Vara en el Gurugú

29 01 2011

En el Centro Social aún cuelga un cartel que prohíbe entrar a las actividades en pijama

Llegó el presidente Guillermo Fernández Vara al polígono industrial El Nevero, en la ciudad de Badajoz, conduciendo su Seat rojo y con una bufanda azul que le protegía del frío y las muecas. Llegó a las tres y media para comerse un cocido extremeño con los periodistas en un bar que ya se vaciaba de transportistas vestidos con chalecos pluma, foros polares y botas con suela de goma. El menú diario que sirve este establecimiento pacense es de nueve euros. Visitó Fernández Vara cuatro naves industriales, dos peluquerías, una frutería, una farmacia, un mercado, un par de bares y sacó dinero del cajero en la oficina de una caja de ahorros extremeña: «La gente no quiere tantas subvenciones, porque terminan cobrándolas a los dos años, y piden que bajen las cotizaciones para generar empleo o para no cerrar sus negocios», aseguró el presidente de la Junta de Extremadura.


Durmió en la margen derecha del Guadiana. Se puso de nuevo el traje de presidente extremeño y estuvo en las localidades de Barbaño y Pueblonuevo del Guadiana y en las instalaciones de IFEBA, la institución ferial pacense, ahí con más empresarios de España y de Portugal. A las cinco de la tarde, se quitó la corbata, rescató la bufanda azul y subió desde la calle Cardenal Cisneros hasta el Gurugú. Algunos le llaman ‘Guillermo’; sobre todo las mujeres madres, no sé si porque parece el yerno que la mayoría de ellas querrían para sus hijas, o porque no era la primera vez que lo veían por allí. Siendo consejero de Sanidad, Vara reabrió el centro de salud ‘Padre Tacoronte’ e inauguró, junto a Ibarra, el de la plaza de San Fernando, donde, ahora, la estatua del desaparecido Manolo Rojas, que fuera alcalde de Badajoz, huele a flores y a chillos de niños correteando por la tarde.


En la barriada pacense del Gurugú faltaba el cura Eugenio, otro oblato que se dejó la vida por los que llegaban de aluvión, también desde España y desde Portugal. Pero ahí siguen leales al Gurugú los Cabezas o los Cabanillas. El bar Chaparro sigue encerrando las leyendas de los contrabandistas del café, que se la jugaron por dar de comer a sus hijos, y de los policías que amagaban en levantar la porra mientras les gritaban: «Corre, Juan, corre para las canteras». A Guillermo Fernández Vara, decenas de madres le entregaron un documento con catorce peticiones, incluida una comisaría de policía que aparte a sus hijos del peligro. En el centro social del barrio cuelga un cartel: «Prohibido entrar a las actividades en pijama». Extremadura es una tierra de colores, todavía con contrastes, aunque en el Gurugú no entiendan de la moto que venden los políticos: «Quieren participar, están deseando hacerse oír y que hablemos de sus problemas», dijo Vara. Mientras, unos chavalillos en chándal asentían: «Queremos salir en televisión -le dijeron al presidente de la Junta de Extremadura-, como Cristiano Ronaldo». Uno de sus monitores, que es voluntario, nos miró.


Diario HOY, 29 de enero de 2011

Libro: “Historia del Reino de Badajoz durante la dominación musulmana”. Autor: Matías Ramón Martínez. Diputación de Badajoz, 2005 (edic. Fernando Valdés)

Sitio recomendado: Barriada del Gurugú-Progreso. Margen derecha del Guadiana. Badajoz