Imagine

28 11 2009

Hay docentes que cooperan para que los alumnos pasen por el calvario de disipar sus castillos en el aire


Escojo esta canción del ex beatle, un himno al idealismo, para titular en una nueva etapa del diario HOY este milenio: “Imagina a la gente viviendo en otro mundo”, dice Lennon, cantante de la paz. La imaginación es el triunfo de la razón. Ilustra el progreso del mundo. La luz de la resurrección para los creyentes tras la muerte. Los avances de la humanidad nacen de ella. Es la bisectriz que une Cervantes, Saramago y el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán. La proyecta hasta el realismo mágico latinoamericano, más allá de interpretar hechos novelados que definen a la Biblia, al Corán o “El siglo de las luces” del musicólogo cubano Alejo Carpentier.


Como el sol y el agua, da vida a la tierra. Alumbra el futuro. Ahora que copiamos modas de films o videojuegos, cobra más valor Miró, la música de los ochenta, el misterio del carnaval veneciano, chispa y fantasía en Río, Cádiz, Tenerife o Badajoz. Vive la Sevilla de Velázquez y Murillo, jarana del señorito, gitana que vende flores, ciudad donde llaman imaginería al arte religioso, que guarda sueños en el Real Archivo de Indias –muchos extremeños- hechos realidad.

No existe estrategia militar más eficaz. El caballo de Troya o fortalezas de frontera –la Vauban- son patrimonio de la humanidad. Con la ciencia, inspira la investigación: centros tecnológicos en Masachusets y Monterrey; el CTAEX transforma vegas y viñas en alimento; o en el previsto para el cerdo en Zafra. Creación, el ágora, pregón del Gabinete de Iniciativa Joven, batalla al pasado. Implantamos alimentos saludables en comedores, vacunas… y aún colegios o universidades tratan a los alumnos como pencos. Docentes que cooperan para que pasen por el calvario y disipar sus castillos en el aire. Comulgan con ruedas de molino cuando parece delito persistir con tan primitivo método. Fabrican frankensteins. Aniquilan sus almas para sumirlos en rotondas denunciables: ya los premian, como ratas de Paulov, con un quesito como aprobado; ya, como titís, excursiones o paseítos en barca. Para más inri, cien millones de niños no van a la escuela. No recogen ideas de baldes en el patio de juegos para perjuicio de la comunidad. Mantienen el “quien mucho abarca, poco aprieta” en este siglo de Internet. Para tanta memoria, Extremadura adquirió el computador Lusitania.

Imaginar no es un don, ni un lema publicitario: “Cuanto más trabajo, más inspiración tengo”, decía Picasso. Quienes recurren a botellas, porros o pastillas sólo aparentan por un instante ver la luz. Creen que borrachos y niños dicen la verdad. Terminan por pegarle patadas sin tono ni son, o abren el tiro al blanco, cuando se escapa. Otros optan por lo más cómodo y costoso: contratan a dedo creadores fuera de su ciudad. Olvidan artistas propios. Mantienen la barrera y renuncian a despeñarse, asidos a su caja de seguridad. Hubo, y hay, alcaldes sin ilusiones, presos de rutinas, calvos de ideas, antes de imaginar una ciudad más sostenible.

Ideas, poder de los hechiceros en las tribus. La magia sacó al genio de la lámpara. Hasta para la falsa denuncia de Floriano contra las escuchas del SITEL regala la mejor respuesta. La dio el ilusionista Robert Blake en el teatro López de Ayala: “No le dé más vueltas. Todo lo que usted ha visto –ha leído, en este caso- es sólo producto de su imaginación”.

Diario HOY. 28 de noviembre de 2009

Libros: “Don Quijote de la Mancha”. Autor: Miguel de Cervantes Saavedra. Varias eds.

Libro: “Vida y hechos del pícaro Guzmán de Alfarache: atalaya de la vida humana” de Mateo Alemán. Volumen 33 de la Colección de los mejores autores españoles. Bandry, 1847. 482 pags.

