Agotado

12 09 2011

La llegada a meta del atleta extremeño Pablo Villalobos nos compungió a todos. Logró acabar el maratón en los mundiales de atletismo de Daegu. Era la segunda vez que representaba a España en esta prueba internacional de la máxima distancia. Acabó trigésimo, sexto por equipos y desplomado sólo cruzarla: “Merece la pena mi esfuerzo. Los valores del deporte van más allá de la victoria; es una prueba del hombre contra sí mismo, de la búsqueda de los propios límites” -relató al periodista José Mª Ortiz. La prueba ponía fin a unos mundiales que, para nuestro país, decepcionaron a todos los analistas: “Hay un problema generacional. Los buenos afrontan la recta final de su carrera, como Chema Martínez, y los jóvenes necesitan tiempo. No quedan cracks. Hay que asumirlo” -afirmó Abel Antón, doble campeón del mundo en esta disciplina (Atenas 1997 y Sevilla 1999). El balance fue discreto: medalla de bronce para Natalia Rodríguez y cuarto puesto de Olmedo en la prueba reina para nuestro atletismo, los 1.500 metros.

Fermín Cacho fue campeón olímpico de esta distancia y subcampeón del mundo en Sttutgart 1993 y Atenas 1997. Su oro en Barcelona plasmó un país que salía de la segunda división para arrebatarle el cetro a toda una armada inglesa (Sebastian Coe, Ovett, Steve Cram…) que tomaba la distancia como su imperio: “Percibo un carácter acomodaticio y sedentario en la sociedad española -ha sentenciado Cacho- y un deporte como éste, que exige un gran sacrificio, no suscita el interés que merece”. El mismo Albert Soler, Secretario de Estado para el Deporte, no anduvo con paños calientes: “El resultado ha sido decepcionante. El modelo español está agotado y requiere cambios estructurales en promoción y formación, detección de talentos, becas…”.

El atletismo español corre como el devenir de nuestro sistema en los últimos años. A la medalla de Abascal en Los Ángeles 84, un tributo al esfuerzo humilde, sin recursos ni infraestructuras, heredero del Mariano Haro que se embarraba campo a través, le siguió una etapa dorada. No sólo por Cacho, antes González, después Martín Fiz, Marta Domínguez. El propio Villalobos, como Alves, el “pollo” Galván o la promesa Cienfuegos en martillo, nacen de la tecnificación y el esfuerzo de las federaciones regionales. En Extremadura, con Pedro Talavera al frente y una pléyade de entrenadores, extendieron los éxitos al atletismo femenino con Mª Antonia Duque, Sonia Bejarano, Jordán o Tania Carretero. Pero al mismo tiempo, las selecciones nacionales tomaron atajos para sumar más podios que la evolución normal de este deporte. Se nacionalizaron atletas que no se correspondían con el nivel de su disciplina, desde Sandra Mayers a Glory Alozie, Niurka Montalvo o Joan Lino. Nos hicieron creer una potencia como los créditos de los bancos extranjeros nos disfrazaron de ricos cuando sólo éramos deudores. Atletismo y economía arriban ya a la meta de la realidad. Este modelo está tan agotado como las piernas de Villalobos tras una prueba infernal: “Cuando se acaba una maratón sufriendo tanto se paga muscularmente; la coordinación se pierde, tiras de todo y la destrucción muscular es mayor”, dijo con acierto.

Diario HOY, 12 de septiembre de 2011

Evento deportivo: Campeonatos Mundiales de Atletismo. Daegu, 2011. Corea del Sur.

 

Entidad deportiva: Real Federación Española de Atletismo.

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