La trampa de las élites

16 05 2008

No deberíamos persistir en el error lingüístico de llamar “los catalanes quieren…” ante propuestas de una élite diseminada en más de un partido político y que conecta con otra valenciana.

Las élites son cosmopolitas, la gente es local. La riqueza, el poder económico es algo que no está en ninguna parte mientras que la gente sí vive en un lugar concreto. Se escapa al control de esa sociedad local y el gran dilema de los nacionalismos, periféricos o centralistas, es cómo compatibilizar su discurso ante la movilidad de un capital sin fronteras y, cada día más, de la mano de obra directiva o de jubilados que retornan a su origen. Algún humorista recordó hace unos años que ya tenían la oportunidad de matricular los vehículos con la “Cat” de Cataluña: “Sólo queda fabricarlos allí o que el Impuesto de Sociedades no rente en Alemania”, añadió. En Euskadi y Navarra lo tienen mejor. Amparados por privilegios medievales concedidos por Isabel la Católica, su menor esfuerzo fiscal atrae sedes empresariales al régimen foral. Hasta el pájaro de José Luis Moreno anidó allí para pagar menos al resto de esa España que tanto pregonaba en sus programas nocturnos en Tele Urdaci. Aceptado el islote foral por nuestra democracia, su techo es la autodeterminación, utilizada en vísperas electorales como cebo político por parte del PNV o para reclamarla tras el injustificable uso tribal del amonal. Y la bilateralidad que proyecta el Estatut mira a ese régimen foral como primera escala para sumar una relación confederal más con el Estado.


España es más que un mercado de consumidores con una lengua común. Es el Estado soberano quien garantiza por vía constitucional el sistema de derechos y libertades, especialmente la educación, la sanidad o la asistencia social. Uno no tiene esos derechos por ser extremeño o gallego, sino por ser ciudadano español, e iguales –incluso en algunas tutelas- por formar parte de Europa. Y la izquierda tiene miedo a reclamar esa conquista de la soberanía popular, quizás acomplejada por el prostituido uso que hace de ella otra élite españolista que, antes de reforzar los anclajes de la cohesión, repartieron suelo, acciones o decretaron distintas rebajas fiscales en cada autonomía durante los años de euforia y ahora no quiere saber nada de las consecuencias. Un poco de eso subyace en la salida de algunos ex ministros populares de la política activa.

De la misma manera que acierta Fernández Vara propagando en Madrid que “no tributan los territorios, sino los ciudadanos”, no deberíamos persistir en el error lingüístico de llamar “los catalanes quieren…” ante las propuestas de una élite transversal, diseminada en más de un partido político, y que conecta con otra valenciana, también dispuesta a que el Estado sufrague su 26% de deuda que patrocinó campeonatos de vela o parques temáticos, tirando de beta cuando los impuestos cedidos alcanzaban el techo fijado por el actual sistema de financiación autonómica. Igual que en esas ciudades primaron inversiones para la élite (aeropuertos, palacios de congresos, complejos turísticos de lujo…) antes que para la vivienda o para equipamientos colectivos en los barrios, la izquierda se equivoca si para alzar el cuello necesita del enfrentamiento entre territorios o sembrar miedo alertando de que la otra solución es el fascismo: “No voy a hacerme un hombrecito a costa de Cataluña -dijo Vara en Madrid. Sus problemas son también míos porque son ciudadanos de España”. No deberíamos persistir en el error lingüístico de llamar “los catalanes quieren…” ante propuestas de una élite diseminada en más de un partido político y que conecta con otra valenciana.


Diario Hoy. 16 de mayo de 2008

Libro: “El Estatuto de Cataluña: Una propuesta para el acuerdo”. Autores: Manuela de Madre y Miquel Iceta. Fundación Rafael Campalans. Barcelona, 2006.

Sitio recomendado: Ampliación del Aeropuerto de Barcelona. Ministerio de Fomento, 2009

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