como en Madrid, Atenas o Tel Aviv- sino el triunfo del consumismo con efectos perversos: envidia por no tener más. Esos jóvenes ven en sus televisores, sus teléfonos conectados a Youtube, o en el barrio de al lado un mundo de lujo y riqueza. Su lema es “Agarra las zapatillas o la videoconsola, y corre”. No hay mayor ideología que reconocer –como lo hizo el ultraliberal Cameron en el Parlamento- que asistimos “a una pérdida de valores”. Entre los detenidos está también un profesor de Primaria de 31 años, que se queja de pagar 550 libras por el alquiler cuando gana mil. Si alguien se la juega en una patera o se lanza al pillaje callejero es porque –a diferencia de sus padres- sí saben que es pobre. Hoy todo se retransmite; hasta su frustración y los recortes públicos.

Populismos fascistoides como Aída Nízar o la Esteban, escoltada por la estética de los hermanos Matamoros, inundan la televisión. Triunfa el rencor social. En 1981, tanta desigualdad despertó una cultura musical sin igual. Margaret Thatcher aprobó una subida impositiva -Riots Poll Taxes- y un grupo punk lanzó un himno en contra: London Calling. Dos días antes de las revueltas, el Comité Organizador de Londres 2012 lo sugirió como sintonía oficial de los JJ.OO. Ahora, se lo piensan. Comerciar con ese canto a la rebelión ya no vende. Ardió hasta el centro de música independiente en el barrio de Enfield, Y, mientras, Justin Bieber, un adolescente de la edad de Chelsea -la voluntaria olímpica- con 58 millones de dólares en su cuenta bancaria y once millones de seguidores en Twitter, se burla de un empleado en una hamburguesería y huye sin pagar. Está en la Red. Si quieren recortar, comiencen por ése video, no por los cupos de profesores, como Valencia. Aquí no sabemos si también lo sufriremos: “Londres llama a lo más alto del globo; y después de todo esto: ¿No me darás una sonrisa?”, decía la canción de The Clash.

Diario HOY, 13 de agosto de 2011

Libro: “Trafalgar” (Episodios Nacionales I). Autor: Benito Pérez Galdós. Cátedra, 2005. 238 páginas.

Sitio recomendado: Barrio de Tottenham. Londres. Inglaterra





Antes de la final

29 05 2009

Los partidos no son ajenos a la indolencia colectiva: el PP afronta la campaña como prórroga a las últimas elecciones o alinea veteranos en retirada


Medio en broma, medio en serio, comenté durante mi último viaje a Bruselas a uno de los técnicos de la Oficina que Extremadura tiene allí abierta que “habría que proponer a la Academia de Yuste para el premio Carlos V a la UEFA por la Champions League”. Despertó risas por la frivolidad. Lo entendía por las personalidades que lo atesoran y las que aún son firmes candidatas. Pero, vista la semana, reitero que ningún evento continental ocupa más páginas en la prensa europea, ni ha uniformado tanto las costumbres desde Berlín hasta Lisboa que el fútbol del martes y el miércoles. Tanto, que hasta el PSOE ha elegido como lema de campaña al 7-J que “Este partido se juega en Europa”, coincidiendo con la semana que dirime qué club coronará la temporada

Bebe de esa sociedad que ha generado el “homo videns”, en palabras de Sartori, un hombre televisivo: España e Inglaterra se paralizan el miércoles por un partido de fútbol; los patriotismos se diuyen porque el icono de los atléticos se pasa al Liverpool; en ese club juegan más españoles que en quienes ribetean su camiseta con la rojigualda; hasta adormece las pasiones porque -como sucediera con Figo, con Etóo, Seedorf o Henry- el mercado demuestra que no hay más patria ni bandera que el dinero y sólo los pobres inmigrantes, atraídos por los africanos que triunfan y se enriquecen en nuestro fútbol, discuten a cuchilladas sólo llegar a puerto o por las calles de Mérida.

Poco nos resolverá la vida si Iniesta marca, o lo hace Rooney -escribo esta columna una hora antes de que comience la Final de la Champions- pero nadie me moverá del sofá las próximas tres horas. Ahora bien, reconocido el pecado, no acabo de entender por qué no sabemos dimensionar los que nos jugamos con las elecciones del próximo 7 de junio. Sólo en agricultura, Extremadura ha recibido en 23 años de europeísmo 9.000 millones de euros (casi 1,3 billones de pesetas para un millón de habitantes). Podíamos sumar acerados, bibliotecas, carreteras, fondos sociales para contratar desempleados en los ayuntamientos, rampas para que circulen dependientes o carritos de bebés, colegios o centros de salud… Un 75% de todo ello ha salido de la solidaridad europea y eso sí tiene trascendencia en nuestra vida cotidiana. Allí decidirán sobre las tarifas eléctricas, el tabaco, el vino, la depuración de aguas o la recogida selectiva de basuras y lo más triste ante la indolencia colectiva es que habrá Parlamento Europeo, con o sin nuestro voto.

Los partidos políticos no son ajenos. El PP afronta esta campaña como una prórroga a las últimas elecciones para gobernar España, conforma sus alineaciones con veteranos que están más para el fútbol playa que para una máxima competición y hay quien sale al campo a empatar o a la espera de que falle el contrario.


Antes que comience la final, envidio a quienes viajaron a Roma para empujar con su aliento al equipo. Han empleado dinero, tiempo e ilusión. El 7-J, domingo -día de tradición futbolística en España- muchos voluntariamente serán sólo espectadores de la contienda real que se dirime en una Europa en crisis. Como buenos futboleros, siempre les quedará a la mañana siguiente echarle las culpas al árbitro, a las lesiones (o a las comuniones) y a Zapatero, tras más de una década abusando del juego por la banda derecha.

Diario HOY. 29 de mayo de 2009

Libro: “Homo Videns: La sociedad teledirigida”. Autor: Giovanni Sartori. Taurus, 1998. 244 pags.

Sitio recomendado: Roma. Coliseo Romano