Virguerías

6 02 2010

Los partidos independientes, o bisagras de gobierno, no se emplean en ellas sino que rescatan Veguerías del medievo, anteriores al Estado Liberal

La candidatura de Albalá como sede del primer Almacén Temporal Nuclear y la salvación de Caval en Valdelacalzada tienen un nexo común. Los primeros optan a la basura nuclear gracias, en buena parte, no tanto a las condiciones sísmicas de la localidad, sino a que el gobierno municipal estaba en manos de unos Independientes (GIA), que han roto hasta entre ellos la disciplina de voto. En la cooperativa de Vegas Bajas, su potencia económica y de empleo impulsó en los noventa otro grupo independiente que llevó a su gerente a ser alcalde.


Nunca he creído en los independientes. Es contrario a la política. Decía Alfonso Guerra que quien se definía “apolítico” era “de derechas”. La mayoría de grupos independientes que surjen en los pueblos terminan respondiendo a intereses particulares o parciales. No incluyo a aquellos grupos nacidos de escisiones en la agrupación local de uno de los grandes partidos. Conflictos no resueltos que mantienen su ideología para los comicios autonómicos o estatales. Pero, algo rondaría por la cabeza del Consejero de Industria, José Luis Navarro, cuando dejó caer que “alguien desde Madrid” invitó al GIA de Albalá a optar por el almacén nuclear, sabedor él y esos madrileños del menor control que recibe una fuerza política sin plegarse a la disciplina de los grandes partidos, no tanto a la calidad geológica del suelo. Por contra, la conexión partisana entre el alcalde actual de Valdelacalzada, Pedro Noriega, y la Junta de Extremadura, por manos de la Vicepresidenta Aguilar y de su Directora, Ana Alejandre, hicieron virguerías esta semana con los bancos para flexibilizar la deuda de Caval. Comienza a ver la luz.


Los partidos son organizaciones que agregan intereses sociales. Los vehiculan, introduciéndolos dentro del sistema político. Los parlamentarios -según Von Beyme- son los únicos que están en el sistema y en la sociedad civil. Son el mal menor. Se autocontrolan y se enlazan en todos los estratos territoriales. Stein Rokkan afirma que son, al mismo tiempo, agentes de conflictos, nacidos de fracturas: con la Iglesia; entre el centro y periferia; entre lo urbano y lo rural; o entre propietarios y trabajadores. Tienen muchas funciones; entre ellas, se obligan a reclutar élites para formar gobierno. En momentos de desafección entre la política y la sociedad no las entienden con esta crisis, listas bloqueadas que obligan tragarse packs completos, y hay partidos que imponen el chantaje. Los que proclaman la Independencia, bisagras de gobierno, no se emplean en virguerías sino que rescatan Veguerías del medievo, anteriores al Estado Liberal que los constitucionalizó como partidos políticos, a cambio de las Diputaciones como sucediera durante el Bienio Negro. Les hacen caso. La portavoz parlamentaria del PP, Dolors Monserrat, se mostró a favor de esa ordenación territorial hasta el punto de querer una octava veguería en el Penedés. Mientras, interesantes propuestas, los “huertos urbanos”, emanan de asociaciones cívicas y no de los partidos. Comienza a calar en la ciudadanía que la política es una industria más; como la del cine, y la gente ansía encontrar un asidero de valores. En éstas y otras latitudes hay actores secundarios que aparecen sólo para enredar la trama hasta aburrir al espectador y tomar pocas decisiones. Deshacer algunos entuertos va a ser también una virguería constitucional.


Diario HOY. 6 de febrero de 2010

Libro: “Cuando el tiempo nos alcanza. Memorias 1940 -1982”. Autor: Alfonso Guerra. Espasa Calpe, 2004. 354 pags.

Libro: “Dejando atrás los vientos. Memorias 1982-1991”. Autor: Alfonso Guerra. Espasa Calpe, 2006. 397 pags.

