¿Creatividad a la basura?

5 03 2011

CETIEX ha puesto en marcha un laboratorio en el que observan cómo viven y qué necesitan los mayores en esta sociedad del bienestar

No soy generación de la Enciclopedia Álvarez, sino del diccionario Sopena. En horas de tedio escolar, el sándwich de páginas entretenía con decenas de ilustraciones, muy lejos de los iPad que abren ventanas al mundo a cada escolar. Paraba en los inventos atribuidos a los españoles: el submarino de Isaac Peral, el autogiro de De la Cierva, el Teleférico de Torres Quevedo, el Tren Articulado Ligero de Goicoechea y Oriol… Nunca encontré la fregona o la jeringuilla desechable que ideó Jalón Corominas, el chupa chups de Enric Bernat, el afilalápices, la grapadora o el futbolín que han sido, o son, universalmente utilizadas por el ser humano antes que la alta ingeniería terrestre o aeronáutica, excepción hecha de las palomas -o palomos, con toda su discapacidad- mensajeras.


El español nunca apreció, ni negoció, su creatividad. Un americano se forró comercializando tiritas para las heridas de los negros -nadie había reparado en ellos- pero aquí aún adquieren teléfonos móviles con teclados sin ‘ñ’, pese a que 480 millones de personas hablan y escriben en castellano. Nos falta aún ese pragmatismo capaz de convertir la necesidad en negocio, el que inspira a McDonalds para que medio mundo coma en cinco minutos un bocadillo de desecho de ternera y no reparemos en un cocido, con presa y verdura que acompañe. En plena ebullición del carnaval, cuando los fruteros se convierten en iconos de la creatividad, me pregunto el porqué ese ingenio nunca lo reconvirtió en negocio. Esta semana, diez días antes de que inauguren el primer edificio que justifique el parque científico y tecnológico en el campus universitario de la UEx, en Badajoz, una entidad privada como CETIEX, auspiciada por el Colegio de Ingenieros, Fundecyt, o la Fundación Maimona, ha inaugurado el primero de sus edificios en la región. Parejo a sus oficinas, CETIEX ha puesto en marcha un ‘senior lab’, un laboratorio para observar qué necesitan los mayores. Ya atenderán sus necesidades.


En años de crisis, política y económica, no caben pragmatismos inertes, que siempre es el prefacio al fascismo. Cuando todo cambia, nuevos frentes se posicionan para controlar las fuentes de energía en Libia o Egipto; cuando rescatamos políticas de ahorro energético como a finales de los 70, sólo la inversión en derechos sociales y civiles nos da un metro de ventaja respecto a sistemas -como el libio o el chino- que se enmascaran de revolucionarios para, al final, disputar el poder como cualquiera, pero con distintas reglas del juego. Uno nunca entenderá tanta creatividad derrochada en barras de bares, en los tanguillos ‘raqueados’ de carnaval para que, al final, el rapero Eminen se forre, compremos teléfonos a Finlandia o sean los chinos quienes comercialicen tobilleras para nuestros mayores. Somos privilegiados en derechos que tendremos que mantener pero, si no lo remediamos, otros serán quienes se beneficien. Y todo esto no es una cuestión ideológica, sino de voluntad, con su parte de renovación, si no generacional, sí de actitudes, donde unos suman y otros, como siempre, sólo sobreviven con el conflicto. Como en Libia, un país de máscaras, para su beneficio.


Diario HOY, 5 de marzo de 2011

Libro: Diccionario Sopena “La fuente enciclopédico ilustrado”. Autor y editor: Ramón Sopena. 1986. 1056 pags.

Sitio recomendado: Carnaval de Badajoz. Fiesta de Interés Regional de Extremadura.

 



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