Salir fuera

9 10 2009

Hay funcionarios que ahorran uno de cada cuatro euros porque se acongojan con que el paro crece y, con su temor, sólo logran incrementarlo


Sí -ya lo sé- el titular es reiterativo. ‘Salir’ no necesita el adverbio ‘afuera’ o ‘fuera’ porque nunca se podrá ‘salir adentro’. En esto del lenguaje hay mucha miga psicológica. Las madres, cuando en las ciudades podíamos jugar en los lejíos -que eran los solares baldíos que la Junta siempre quiso gravar para frenar la especulación- nos gritaban «¡Éntrate p’adentro!» cuando el cielo amenazaba lluvia o era la hora de recogerse si ya anochecía. En el fondo, esa construcción lingüística sólo desprendía protección. Si salir afuera suponía temporalidad ante el castigo silencioso de la emigración en Extremadura, regresar a casa nos protegía del miedo de la noche o de la debilidad humana ante las fuerzas de la naturaleza.

«Salir fuera» se convirtió después -en los años de la euforia- en una construcción esnobista que aplicábamos para vísperas de vacaciones. Los que siempre emplearon el mes de descanso para regresar al pueblo materno, que pasaba por aceptar que la Costa del Sol era un lujo para economías más allá de los Pirineos, pregonaban el ‘salir fuera’ como un eufemismo sardónico para anunciar a los vecinos que la familia se iba una semanita a un apartamento a La Antilla o -con mucha suerte- a un hotel de Fuengirola. Nada de emigración obligada; puro placer, tras años de austeridad y ahorro.

No es que los extremeños hayamos vivido toda su historia de fronteras hacia dentro. Sin caer en los imperialismos de nuestros conquistadores en América, existe toda una tradición comercial desde Baños de Montemayor hasta Monesterio, gente que ‘salieron a buscarse la vida’. Eran comerciantes herederos de Ruta de la Plata, capaces de comprar tripas de cerdo en Tendudía y revenderlas en Sevilla, o de cargar lana de desecho en Béjar para telares clandestinos que ocupaban a las mujeres rurales de nuestra tierra. Así, también, creció el comercio pacense para Portugal, o el contrabando en aquellos barrios de aluvión. No es extraño que la renta media de Extremadura -de poco más de 16.000 euros al año- sea de las más bajas de España cuando el 60% de las pensiones, en una región castigada por el látigo demográfico de la emigración, son mínimas, no contributivas, propias en muchas mujeres a las que nunca se les contabilizó el trabajo sumergido o como manos de obra para apañar la aceituna, o para el mismo contrabando.

En esta encrucijada pulula demasiada gente atemorizada, que ‘se entra p’adentro’. Funcionarios, y asalariados estables, que ahorran uno de cada cuatro euros porque se acongojan con que el paro crece y, con tanto temor, sólo logran incrementarlo. Pero, por el contrario, incrementa también un viaje al interior en cada persona, como dice la última campaña de promoción de Extremadura. Recuperar esencias y valores, que no por ser más baratos, satisfacen menos al ser humano. Hay amigos que se enamoran de mujeres más gordas, y menos lujosas, que sus cónyuges de toda la vida. «Son más vitales», dicen… Hay amigas que lo dejan todo por disfrutar de quien hoy es su mejor compañero. La política se reafirma firmando códigos para renovar la confianza que -en caso contrario- sería sangre para tiburones del populismo. Sólo nos falta encontrar comerciales que sepan vender en Bulgaria, Polonia o Brasil nuestro modelo de sanidad pública, de educación basada en nuevas tecnologías, o de viviendas protegidas que nos convierten en referente del bienestar en Europa, empresas que presuman de ‘salir p’afuera’. Eso lo enseña la calle, nunca de puertas para adentro… por mucho que te quiera tu madre.


