¡Alto el juego!

11 09 2010

Vara: “Si no cooperamos más entre los distintos pueblos de España, el modelo autonómico no puede seguir avanzando”

Una sociedad con administraciones eficaces, y ciudadanía emprendedora y dinámica es más fuerte. Pero las sociedades imbatibles son aquellas en las que se trabaja en común para lograr un objetivo”, dijo Vara en el discurso del Día de Extremadura. Horas antes, los españoles nos habíamos ilusionado cuando los primeros mensajes en los teléfonos, en redes sociales, señalaban que la banda de terroristas anunciaba un “alto al fuego” a través de un vídeo emitido por la cadena pública británica. La posterior decepción, tras visionar su contenido, la resumió un policía jubilado: “¡Cuidado con estos tramposos: ¡No es un Alto el Fuego! ¡Es un Alto el Juego porque se ven fuera de los partidos!”. Su olfato atinó lo que los analistas desbrozaron el día después: Obedece a responder la reclamación que el movimiento abertzale ilegalizado les había exigido para poder concurrir a las próximas elecciones locales. Ni permanente, ni pronostica un futuro no conocido por otras treguas rotas.


La unánime reacción de las fuerzas políticas -desde los dos grandes partidos hasta el nacionalismo democrático, incluida la voz oficial del PNV- denunciando la “insuficiente” declaración televisada por la BBC revela que se comparte, tras demasiados años de desencuentros, un objetivo común: o la disolución de los violentos; o el Estado de Derecho y la prisión. Ya rechinan hasta esos políticos que necesitan del terrorismo, de críticas a la lucha del Estado contra esta lacra anacrónica, para hacerse notar en los medios de comunicación. Declaraciones apocalípticas, dudas sobre la voluntad decidida para que todo esto acabe y podamos rendirle tributo a tanta sangre y familias destrozadas de por vida en ambas orillas, las aproxima a ese comisario que, a finales del franquismo, se negaba a que Lobo -topo infiltrado- continuara así más días y descabezara para siempre a los violentos: “Entonces, el que sobraría soy yo” -dijo aquel personaje que interpretó en cine José Coronado.


Vara se afilió, víspera de la Virgen de Guadalupe, a la libertad antes que a su legítimo derecho al honor: “A mí me puede gustar más o menos un periódico, una radio, un canal de TDT, o una web; me puede gustar más o menos la información que se dé, y cómo se dé, pero sea la que fuere, siempre me gustará más lo que se diga que el silencio de una radio, la página en blanco de un periódico o la imagen en negro de una televisión. No me gusta verme menospreciado o descalificado en medios y en comentarios publicados pero son el precio de la libertad que cada uno pagamos, unos de una manera y otros de otra. ¿O es que acaso alguien pensó alguna vez que la libertad no tiene siempre un precio? ¿No merece la pena pagar para que exista esa libertad y la tengan incluso aquellos que la desprecian?”.


Ya galardonado con la Medalla de Extremadura, lo escuchaba el primer General de la Guardia Civil que se ubicó en la región, Cuerpo castigado por esa violencia. Fuera de la unanimidad, doscientos mil votos vascos buscan respuestas en un mundo global y que no sabe de totalitarismos con Internet. Y no desaparecerán pronto: “Si no cooperamos más y mejor entre nosotros, entre los distintos pueblos de España, el modelo autonómico no puede seguir avanzando -dijo Vara. Parece que en España en lo único que nos ponemos de acuerdo es en que no estamos de acuerdo en casi nada, que no sea el fútbol o el resto del deporte“.


Por cierto, este partido sí es a vida o muerte.


Diario HOY, 11 de septiembre de 2010

Libro: “Sobre la libertad”. Autor: John Stuart Mill. Editorial Alianza. Ciencia Política. 216 pags. 8 €

Sitio recomendado: Vitoria Gasteiz. País Vasco. España. Sede del Parlamento Vasco. Patrona: Ntra. Sra. de Aránzazu, 9 de septiembre, un día después del Día de Extremadura.