Libro: “El año de la muerte de Ricardo Reis”. Autor: José Saramago. Punto de Lectura, 2004. 600 pags. 10 €

Libro: “La encantadora de Florencia”. Autor: Salman Rushdie. Editorial Mondadori. 336 páginas. 23 €

Libro: “La educación de Hopey Glass”. Autor: Jaime Hernández. Editorial La Cúpula. 18 €




Sitio recomendado: Fortificaciones de frontera. Muralla Vauban. Badajoz


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Imagina tras el Carnaval

13 02 2009

Las letrillas y los disfraces son un ejemplo más del triunfo de de la creatividad. Por el contrario, no hay año en el que, de unas murgas a otras, se acusen de imitar ritmos o tipos desvirgados en Cádiz


Ya huele a Carnaval. Desde esta semana las páginas locales comienzan a narrar las noches que construyen las murgas en el Teatro López de Ayala. Los timbales en ensayo y el silencio de la aguja atravesando la tela se apoderan de las tardes de Badajoz, de Mérida o de Navalmoral de la Mata. Estamos más recatados –lo reconocen los propios carnavaleros- pero nadie renuncia a su advenimiento casi como un ciclo tribal.


Las letrillas y los disfraces son un ejemplo más del triunfo de de la imaginación. No hay año en el que, de unas murgas a otras, se acusen por imitar ritmos o tipos desvirgados en Cádiz o Tenerife, ni expertos en la fiesta que alaben la originalidad y la búsqueda de ese pellizco único, que nos sorprende y nos sacia más que una propiedad. Fue Eduardo Punset en el Palacio de Congresos de Mérida, con motivo de la presentación del Gabinete de Iniciativa Joven, quien afirmara que “las células que activamos en el cerebro para crear nuestra idea de un olor, de un sabor o de un sonido sin conocerlo de antemano son las mismas, exactamente las mismas neuronas, que codifican la imagen visual de cualquier objeto ya conocido”.


La imaginación, la creatividad es la esencia del ser humano. También para salir del túnel. Si no la activamos, esta prórroga que nos regala el gasto público y la cobertura social se acabará y –como en una competición deportiva- decidirán los penaltis: Y eso siempre es una lotería.


La imaginación está detrás de la industria de los videojuegos, o de las agroalimentarias en nuestra región. Más de 550 millones de € han facturado sólo doce cooperativas el pasado año y una de ellas, con casi el 50% de esta producción, ha encontrado financiación para nuevos proyectos en la banca. Y son nuevos porque, como las letrillas cada año para un murguero, se adaptan a nuevas realidades: arroz, queso o fruta bajo una marca común que nos distinga, plantas medicinales o farmaceúticas que puedan sustituir al tabaco progresivamente, nuevos envases… Todo nace a partir de una idea, que cubra una necesidad, y de la tecnología que la perfeccione. En este sector, la tutela del CTAEX en la finca La Orden-Valdesequera, como en los futuros Centros del Cerdo Ibérico y de la Agricultura Ecológica, o que los enólogos planifiquen la seña de identidad permanente de un caldo son tan imprescindibles como esa imaginación y la determinación para llevarlas a cabo.


En esta semana de casi carnaval me han trasladado ideas como distribuir la leña que se poda en las encinas de nuestras dehesas –seca y de aire- para su venta en grandes superficies y para clientela de chalet. Extraer biogas de una granja porcina, es decir, energía del estiércol. Otro amigo, la posibilidad de que el Consorcio del Teatro de Mérida subaste en eBay un número limitado de ceremonias civiles de boda que se cotizarían tanto como sus fotografías. Y hay quien imagina un Karpov-Kasparov en la Plaza de San Jorge o en ese Teatro como proyección para Cáceres 2016.


Siempre nos queda la opción de la destrucción y de los mutuos reproches pero, a estas alturas, ese disfraz –aparte de repetitivo- no aporta luz ni satisfacción alguna.

Diario HOY. 13 de febrero de 2009

Libro: “Los mecanismos de la ficción”. Autor: James Wood. Traducción Ana Herrera. Editorial Gredos. 191 páginas. 23 €

Libro: “Plantas medicinales en la Comunidad de Extremadura” Francisco Mª Vázquez Pardo (Coord). Diputación de Badajoz, Departamento de Publicaciones 2008. 578 pags.

Sitio recomendado: Carnaval de Navalmoral de la Mata y Badajoz. Desfiles de murgas y comparsas






Historias de Dignidad y Muerte

1 09 2008

Artículo relacionado “Vivir Extremadura”. Año IV. Nº 19. Octubre-noviembre 2008: “Historias de Dignidad y Muerte”.

Lo único claro para cualquier ser vivo desde su nacimiento es que algún día morirá. Los creyentes, desconsolados por la pequeñez que supone nuestra propia existencia en la historia de la humanidad, guardamos la esperanza de que el alma continuará viva en otro mundo celestial. Los realistas atribuyen esa continuidad de nuestra obra en nuestros hijos y nietos, depositarios directos del legado que forjaron sus progenitores, y en la comunidad donde seguro que habrán contribuido para su progreso y bienestar: “Nada se pierde, todo se transforma”, dijo Lavoisier.


