La reacción del padrino

1 08 2008

Hijos de emigrantes o de obreros que se disfrazan de nacionalistas o localistas para buscar una ridícula vía de reconocimiento social


Cuando sólo atendía a las letras y música de los Golpes Bajos, Juan -mi profesor de filosofía- se empeñaba en enseñarnos el conductivismo y los procesos sicológicos de reacción. Con los años, lo entendí: Si un comando terrorista esconde apellidos castellanos o alguien se define como “liberal” para no decirse legítimamente “de derechas”, detrás se encierran complejos de inferioridad que los conducen a ser “más papistas que el Papa” o a disfrazar sus conciencias porque no se aceptan como son.

Tras la agresión a varias bandas que desprende la campaña en la red “Apadrine un niño extremeño” del concejal independentista en Torredembarra hay mucho de eso: Utilizar logotipos del Estado para autoproclamarse legitimidad, la bandera y el escudo de Extremadura en su obsesión permanente por comunidades políticas en las que sentirse integrado… Lo que restalla es esa fijación por menores desnudos en el cartel digital. Disculparán los lectores que no intente profundizar en su significado: Pero repele.

El fenómeno del desclasado, del que imita señas de identidad en un mundo cambiante y universalizado, se concreta hoy en hijos de emigrantes o de obreros que se disfrazan de nacionalistas o localistas para buscar una ridícula vía de reconocimiento social. Confunden terruño con capacidad económica. Esa continua dependencia que se imponen a una bandera los convierten -además de en pobres marionetas- en seres con mente reducida, determinados culturalmente e intolerantes hacia todo lo que les recuerde sus orígenes. El concejal bloguero se apellida Suñé Morales, sus antecedentes maternos son murcianos, y lo ha derrotado la misma pluralidad de la que huye y que es la esencia de Internet.


En el siglo XIX, la burguesía comerciante se regaló fastuosos palacios, ropas y modas exageradas para que en sus palcos de ópera y liceos les confundieran con la nobleza. Incluso, casaron con ellos. Y esos propietarios de industrias y capital, unidos a una Iglesia regionalista temerosa de que Satán llegara con la mano de obra barata, se reinventaron los orígenes de algunos territorios y los bautizaron como naciones para marcar también sus diferencias con el lumpen de las conurbaciones de Bilbao o Barcelona.


“Son escenas olvidadas, repetidas tantas veces…” cantaba Germán Coppini, vocal de Golpes Bajos, la noche del sábado en el Contempopránea de Alburquerque. A mitad del concierto, percibí que era de los pocos que tarareaba sus letras, comprendí que allí sólo buscaba un lifting para quitarme veinte años en una hora y –observando a los jóvenes indies a mi alrededor- sentí ese ridículo que te queda cuando estás de más en un sitio. Como lo habrá sentido a posteriori un xenófobo e ignorante representante de Iniciativa per Catalunya en un ayuntamiento difundiendo semejante tesis nazi. O esos opositores a nuevos ricos que -por ambición o por el “qué dirán”- se embarcaron en una riqueza virtual que hoy no saben cómo sostener y buscan culpables para que les apadrinen esa reacción contra sus propios complejos de inferioridad. Aquí somos, por lo general, normales y más estables. O, al menos, nos damos cuenta antes de que estábamos haciendo el panoli.


Diario HOY. 1 de agosto de 2008

Libro: “Confesiones de una dama indigna”. Autora: Esther Tusquets. Editorial Bruguera. 368 páginas. Precio: 19,50 €

Libro: “20.000 leguas de viaje submarino Pop-Ups”. Autor: Sam Ita. Editorial SM. 12 páginas. 24,95 €

Sitios recomendados: Festival Contempopránea, en las laderas del Castillo de Luna. Alburquerque. Extremadura

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