Nos hundimos, mi capitán

7 10 2011

Hay 125.000 parados en Extremadura. 5.457 más este mes. En España, el aumento ha sido de casi cien mil. Un drama. Un padre se tuvo que instalar con sus cinco hijos en una cochera de 35 metros cuadrados. Los desalojaron. En algunos barrios no se aguanta más. Muchos vivían de la construcción. No se prepararon porque había tajo. Se fueron de los pueblos a las ciudades a iniciar una nueva vida. Para vivir deprisa, se marcharon a la costa como encofradores de lunes a viernes, o camareros. Otros, al camión. Algunos no volvieron, se quedaron en la carretera; o al calor del amor en un bar. Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor -y la ideología- saltan por la ventana. Se respira crispación fuera, pero también dentro de cada casa. Ahí tienen una primera causa para analizar la violencia de género. “Un hombre sin cinco duros en el bolsillo, puede hacer cosas que no son de hombres”, decía mi abuelo, un viejo policía de barrio. Ahora, con la ansiada igualdad, también la mujer. Y la cosa se trenza más. Se discute si poner en marcha, o no, un plan de choque, que genere empleo a corto plazo pero -sobre todo- que sirva de cortafuegos para tanto decepcionado por los falsos sueños que siguen ofreciendo la televisión, algunas chicas de barrio. Y pocos se reconvierten. Conozco pocos casos en los que un obrero manual llegue a guía de museo. En Asturias, los mineros; en Martorell o Manresa, repartiéndose las horas para que todos coman; los que fueron soldados profesionales buscándose la vida.

El sistema económico se explica, como todo, por el principio de Arquímedes: si presionas el agua por un lado, rebosa por el otro. Y en el mar, lo que parece una grieta se puede convertir en una vía de agua irreparable. Le pasó al Titánic con un iceberg. Todos coinciden en la austeridad pero, ¿a cambio de qué? El dinero de todos salvó a los bancos del hundimiento y ahora es lógico que lo pongan al servicio del empleo. Quieren que nos levantemos todos los días con la prima de riesgo y lo de Grecia ya suena a extorsión: un día se salva, otro día agoniza. Y a los de aquí, a los del barrio, ¿quién los salva? No se para de achicar agua: ¿volvemos a tirar de salesianos, jesuítas u oblatos como fuerzas de choque, antes que como educadores de jóvenes sin rumbo? El dinero es el timón del sistema. Los promotores -esos que ponían los clientes a tiro- tendrían que reinvertirlo en otros sectores. Ahora que nos devuelven el botín del Odyssey y que la duquesa de Alba reparte su herencia entre los hijos, parece lógico que se comparta la carga. Lo hacen hasta los costaleros en Semana Santa, o en el Rocío.

 

Mientras, el tiempo apremia para los parados, autónomos y obreros que ansiaron una casa y ahora no pueden pagar; Según el banco vale menos que lo que le dijeron y tasaron. Los ayuntamientos no tienen para emplear a nadie. Vendieron su suelo por un euro y ahora no les llega para contratar a los que están en los barrios; o a cien kilómetros, sin saber si se van a casar un día, o si se van a casar otro día. Y vuelta a empezar la rueda. Hay que nivelar la carga mi capitán si no, el Titanic se va a pique. Se abrió una vía de agua. O la reconducimos, o esto llega a las máquinas.

Diario HOY, 7 de octubre de 2011

Libro: “Titanic”. Hal Leonard Corporation. 1998. 72 páginas.

Sitio recomendado: Vistas de los barrios de Río de Janeiro. Brasil-Brazil.