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El Sur también existe

16 10 2009

Los niños son la clave. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro


Cada día que descubro una nueva letra de Serrat, o las rememoro, no por desconocidas dejan de producirme placer. Con cada escucha, me acuerdo de los cientos de extremeños que tuvieron que coger sus bártulos en cuatro días y poner rumbo a cualquier parte para poder sobrevivir. Fue el sino de hombres y mujeres de Extremadura, Aragón, Murcia o Andalucía. Los que no se fueron como obreros de la construcción, lo hicieron como policías o guardias civiles, una salida laboral casi obligada para una tierra con tan pocas alternativas como le dejó la posguerra a esta región de secano y de baldíos. La mayoría de ellos cuando se tuvo que industrializar España; desde el campo también se colaboró y aquel excedente de mano de obra agraria se empleó en fábricas de automóviles, talleres, comercios… En Cataluña y en Euskadi. También en Alemania. Hasta un hijo de ellos les salió cantante, y de éxito mundial, el bueno de Juan Manuel.

Hoy, las historias se cuentan con la frialdad de un documental como el último premio ‘López Prudencio’ de periodismo sobre los 50 años del Plan Badajoz o -un poco más cálidas- si uno se deja llevar por la poesía del nen del Poble Sec. Los desgarros no se pueden cantar, ni novelar. Los escritores deberían abstenerse de fabular sobre el sufrimiento o la intrahistoria de quienes tragaron con ese calvario interior: niños que se crían sin el contacto diario de su padre o, lo que es irremediable, los niños que nunca volvieron a verlos por la ira dirigida de unos desalmados o porque un hombre sólo y joven, trabajando en una ciudad, termina por complicarse la vida.

Ésa es la clave de Serrat. Era el ‘Nen del Poble Sec’, el niño que vio transformarse su barrio industrial en una nueva zona de servicios y urbanismo. El ‘Nen’ clamó la poesía de Machado, otro exilado por abrazar el uso de la razón y de la fé sin más bagaje que su maleta y sus libros. Eso llevo y eso traigo hasta que me llegue la muerte.

Ésa es la clave, los niños. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro. Sólo los niños. Estamos en esta vida por ellos, por hacer más felices a los hijos e hijas (a ver cuando se iguala esto en el lenguaje y en las sucesiones). Los hijos propios y los ajenos. Todo porque sean más felices, más seguros, lo demás es puro espectáculo. Lo hace el militar en Kosovo o en Irak, el médico de una ONG, o el político cuando arriesga su vida en una declaración. Sólo por ellos, por los hijos. Sólo quien no los tiene, jamás podrá sentir el dolor que te rompe el alma cuando te dicen que dejarás de verlos.

Aquí tienen ustedes mi cabeza en el cadalso, arriba está mi fotografía. Dicen que no hay intelectuales comprometidos. Bórrenme del primer concepto, pero milito convencido en lo segundo, gracias a la educación. En el fondo, creo que es porque los salesianos fundaron el sindicalismo cristiano. Existe una fórmula que concilia los intereses, que se basa en la cooperación, en el pacto, en la economía de recursos porque lo único que se busca es el interés general… la paz. Lo hicieron nuestros padres en la Transición. Lo hizo el Rey y una generación. Hagan lo que crean con ella. Yo me bajo en la próxima. Es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hijo, y a toda su generación: ¡Siempre Joven! -dijo Domingo Savio.



Diario HOY. 16 de octubre de 2009

Libro: “Antología poética”. Autor: Antonio Machado. Prólogo de Julián Marías. Biblioteca Básica Salvat, 1970. 190 pags.

Libro: “La música del hambre”. Autor: J.M.G. Le Clézio. Editorial Tusquets, 2009. 214 páginas. Precio 17 €.

Sitio recomendado: Extremadura