Del negro al color

3 10 2011

Desde el inicio de este curso la sección “El Ojo de Halcón” nació como una columna deportiva. Así lo acordé con el director, Ángel Ortiz. Se publica en lunes, día habitual para la lectura de esta prensa. Recuerdo desde niño que mi padre compraba la Hoja del Lunes -que dirigiera Fernando Sánchez Sampedro y Gaspar García Moreno, después- el Marca, o el AS. Un “Ojo de Halcón” es un invento tecnológico que se utiliza en el tenis para seguir la trayectoria de la bola y ayuda a los jueces a decidir ante jugadas dudosas. Algunos lo llaman también “ojo de águila” y se inventó en Reino Unido. Se basa en cálculos de triangulación a partir de imágenes y mesuras de tiempo, aportadas por al menos cuatro cámaras de vídeo. Se usó por primera vez en Nueva York, en 2005, después de que en un partido entre Serena Williams y Jeniffer Capriatti en el US Open de 2004 se cantaran bolas decisivas como malas. Los árbitros tienen que decidir en décimas de segundo. En deportes de masas como el fútbol, además, lo hacen presionados por miles de personas en la cancha, y millones que lo siguen por la televisión. En ellos se descargan nuestros males. Por eso, avances informáticos como el Ojo de Halcón ayudan a que el resultado sea más justo y objetivo.

 

Extremadura es tierra de grandes jueces deportivos. Algunos llegan a la máxima división y otros -por avatares de la vida- cierran su currículum con la satisfacción del deber cumplido. El fútbol disfrutó de Pablo A. Sánchez Ibañez, José Luis Pajares Paz, Carlos Yuste González y Fernando Carmona Méndez -en la provincia de Badajoz- y Paco Ceballos Borrego -en Cáceres- que llegaron a pitar en la máxima categoría. Algunos de ellos, con escarapela internacional de FIFA; y otros han legado a sus hijos esa pasión por regular conflictos y aplicar el reglamento. Entonces, no gozaban de tantos adelantos. Pajares Paz se prestó a iniciarlos cuando incorporó micrófonos por el cuerpo que revelaron, por una vez, lo más preciado y secreto del fútbol: lo que se habla en el campo de juego. Al final, todo volvió a su cauce y esa regla sagrada se mantiene. Se guiaban por lecciones básicas para acertar. La primera, correr en diagonal, como aspas, para estar en el centro el mayor tiempo posible y no perder la cara a sus auxiliares de banda. Como en los toros, dar la espalda al balón podía ser el inicio del desastre. Eran tiempos de árbitros en chaquetilla, primero; y en blusa negra, después. Amonestaban con el dedo índice, primero; y con tarjeta blanca, después.

Hoy todo ha cambiado. Las camisetas son variopintas: anaranjadas, rosas, amarillas y hasta rojas, con el escudo Fair Play en la manga izquierda. En Europa se han incorporado dos jueces de meta más en los fondos, para ayuda del árbitro principal, y un “cuarto árbitro” en los banquillos. Están conectados por radiofonía. Pero los, y las, árbitros siguen corriendo en diagonal, para no perder la cara al juego. El fútbol aún no se ha atrevido a incorporar el vídeo para arrojar más luz a sus decisiones, pero todo se andará. Soy hijo de uno de ellos, del colegiado de tercera división nacional, José Lucas Meléndez, ése que tenía que decidir sin más apoyos que sus ojos. Recortes de diarios deportivos, banderines, insignias y pines cincelan todos los fines de semana, en blanco y negro, que estuve sin él.

Diario HOY, 3 de octubre de 2011

Evento deportivo: José Lucas Meléndez

Entidad deportiva: Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA)

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