Libro: “Los partidos políticos en las democracias occidentales”. Autor: Klaus Von Beyme. Siglo XXI, 1982. 542 pags.

Libro: “State formation, nation-building and mass politics in Europe”. Autor: Stein Rokkan y otros. Oxford University Press, 1999. 422 pags.

Sitio recomendado: Valdelacalzada. Día de la Independencia. Pueblo de colonización del Plan Badajoz

Sitio recomendado: Albalá. Ermita de San Joaquín y Santa Ana. Cáceres






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El Sur también existe

16 10 2009

Los niños son la clave. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro


Cada día que descubro una nueva letra de Serrat, o las rememoro, no por desconocidas dejan de producirme placer. Con cada escucha, me acuerdo de los cientos de extremeños que tuvieron que coger sus bártulos en cuatro días y poner rumbo a cualquier parte para poder sobrevivir. Fue el sino de hombres y mujeres de Extremadura, Aragón, Murcia o Andalucía. Los que no se fueron como obreros de la construcción, lo hicieron como policías o guardias civiles, una salida laboral casi obligada para una tierra con tan pocas alternativas como le dejó la posguerra a esta región de secano y de baldíos. La mayoría de ellos cuando se tuvo que industrializar España; desde el campo también se colaboró y aquel excedente de mano de obra agraria se empleó en fábricas de automóviles, talleres, comercios… En Cataluña y en Euskadi. También en Alemania. Hasta un hijo de ellos les salió cantante, y de éxito mundial, el bueno de Juan Manuel.

Hoy, las historias se cuentan con la frialdad de un documental como el último premio ‘López Prudencio’ de periodismo sobre los 50 años del Plan Badajoz o -un poco más cálidas- si uno se deja llevar por la poesía del nen del Poble Sec. Los desgarros no se pueden cantar, ni novelar. Los escritores deberían abstenerse de fabular sobre el sufrimiento o la intrahistoria de quienes tragaron con ese calvario interior: niños que se crían sin el contacto diario de su padre o, lo que es irremediable, los niños que nunca volvieron a verlos por la ira dirigida de unos desalmados o porque un hombre sólo y joven, trabajando en una ciudad, termina por complicarse la vida.

Ésa es la clave de Serrat. Era el ‘Nen del Poble Sec’, el niño que vio transformarse su barrio industrial en una nueva zona de servicios y urbanismo. El ‘Nen’ clamó la poesía de Machado, otro exilado por abrazar el uso de la razón y de la fé sin más bagaje que su maleta y sus libros. Eso llevo y eso traigo hasta que me llegue la muerte.

Ésa es la clave, los niños. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro. Sólo los niños. Estamos en esta vida por ellos, por hacer más felices a los hijos e hijas (a ver cuando se iguala esto en el lenguaje y en las sucesiones). Los hijos propios y los ajenos. Todo porque sean más felices, más seguros, lo demás es puro espectáculo. Lo hace el militar en Kosovo o en Irak, el médico de una ONG, o el político cuando arriesga su vida en una declaración. Sólo por ellos, por los hijos. Sólo quien no los tiene, jamás podrá sentir el dolor que te rompe el alma cuando te dicen que dejarás de verlos.

Aquí tienen ustedes mi cabeza en el cadalso, arriba está mi fotografía. Dicen que no hay intelectuales comprometidos. Bórrenme del primer concepto, pero milito convencido en lo segundo, gracias a la educación. En el fondo, creo que es porque los salesianos fundaron el sindicalismo cristiano. Existe una fórmula que concilia los intereses, que se basa en la cooperación, en el pacto, en la economía de recursos porque lo único que se busca es el interés general… la paz. Lo hicieron nuestros padres en la Transición. Lo hizo el Rey y una generación. Hagan lo que crean con ella. Yo me bajo en la próxima. Es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hijo, y a toda su generación: ¡Siempre Joven! -dijo Domingo Savio.



Diario HOY. 16 de octubre de 2009

Libro: “Antología poética”. Autor: Antonio Machado. Prólogo de Julián Marías. Biblioteca Básica Salvat, 1970. 190 pags.