Dario HOY. 9 de octubre de 2009

Libro:Hacienda, Comercio y Contrabando en la Frontera de Portugal (Siglos XV-XVIII)”. Autor: Melón Jiménez, Miguel Ángel. Colección Crónica del Occidente. Cáceres: Cicon Ediciones, 1999

Libro: “Guapos y sus isótopos”. Autor: Rafael Sánchez Ferlosio. Editorial Destino. 127 páginas. 19,5 €

Sitios recomendados: Ruta de la Plata. De Sevilla a Astorga. Calzada romana y Arco de Cáparra







Sembrar la confianza

22 05 2009

Confianza han sembrado nuestros cooperantes en países en vías de desarrollo. Son embajadores fiables para internacionalizar nuestras empresas


La primera solución para salir de la crisis pasa por recuperar la confianza. Si el 90% de los españoles consideran que la situación económica es mala o muy mala pero, de esos mismos, el 65% cree que su situación personal es buena o muy buena, la percepción ciudadana está miope o demasiado envenenada por una dinámica electoral, que reaviva conflictos con facilidad, y por un escaparate mediático que necesita cicuta para atraer audiencia.

El pacto entre los dos grandes partidos políticos en Euskadi o con el nuevo Estatuto de Autonomía ha devuelto por un rato la esperanza en la política; también anima la responsabilidad que muestran patronal y sindicatos para afrontar los retos inmediatos y estructurales de la economía desde el diálogo social. Si no deseamos levitar durante años a ras de suelo, la política debe contribuir al consenso para iniciar reformas, tan impopulares como necesarias, y devolver la confianza al sistema.

Confianza para reciclar a esos jóvenes que, en precario, ganaron como alumnos de Operación Triunfo durante la borrachera de ladrillo y hoy necesitan de la formación que rechazaron para dar sentido a su vida y pagar el Audi. Cooperación entre administraciones, especialmente entre CC. AA. para que las alucinaciones de ira no se las lleven por delante. Mimar las iniciativas empresariales desde lo público como si fueran especies protegidas y aplicar un nuevo principio -‘In dubio, pro empresario’, dijo Vara ante las Cámaras de Comercio extremeñas- donde la confianza y la eficacia se impongan al recelo legalista. En Australia, se puede montar una empresa en 24 horas y durante los siguientes tres meses son los funcionarios quienes se desplazan para solucionar el papeleo y certificar los controles administrativos. Europa aprobó una directiva de Servicios en ese sentido -conocida como Ley Ómnibus- que no ha pasado de ser una declaración de intenciones, con tanta lentitud como la burocracia para ejecutarse. En España seguimos pidiendo como trámite ‘la fe de vida’ a quien tenemos delante, de cuerpo paciente.


Si eso no cambia, no saldremos. La confianza tarda en generarse años y se pierde en un día desafortunado. Y tenemos pendiente nada menos que cambiar el modelo: el déficit energético y de tarifas, la competitividad de nuestras empresas; la gestión del agua; gravar el consumo de bienes producidos fuera porque no contribuyen a un sistema de protección social que no queremos recortar; reformar el mercado laboral acorde a ese nuevo modelo; diseñar una educación basada en el aprendizaje y las habilidades, y no persistir en producir enciclopedias universitarias con la misma utilidad que la que decora la biblioteca… En definitiva dar valor a nuestra sociedad para una nueva economía.

El valor de la confianza lo han sembrado nuestros cooperantes en países en desarrollo. Son embajadores fiables, aliados en el desarrollo de esos mercados emergentes, más aún con el conocimiento y experiencia de una región que también partió casi de cero. Durante la borrachera, Extremadura se preocupó en tejer una red de confianza ante poderes locales y regionales con sus políticas de cooperación. Decir allí ‘empresa extremeña’ sería apelar a esa voluntad cooperativa, a no desangrar al prójimo, internacionalizar nuestra economía y aprender de los cooperantes que, en países con una burocracia casi nula, iniciativas de empleo y riqueza son factibles en este mundo desnortado.