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Salir fuera

9 10 2009

Hay funcionarios que ahorran uno de cada cuatro euros porque se acongojan con que el paro crece y, con su temor, sólo logran incrementarlo


Sí -ya lo sé- el titular es reiterativo. ‘Salir’ no necesita el adverbio ‘afuera’ o ‘fuera’ porque nunca se podrá ‘salir adentro’. En esto del lenguaje hay mucha miga psicológica. Las madres, cuando en las ciudades podíamos jugar en los lejíos -que eran los solares baldíos que la Junta siempre quiso gravar para frenar la especulación- nos gritaban «¡Éntrate p’adentro!» cuando el cielo amenazaba lluvia o era la hora de recogerse si ya anochecía. En el fondo, esa construcción lingüística sólo desprendía protección. Si salir afuera suponía temporalidad ante el castigo silencioso de la emigración en Extremadura, regresar a casa nos protegía del miedo de la noche o de la debilidad humana ante las fuerzas de la naturaleza.

«Salir fuera» se convirtió después -en los años de la euforia- en una construcción esnobista que aplicábamos para vísperas de vacaciones. Los que siempre emplearon el mes de descanso para regresar al pueblo materno, que pasaba por aceptar que la Costa del Sol era un lujo para economías más allá de los Pirineos, pregonaban el ‘salir fuera’ como un eufemismo sardónico para anunciar a los vecinos que la familia se iba una semanita a un apartamento a La Antilla o -con mucha suerte- a un hotel de Fuengirola. Nada de emigración obligada; puro placer, tras años de austeridad y ahorro.

No es que los extremeños hayamos vivido toda su historia de fronteras hacia dentro. Sin caer en los imperialismos de nuestros conquistadores en América, existe toda una tradición comercial desde Baños de Montemayor hasta Monesterio, gente que ‘salieron a buscarse la vida’. Eran comerciantes herederos de Ruta de la Plata, capaces de comprar tripas de cerdo en Tendudía y revenderlas en Sevilla, o de cargar lana de desecho en Béjar para telares clandestinos que ocupaban a las mujeres rurales de nuestra tierra. Así, también, creció el comercio pacense para Portugal, o el contrabando en aquellos barrios de aluvión. No es extraño que la renta media de Extremadura -de poco más de 16.000 euros al año- sea de las más bajas de España cuando el 60% de las pensiones, en una región castigada por el látigo demográfico de la emigración, son mínimas, no contributivas, propias en muchas mujeres a las que nunca se les contabilizó el trabajo sumergido o como manos de obra para apañar la aceituna, o para el mismo contrabando.

En esta encrucijada pulula demasiada gente atemorizada, que ‘se entra p’adentro’. Funcionarios, y asalariados estables, que ahorran uno de cada cuatro euros porque se acongojan con que el paro crece y, con tanto temor, sólo logran incrementarlo. Pero, por el contrario, incrementa también un viaje al interior en cada persona, como dice la última campaña de promoción de Extremadura. Recuperar esencias y valores, que no por ser más baratos, satisfacen menos al ser humano. Hay amigos que se enamoran de mujeres más gordas, y menos lujosas, que sus cónyuges de toda la vida. «Son más vitales», dicen… Hay amigas que lo dejan todo por disfrutar de quien hoy es su mejor compañero. La política se reafirma firmando códigos para renovar la confianza que -en caso contrario- sería sangre para tiburones del populismo. Sólo nos falta encontrar comerciales que sepan vender en Bulgaria, Polonia o Brasil nuestro modelo de sanidad pública, de educación basada en nuevas tecnologías, o de viviendas protegidas que nos convierten en referente del bienestar en Europa, empresas que presuman de ‘salir p’afuera’. Eso lo enseña la calle, nunca de puertas para adentro… por mucho que te quiera tu madre.