Libro: “La música del hambre”. Autor: J.M.G. Le Clézio. Editorial Tusquets, 2009. 214 páginas. Precio 17 €.

Sitio recomendado: Extremadura







Sembrar la confianza

22 05 2009

Confianza han sembrado nuestros cooperantes en países en vías de desarrollo. Son embajadores fiables para internacionalizar nuestras empresas


La primera solución para salir de la crisis pasa por recuperar la confianza. Si el 90% de los españoles consideran que la situación económica es mala o muy mala pero, de esos mismos, el 65% cree que su situación personal es buena o muy buena, la percepción ciudadana está miope o demasiado envenenada por una dinámica electoral, que reaviva conflictos con facilidad, y por un escaparate mediático que necesita cicuta para atraer audiencia.

El pacto entre los dos grandes partidos políticos en Euskadi o con el nuevo Estatuto de Autonomía ha devuelto por un rato la esperanza en la política; también anima la responsabilidad que muestran patronal y sindicatos para afrontar los retos inmediatos y estructurales de la economía desde el diálogo social. Si no deseamos levitar durante años a ras de suelo, la política debe contribuir al consenso para iniciar reformas, tan impopulares como necesarias, y devolver la confianza al sistema.

Confianza para reciclar a esos jóvenes que, en precario, ganaron como alumnos de Operación Triunfo durante la borrachera de ladrillo y hoy necesitan de la formación que rechazaron para dar sentido a su vida y pagar el Audi. Cooperación entre administraciones, especialmente entre CC. AA. para que las alucinaciones de ira no se las lleven por delante. Mimar las iniciativas empresariales desde lo público como si fueran especies protegidas y aplicar un nuevo principio -‘In dubio, pro empresario’, dijo Vara ante las Cámaras de Comercio extremeñas- donde la confianza y la eficacia se impongan al recelo legalista. En Australia, se puede montar una empresa en 24 horas y durante los siguientes tres meses son los funcionarios quienes se desplazan para solucionar el papeleo y certificar los controles administrativos. Europa aprobó una directiva de Servicios en ese sentido -conocida como Ley Ómnibus- que no ha pasado de ser una declaración de intenciones, con tanta lentitud como la burocracia para ejecutarse. En España seguimos pidiendo como trámite ‘la fe de vida’ a quien tenemos delante, de cuerpo paciente.


Si eso no cambia, no saldremos. La confianza tarda en generarse años y se pierde en un día desafortunado. Y tenemos pendiente nada menos que cambiar el modelo: el déficit energético y de tarifas, la competitividad de nuestras empresas; la gestión del agua; gravar el consumo de bienes producidos fuera porque no contribuyen a un sistema de protección social que no queremos recortar; reformar el mercado laboral acorde a ese nuevo modelo; diseñar una educación basada en el aprendizaje y las habilidades, y no persistir en producir enciclopedias universitarias con la misma utilidad que la que decora la biblioteca… En definitiva dar valor a nuestra sociedad para una nueva economía.

El valor de la confianza lo han sembrado nuestros cooperantes en países en desarrollo. Son embajadores fiables, aliados en el desarrollo de esos mercados emergentes, más aún con el conocimiento y experiencia de una región que también partió casi de cero. Durante la borrachera, Extremadura se preocupó en tejer una red de confianza ante poderes locales y regionales con sus políticas de cooperación. Decir allí ‘empresa extremeña’ sería apelar a esa voluntad cooperativa, a no desangrar al prójimo, internacionalizar nuestra economía y aprender de los cooperantes que, en países con una burocracia casi nula, iniciativas de empleo y riqueza son factibles en este mundo desnortado.


Diario HOY. 22 de mayo de 2009

Libro: “Propuestas ante la crisis”. Autor: Consejo Superior de Cámaras de Comercio. Mayo, 2009. Visualización en http://www.camaras.org

Sitio recomendado: Australia. Centro financiero de Sidney