Burguillos Hockey Club

17 04 2010

La globalización, la libertad de personas e ideas, no deja ya patrimonio exclusivo a ningún territorio

Santi y Oscar Méndez son dos hermanos que viven en Burguillos del Cerro. Son hijos de un carpintero de la localidad que se marchó joven a Piera (Barcelona) para crear una familia. Allí nacieron. Con los pocos ahorros y el hartazgo de una vida de sacrificio volvieron al pueblo con sus padres. Como tantos otros niños de la diáspora, rompieron lazos y su afición adolescente, jugar a hockey patines, para ayudarles a levantar su pequeño negocio familiar.

En Piera se vive el hockey como en Reus: es la propia vida. Los conocí aún solteros y me dijeron que querían montar la primera cantera de este deporte, de innegable seña catalana, en Extremadura. Tenían el apoyo -aún pervive- de la empresa de granitos de su localidad, Grabasa. Me recogieron un sábado y nos fuimos a Lisboa a ver un Benfica-Barcelona; el “Panchito” González, el más genial y anárquico jugador de la historia moderna, le duró sólo un tiempo a la máquina barcelonista: “Algún día tendremos jugadores así”, me dijo Óscar. Inscribieron al equipo de infantiles en la liga regional portuguesa y convencieron a su alcalde, José Calvo, para que readaptara el pabellón polideportivo a una pista de hockey, con parqué y peraltes. Hasta entonces, patinaban en una al aire libre y en la plaza del pueblo. A los pocos meses, la selección extremeña -que era su club- se proclamó tercera de España. Tenían inscritos a un pelotón. Hoy, esos chavales, ya hombres, junto a una embajada de Maçanet de la Selva (Gerona), van a ascender a la Primera División de este deporte si el próximo sábado pierden por menos de dos goles. Tal y como sucediera con el Liceo gallego o los emigrantes asturianos retornados, Extremadura se ha normalizado también con este deporte. La globalización, la libertad de personas e ideas, no deja ya patrimonio exclusivo a ningún territorio. Ni siquiera para esto que, aún de niño, lo asocio a los Trullols, Villacorta y Villapuig, y aquellas batallas contra la selección lusa que veíamos en la tele de madrugada.

El Tribunal Constitucional no sabe a quien pasar la bola del Estatut. El último de sus borradores de sentencia, que lleva ya 4 años de stick en stick, anula 15 artículos y tiene dudas sobre otros 20. El procedimiento allí llegó viciado porque cuenta con la legitimidad de la aprobación en el Congreso y en un referéndum, pero con dudas del máximo órgano constitucional. Algo que sería normal hasta en una república federal como los EE.UU. que tiene en su Tribunal Supremo al garante de derechos y libertades entre estados. Pero aquí no estamos acostumbrados. Nos enfrascamos en debates sobre unidad y nacionalidad, mientras los ciudadanos están preocupados por el futuro de las plantas automovilísticas en Cataluña; por la inmigración, que no es culpable de la caída del consumo; o por conseguir una entrada ayer para ver a los Estopa en Mérida, otros hijos de emigrantes que elevan la rumba y lo “lolailo” a expresión musical de esa nación cultural que conforma España.

Le he preguntado a Johny, goleador de Maçanet, del Burguillos Hockey, si la gente está preocupada. Me dijo que no: “Estoy seguro que el pabellón lo llenamos el 24 y ascendemos”. Pues eso: ¡A llenar el pabellón, que podemos ascender a Primera!

Diario HOY. 17 de abril de 2010

Libro recomendado: “Extremadura, entre la inmigración y el retorno”. Autor: Antonio Pérez Díaz. Revista Alcántara, 1988. 3 y 4. pp 255-284.

Sitio recomendado: Burguillos de Cerro (Badajoz) a los pies de su castillo.


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