El balón, al pasto

26 02 2011

Si cada uno se dedicara a lo suyo: fiscales, jueces y los partidos a que lleguen allí menos conflictos, la política sería más creíble

No debería ser noticia que dos partidos con representación parlamentaria en la Asamblea de Extremadura se pongan de acuerdo para aprobar una Ley de Educación. Tampoco que dos administraciones de signo dispar, Junta y Ayuntamiento de Badajoz, lo hagan para asfaltar y mantener accesos a la ciudad o una avenida. Es su obligación. Los ciudadanos que no militan en un partido político constituyen el 88% de la población. Esa mayoría tiene que ponerse de acuerdo todos los días con sus familias, con proveedores, con clientes, incluso con su competencia para salvar la situación. Esta semana, por desgracia, cinco funcionarios del Estado, militares especialistas, perdían sus vidas mientras ensayaban cómo salvárselas a los demás, a cualquiera de los niños expuestos en Líbano o Afganistán; sólo por tributo a ese ejemplo público de honor, las estrategias políticas basadas en el ruido y la fiscalía, en libelos, insultos y gacetillas, tendrían que ser repudiadas por la política, ese noble arte que se define por regular los conflictos, no por provocarlos.


Al final, los que más cacarean y más plumas pierden con tanto golpe de pecho, reculan en cada cara a cara parlamentario, se retratan con el fracaso de su estrategia. Además, si el mismo día previsto para escenificarlo, superiores jerárquicos piden un pacto o sus gentes de honor deciden justificar la candidatura de Francisco Camps en Valencia porque «hasta que no haya condena, no hay delito» y rebajan a la nada la maldita palabra de ‘imputado’, esos escarceos judiciales en que convierten la política, sólo salpican de barro a quienes encharcan el campo por incoherentes.


«El balón, al pasto», decía -don Alfredo- el gran Alfredo Di Stéfano, ese jugador hispano argentino que consiguió el Balón de Oro. Sólo un español lo igualó, Luis Suárez -ya ve, don Alfredo, otra vez la ‘Z’- que llegó a triunfar en el extranjero porque aquí sus compañeros se encargaron de que luciera, como nunca le ocurrió al otro Suárez en el seno de la UCD. Es más, si en algún momento hubo ‘caña’ en aquellos encuentros, por el futbolista sus compañeros se expusieron, o se enfrentaron contra los que endurecieron el juego. En todo equipo, si cada uno se dedicara a cumplir su función: los fiscales a lo suyo, los jueces a su agenda y los partidos políticos a que lleguen los menos conflictos posibles al poder judicial, la política sería creíble cuando se pavonea afirmando que se ocupa de los ciudadanos y de los desempleados. Jamás serán creíbles aquellos mensajes y sus portavoces cuando, tras dos meses con vallas publicitarias o desgastando el camino de la Fiscalía, a un mes de la convocatoria de elecciones aún haya grandes ciudades extremeñas, como Almendralejo, que no tienen candidato, mucho menos equipo, y están en la prórroga para que esos jugadores puedan responsabilizarse de los problemas ajenos, detecten las necesidades vecinales y los plasmen como compromisos en un programa electoral. Y que los hombres de honor, hasta en deportes de contacto como el rugby, puedan finalizar el choque y llegar al ‘tercer tiempo’ tomándose unas cañas, en armonía.


Diario HOY, 26 de febrero de 2011

Libro: “Gracias Vieja: las memorias del mayor mito del fútbol”. Autor: Alfredo Di Stéfano. Aguilar. Madrid, 2000. 420 pags.

 

 

Sitio recomendado: Estadio de Mestalla. Valencia

 

 

 


 

 

 

 

 

Libro: “Fútbol de la A a la Z”. Autor: Varios. Libro promocional editado por Philipps antes del Mundial de fútbol de España 1982. Agotado.

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