Usar/recargar/redactar

18 11 2011

La navegación no solo se rige ya por vientos y velas. A la gasolina que llena el motor, le unimos la electricidad, capaz de encenderlo. El barco de hoy tiene todos esos elementos y un patrón comandando el timón, que usa radar como brújula principal. La naútica española dispone de cuatro escuelas oficiales: Bilbao, Cádiz, Santa Cruz de Tenerife y Barcelona. La aeronaútica, la más moderna de todas, incorpora instrumentos tan vanguardistas como el radiogoniómetro, también conocido como loran.

Usar y tirar se ha convertido en la moneda que mueve el mundo. Pocos piensan en reutilizar. Para los vehículos y motocicletas, se mantienen los establecimientos de autocasión, una vieja generación de comerciantes, que contemplan como los coches híbridos, hoy, y los eléctricos, quizás mañana, comienzan a abrirse hueco en el mercado. Ahora, que comienza el frío, sabedores que para los niños, ni las bicicletas, ni las piraguas, ni son solo para el verano, ni solo para las distancias cortas, no estaría mal poner de moda el verbo “recargar”, algo común en la escritura cuando se redactaba a pluma, verbo que ya no se aplica con tanta ortodoxia.

Imaginemos la lista de elementos que necesitan recargarse: baterías para cualquier tipo de vehículos, de coches, camiones, autobuses, tractores agrícolas… para gálibos de las emergencias o policías… para ordenadores, móviles, tabletas, MP4, cámaras grabadoras… que necesitan casi todos los días conectarse a una red eléctrica que facilite su recarga. La vida de la mayoría de electrodomésticos, y hasta de la medicina moderna, también. A pedales, ese sistema tan antiguo, tan carca, que ya solo pasea el afilador, o bebe de allí la dinamo para una tenue luz, no es suficiente. Hasta te obligan ya en la carretera a llevar chaleco reflectante.

Si pensáramos más en reciclar, en reparar, en reformar, antes que tirarlo por la borda, no solo ganaríamos en solidaridad con el otro, con el medio ambiente, con otros mundos… sino que daríamos aire a quien no disfruta de nuestro standing, aunque en algunos casos fuera de segunda mano.

Yo seguiré reclamándolo. Aquí estaré, en la ciudad, tomando agua, cerveza o un café con leche, vigilando coches por las ventanas o viendo llover, atado a una columna, sin que eso signifique para mí una cadena perpetua, consumiendo información para recargarla, para que Uds. me lean en vertical u horizontal, al frente de un nuevo sentido de escritura, hasta que salga el tren.

Ah, amig@s! Si no lo entienden, no pierdan el tiempo en llamar: O estoy conduciendo; o alimentándome, leyendo-escribiendo; o con el mando de la TDT; o conversando con mi familia; o haciendo deporte… O estoy con mi hijo, como este fin de semana.

Badajoz, 28 de octubre de 2010.

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Co-generación y Co/generación

4 11 2011

De vez en cuando la vida te regala la piedra filosofal de las existencias. Las variaciones del clima, sobre el agua, permiten obtener más energía. A la ya sabida red hidroeléctrica, se añade el proceso de condensación del vapor de agua; el calor abre las nuevas vías para la cogeneración. En principio, sirvió para autoabastecer de luz a las industrias pesadas. No se puede almacenar. Si entra en la red un exceso, el resto del sector en esa producción energética tiende a acusarles de intrusismo en el mercado. Si esa co/generación se usa como fin para obtener beneficios, esas industrias corren riesgos de ahogarse en su exceso productivo. El remanente obligaría a conquistar nuevo mercado con toda la agresividad. En el fragor de las máquinas, además, consumirían más petróleo, más gas… para subir la producción, los beneficios. Supone, al final, un encarecimiento del barril que pagamos todos los consumidores… Y se contamina más a nuestros hijos.

Oro parece, plátano es…”, decía la adivinanza. En Extremadura, no conozco grandes industrias. Menos aún, que se hayan estrenado en el mercado de la cogeneración. Sólo conozco, por testimonios, algunos mataderos industriales por la provincia de Cáceres, en Almaraz y Miajadas. Lo que sí conozco es la amenaza de la co-generación en la producción alimentaria, conocidos como los “transgénicos”. Los/as paelleros/as corren riesgos de llernarse de granos artificiales; las gallinas (Pita, pita…” en boca de Esperanza Aguirre) de cebar el buche con ese maiz; las ovejas darían leche y quesos más parecidos a los de Burgos que a las tortas de Castuera o del Casar… Extremadura no puede permitir que nuestra “flor de jara”, los alimentos que emanan del secano, del regadío y la dehesa, caigan en manos de nuevos especuladores, capaces de jugar con nuestra salud: “En casa del herrero, cuchillo de palo”, dice el refrán.

Supongo que coincidimos en que los seres humanos no somos ovejas, toros, caballos o ratones de laboratorios, capaces de ser inseminados para crear lo que Gaetano Mosca & Wilfredo Pareto denominaron élite/masa; en Federico Nietzsche “el Suprhombre”. Eso es delito de lesa humanidad, máxime si esa superproducción tiene siempre como salida la solidaridad: otros países en el mundo necesitan alimentos para tantas personas. Dan en conserva aquella solución capaz de limitar una nueva, y criminal, especulación. Por fortuna, la ley regula ya los límites y garantías en la reproducción asistida, la dota de la seguridad jurídica. Tan penado debería estar la violación como engañar para concebir un hijo sin el acuerdo con la otra parte; ora por dinero; ora perduren apellidos pro condes/as, marqués/as, duques/as; ora porque quieren guardar en un bol años y años de tradición familiar. Perderíamos a pequeños grandes hombres y mujeres buscando esos robots, como aquel Torrebruno de nuestra infancia, que cantaba: “Tigres, leones, todos quieren ser los campeones…”; a Blas que freía a preguntas a Epi en Barrio Sésamo; o “divinos” Morales, que pinten sobre una tabla.

La ley es la solución. Regula el concierto en las parejas con o sin matrimonio, civil o eclesiástico; incluso, la adopción de hijos no planificados que cortan el vuelo de una mujer. Solo hay que procurar, apelando a la solidaridad, que las mismas estructuras normativas (“la pirámide” en boca de Kelsen) se extienda por el mundo.

 

 

Extremadura, 4 de noviembre de 2011.

Libro: Teoría general del derecho y del Estado. Autor: Hans Kelsen. 1995. 478 páginas.

 

Sitio recomendado: Villa Rosa. Ctra. Badajoz-Olivenza.