Divino Tesoro

9 04 2011

Monago ha acusado al presidente Vara de coaccionar a una subordinada sin pruebas. Así, pierde toda credibilidad

La credibilidad tarda años en acumularse y se pierde en cinco minutos. No es un concepto estático. Un político puede cambiar de opinión porque las circunstancias lo exijan. Máxime en un tiempo como este, capaz de borrar en tres días a cuatro regímenes políticos en el norte de África. La gente tampoco es monolítica. Entiende que, como cualquier mortal, puedas equivocarte, siempre que lo reconozcas. Un acto de contrición y voluntad de enmienda antes del perdón.

En esta sociedad televisada hay políticos que se dejan contaminar. Buscan atajos. Belén Esteban ha normalizado el principio ‘que hablen de mí, aunque sea mal’ y proliferan asesores que anteponen el grado de conocimiento al de simpatía, sin deparar que en este maratón los atajos son ilegales y llevan al abismo. En Cataluña no entienden por qué Rajoy reclama ahora que le abonen a la Generalitat más de 1.400 millones de euros en concepto de ‘competitividad’, previsto para 2013, cuando su partido -y él mismo- votaron en contra. Ni que defienda la Ley del Aborto ‘de Felipe González’ cuando la rechazaron. La gente sabe más de lo que algunos asesores creen y jamás le confiarían un secreto o el futuro de sus hijos a la Esteban, un juguete en manos del espectáculo televisivo. A más años de democracia, más pluralismo y formación de los españoles, que le quitaron la confianza a Aznar por mentir en el 11-M, no porque temieran más víctimas del terror.

Esta semana hubo un punto de inflexión en la política extremeña. El aspirante a presidir la región acusó al presidente de la Junta, Fernández Vara, de coaccionar por teléfono a una funcionaria del SES, subordinada por tanto, para que no formara parte de una lista municipal del PP. No presentó prueba alguna. Primero, dijo en Plasencia; luego, en Trujillo. Van por Campanario y pueden terminar en Valencia, donde estudió Vara, y donde todo vale, hasta incumplir los estatutos del PP para ser candidato. Se ratificó por orgullo. Para tapar el resbalón, expandieron una película con espías, atentados y víctimas cuando el único secuestro real es el de un semanario en Mérida, tras denuncia del PP. Critican a la Junta por iniciar la defensa del honor del presidente. No saben que una semana antes, Vara se negó a emprender acciones judiciales por usar el escudo y ese cargo, que lo avala la soberanía popular, en un folleto propagandístico del PP. Monago firmaba como presidente de la Junta sin que los ciudadanos así lo hubieran decidido. Esa efímera gloria ha descubierto que alrededor del abogado Monago no le reconocen los límites constitucionales de la libertad de expresión que sí desean aplicar a los periodistas a golpe de denuncia. Ni límite al honor, ni a la protección de la infancia y la juventud, que es la esencia de todos sus males. Hasta para elaborar listas. Están más cómodos saliendo al campo como ‘escopeteros’, disparando a sus propios secretarios, batidores y recovas. Pero, sobre todo, le ha provocado echar por la borda lo que necesita cualquier político para que sus propuestas, sus promesas, las tomen en consideración sus vecinos en una campaña electoral: la credibilidad, divino tesoro.

Diario HOY, 9 de abril de 2011

Libro: “Libertad de expresión: una discusión sobre sus principios, límites e implicaciones”. Autores: C. Guerra, M. Guanipa, Yuri Cisneros y A. Cañizález. Libros El Nacional. Univ. Católica Andrés Bello. Caracas, 2007. 148 pags.

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