Sea cual sea la solución, lo cierto es que la muerte es el acto más importante de nuestra vida, en palabras de Ernest Renan. Hay muerte dulce, muerte negra, muerte súbita, violenta, con ella en los talones… Todo un culto desde las culturas prehistóricas que en la tradición judeocristiana tiene su máxima expresión artísitica en la etapa romántica, que coincide con la proliferación y el desarrollo de las artes plásticas en panteones y tumbas como última morada del yo individual que una nueva clase burguesa se reclamaba para sí en el siglo XIX, a imitación de la aristocracia.


A mayor imperio de la razón frente al dogma, los usos y costumbres de los humanos se han apartado de esa obsesión por el otro mundo. La tecnología y una mayor higiene sustituyen los osarios por crematorios, y las tumbas y nichos por urnas donde guardar las cenizas de un familiar, que pueden acompañarnos -y adornar al mismo tiempo- en el recibidor de palisandro de nuestra vivienda. Y hoy, en España, asistimos al inicio del debate para consolidar el derecho a una muerte digna que -como el principio bíblico del “parirás con dolor” ya felizmente superado por la epidural gratuita y universal en nuestra sanidad pública- lleva aplicándose parcialmente en las UCI,s y las UVI,s de nuestros hospitales con el consentimiento generalizado de las familias, de cualquier ser humano, que jamás defenderá alargar el dolor de un congénere de forma gratuita.


Pese a esos recientes avances, los camposantos continúan guardando la historia de cada localidad, como antes lo fueron los subsuelos de parroquias y catedrales. En Extremadura, cualquier paseo por uno de ellos nos descubre la familias que forjaron la nobleza de cada villa. También los anónimos. En Cuacos de Yuste, cerca del monasterio que acogió la muerte de Carlos I de España y V de Alemania, decenas de soldados germanos en las grandes guerras del pasado siglo encontraron su descanso al lado del emperador. En Campillo de Llerena son soldados del fascio italiano los que moran, con sus nombres y apellidos, tras una sangrienta batalla en la guerra del 36 contra las tropas republicanas de La Serena. En Pizarro, pedanía próxima a Miajadas, construida como otros 38 núcleos de población con el Plan Badajoz, había cementerio pero no difuntos: los colonos inmigrantes en las Vegas Altas morían y, antes, pedían ser enterrados en sus pueblos de origen. Es historia de la región.


Parte de la identidad y de la dignidad de los pueblos, de cada familia, está entre cruces y lápidas de granito o mármol. Recientemente, algunos diputados provinciales visitaron el cementerio parisino de Père-Lachaise para identificar y reclamar el traslado de los restos de Manuel Godoy a Badajoz. Allí descansan también Camus, Chopin, Balzac, Molière, Wilde o Jim Morrison. Espero que antes de 2012, bicentenario de la promulgación de la Constitución de Cádiz e inicio de la intermitente senda democrática en nuestro país, podamos también completar el traslado de los restos de Muñoz Torrero -uno de sus redactores- a Cabeza del Buey, ahora en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid.

Por eso, no acabo de entender que cualquier humano se llame así y no apoye sin ambages que otros miles de anónimos -de cualquier bando, sexo o condición- continúen silenciados y humiladas sus memorias en cualquier cuneta, en una fosa o en un páramo escondido. Ellos, para bien o para mal, también forman parte de la historia de nuestra tierra, demasiados años silenciada por la fuerza y la sinrazón. Y pasados los años, y también cualquier atisbo de venganza, muchas familias no tienen una lápida o un nicho donde rezarles, llevarles flores u honrar su memoria. Son sus hijos o nietos. La prolongación de su existencia, según los realistas. Y una parte de la historia de Extremadura demasiado anónima. Hasta que sus herederos decidieron que las heridas sólo se cierran devolviéndoles su sitio negado en el camposanto de su pueblo, o en un cementerio civil acorde a su ideología.


Para devolverles la vida el hombre sigue siendo un minúsculo ser, aún temeroso de su propia muerte. Para recuperar la dignidad, sólo hacerlos miembros de esa comunidad, de la que dejaron de formar parte demasiado jóvenes, es suficiente: Descansen algún día todos en paz para justicia con nuestra propia historia.

Artículo recomendado: “Diego Muñoz Torrero: Un liberal trágico”. Autor: Francisco Rubio Llorente. Revista Claves de la Razón Práctica. Nº 185. 2008. Pags. 46-51