Bandas de Nueva York

11 04 2008

Para cualquier delfín que aprenda criticando un aeropuerto en Cáceres, liderar un proyecto regional será atravesar un océano de corrientes contradictorias


En Gangs of New York, Ámsterdam Vallon, el hijo del sacerdote irlandés que lideraba “Los Conejos Muertos”, asesina a Bill “El Carnicero”, dueño del suburbio durante décadas y jefe de “Los Nativos”, oriundos neoyorkinos desde que los puritanos iniciaron la representación parlamentaria con la primitiva constitución de New Haven. Bill fue para Ámsterdam el padre que nunca tuvo. Años antes, él mismo se lo amputó para hacerse con el control. Su definitiva muerte es una venganza pero no se aleja del principio freudiano en el que el ser humano “mata al padre” porque es el dueño y señor del goce.


En 1860 los partidos políticos no existían. Bolingbroke los definió como “facciones” porque los partidos van más allá de los intereses personales de sus miembros, y crean y sustentan muchas de las instituciones del Estado. A lo sumo, eran asociaciones locales, promovidas por aristócratas o granburgueses que financiaban la actividad electoral. Lo que Norberto Bobbio calificó como “partidos de notables”. En España, tal expresión se fraguó con la Restauración alfonsina. Como ahora, todos se autodenominaban liberales: los liberales conservadores, de Cánovas; y los liberales fusionistas, de Sagasta. Eran grupos de propietarios, con sus respectivas clientelas, sus órganos de prensa, sus apoyos locales. Cada uno lideraba una facción y la misión del líder era mantenerlas unidas, y repartir el poder equilibradamente entre ellos. Sin el carisma suficiente, esa estabilidad se iba a pique. Así sucedió en España durante sesenta años. También en Badajoz. Aún se canturrea alguna copla entre Lopos y Albarranes. En 1896 aquel enfrentamiento alcanzó grado de altercado público.


Badajoz desea ser el pequeño Nueva York de Extremadura. Ya se presentan rascacielos al pie del Puente Real y carriles bus. Sin embargo, movimientos nativos no están por la labor. Necesitan del localismo, de la caspa, del conflicto, de la arquitectura del pasado siglo para publicitar su interés por el terruño y por una identidad casi étnica. Y los partidos políticos terminan reñidos con esos foros, aunque a nivel local se mimeticen con la mezcolanza ideológica o social que esconden bajo su arcaico concepto de ciudad. Son dos mares. Incompatibles. Para cualquier delfín que aprenda a nadar criticando por qué Cáceres, el pequeño Boston, quiere su aeropuerto, liderar un partido más allá de lo local será atravesar un océano lleno de sus propias corrientes contradictorias. “Las ayudas de que disponemos los pacenses no van acordes y al compás del potencial y lo que ofrece a Extremadura”, dice en su blog algún líder provincial conservador, elevando las balanzas locales a categoría de eje ideológico. Difícil es que un alegato nativo dote de cohesión a cualquier proyecto regional o nacional. En el film de Scorsese, las luchas entre facciones desembocaron en la guerra de Secesión. Y lo peor es lo que, también, dijo Churchill: “Prefiero la guerra a la política, porque en la guerra sólo se muere una vez”.

Diario Hoy. 11 de abril de 2008

Libro: “La interpretación de los sueños” (Die Traumdeutung) de Sigmund Freud. Viena, 1900. www.planetalibro.net/ebooks

Libro: “La familia Mumin en invierno”. Autora: Tove Jansson. Editorial Siruela. 136 páginas. Precio 15,9 €

Sitio recomendado: Maqueta de las futuras torres en la margen izquierda del Guadiana y la sede de Cajabadajoz, el edificio más alto de Extremadura.