Dario HOY. 9 de octubre de 2009

Libro:Hacienda, Comercio y Contrabando en la Frontera de Portugal (Siglos XV-XVIII)”. Autor: Melón Jiménez, Miguel Ángel. Colección Crónica del Occidente. Cáceres: Cicon Ediciones, 1999

Libro: “Guapos y sus isótopos”. Autor: Rafael Sánchez Ferlosio. Editorial Destino. 127 páginas. 19,5 €

Sitios recomendados: Ruta de la Plata. De Sevilla a Astorga. Calzada romana y Arco de Cáparra







La nueva Extremadura

6 06 2008

Hemos crecido sin rencor y mirando al futuro. Las primeras hornadas de españoles educados en libertad, que fueron masivamente a la Universidad y eso ya no tiene marcha atrás


Ahí estábamos, más de trescientos. Más gordos, más calvos o más canos, padres de familia ya aquellos niños que antes guardábamos fila y disciplina cada mañana. Entramos al patio del colegio como quien vuelve al estadio donde consiguió sus hazañas: “¡Mira qué buen pavimento han puesto! –dijo alguien… Seguro que, si rascan, tres capas más abajo encuentran nuestros ADNs. Nos hemos dejado aquí las rodillas”. Fuimos alumnos de los salesianos, convocados un sábado noche para conmemorar 40 años del centro educativo en Badajoz pero, sobre todo, para devolvernos unas horas de adolescencia, melancolía y recuerdo a los que no están.


Abogados, ingenieros, repartidores, hosteleros, comerciales, periodistas, profesores, administrativos, empresarios, bancarios, militares, farmacéuticos, veterinarios… Toda una sección urbana de esta nueva Extremadura que se crió durante los primeros años de democracia. Recuperábamos el pasado con cada minuto. Sin pareja, como entonces, tradición ya felizmente superada. Para recordar que no hubo clase el día siguiente a la muerte de Franco, ni aquella tarde en la que Rubén Cano nos clasificó para el Mundial del 78 y Juanito se llevó un botellazo de los yugoslavos.


Fuimos alumnos de aquel colegio concertado porque en el barrio de viviendas de autoconstrucción María Auxiliadora o en el kilómetro dos –hoy barriada de Llera- no había otro. Ni público, ni privado. Como los jesuitas del Guadalupe en San Roque o los oblatos del Padre Tacoronte en el Progreso-UVA. Centros que se ubicaron en el extrarradio de una ciudad que los ha engullido ya en lo físico y espero que nunca en lo social. Allí convivimos el hijo del médico y del juez con el del operario municipal del alumbrado. Sin marcas de ropa ni zapatillas que nos distinguieran unos de otros porque ni había dinero, ni multinacionales que inyectaran modas y consumo durante años de verdadera crisis.


Hoy en los centros públicos plantean aprobar el uniforme escolar para que no se generen esas discriminaciones estéticas. Curiosa contradicción. Ya los construyeron pero zonas como éstas han dejado de ser barrios sin asfalto para ser barriadas o -y eso es lo peor- urbanizaciones. Hay ordenadores en cada pupitre. Pronto, incluso, un portátil por alumno. Pero, como ocurre cuando un bar se pone de moda, todos queremos ir al mismo sitio. Por eso, los partidos en el parlamento extremeño han pactado un decálogo de objetivos que profundice la igualdad y la calidad en la enseñanza: Que unos usen ordenadores y que otros adquieran esa pátina de respeto a la autoridad académica.

Allí estábamos, más de trescientos. Hemos crecido sin rencor social y mirando al futuro. Las primeras hornadas de españoles que se educaron en libertad, que fueron masivamente a la Universidad y eso –cumpliendo el deseo de Fernán Gómez, en el personaje de Manuel Rivas en La Lengua de las Mariposas– ya no tiene marcha atrás. Gracias a todos los maestros –clérigos, seglares o funcionarios- que lo hicieron posible… Y a nuestras familias que no pudieron -o no quisieron- comprarnos zapatillas y ropa deportiva de marca. Hoy, cada cual producto de su evolución personal y profesional, nos seguimos saludando con afecto por la calle. Y eso, por fortuna, ya no tiene marcha atrás.

Diario HOY. 6 de junio de 2008

Libro: “La lengua de las mariposas” basada en el relato de “¿Qué me quieres, amor?”. Autor: Manuel Rivas. Alfaguara, 2009. Premio Nacional de Narrativa, 1996.

Sitio recomendado: Colegio Salesianos “Ramón Izquierdo”. Avda. María Auxiliadora. Badajoz