Diario HOY. 22 de mayo de 2009

Libro: “Propuestas ante la crisis”. Autor: Consejo Superior de Cámaras de Comercio. Mayo, 2009. Visualización en http://www.camaras.org

Sitio recomendado: Australia. Centro financiero de Sidney





Ejercicio de humildad

28 11 2008

Desde esa cita de París, se han comprometido medidas públicas para atajar perniciosos efectos de las burbujas pero todo eso tiene su reverso: realismo y esfuerzo


La conciencia nacional creada por Theodore Roosevelt no era “meling pot” sino “melting pot”. Nunca hubo una movilización de tabaqueros en Bruselas el 14, sino el 19 de noviembre. Tampoco estuvo Vara en Bolonia, sino en Verona. Y mi profesor de filosofía jamás me explicó el “conductivismo” sino el “conductismo”. Pero la mayor humildad de un columnista pasa por reconocer que sus análisis construyen injusticias hacia terceros por no saber especificar. Eso me ha pasado con los comerciantes y empleados que, como mi padre, se sintieron ofendidos por no reconocerles -en el anterior artículo- el esfuerzo que desplegaron durante años de autarquía para España y Portugal, y sólo ellos sabrían explicarlo con objetividad. Disculpas públicas ante semejante ligereza: mi bienestar se cimentó en sus sacrificios.


Vienen tiempos duros, los primeros que sorteará la generación de europeos con mayor protección y nivel de consumo de su historia. Será nuestra particular posguerra, afortunadamente dirimida en mercados bursátiles y pulsos financieros y -así lo esperemos- nunca más en campos de batalla. Pero, sin duda, un desafío para españoles y portugueses que han cumplido con su etapa formativa, disponen de las mayores cotas de cultura de la historia, incluso de una movilidad laboral impropia para la tradición distante que heredamos, pero felizmente desacostumbrados a sortear largos periodos de crisis.

Ya podremos lamentar que todos pagaremos la cuenta por igual, hayamos -o no- catado un maldito vaso en la bacanal que zarandeó al mundo desarrollado, pero cada vez que un Estado aprueba un plan para aportar liquidez al sistema (España) o para rescatar de la quiebra un banco (EE.UU.) el dinero es el de todos. Y no hay otra solución. Para que la economía real vuelva a carburar sólo falta que ese plasma active las articulaciones y los músculos y llegue a quien debe llegar. La cooperación con otros siempre ayuda a que todo sea más rápido. Quizás, ésa sea la primera conclusión de la semana de Extremadura en Lisboa. A mí, me ha devuelto confianza.

A la decisión sin precedentes que adoptaron los países del euro el 12 de octubre, se le ha añadido esta semana la inyección de 200.000 millones de euros por parte de la Comisión Europea y de 800.000 millones de dólares en EE.UU. Suponen la definitiva constatación de que la socialdemocracia es el traje más adecuado para corregir la anarquía que sustituyó la libre competencia por la barra libre. La otra cara de la moneda no se quiere -o no se sabe- explicar: Los gobiernos lasboristas en Inglaterra tras la segunda guerra mundial, o de Willy Brandt en Alemania tras la crisis energética de 1973 fueron la consecuencia electoral para afrontar periodos de esfuerzo y ajuste. Desde esa cita de París, se han comprometido medidas públicas para atajar perniciosos efectos de las burbujas pero todo eso tiene reverso: abrir un periodo de realismo, sacrificio, esfuerzo, compromiso, excelencia y eficacia en cada uno y -como común denominador- solidaridad para la protección de los que se quedarán desamparados durante tal ajuste. Y ahí, todos tenemos que reconocer nuestros deslices.


Diario HOY. 28 de noviembre de 2008

Libro: “Yo, lo supérfluo y el error”. Autor: Jorge Wagensberg. Editorial Tusquets. 288 pags. 19 €


Libro: “Netherland”. Autor: Joseph o’Neill. Editorial El Aleph, 2009. 304 páginas. 21,5 €

Sitios recomendados: Comisión Europea y Parlamento Europeo. Bruselas y Estrasburgo