Adorar al Niño

24 12 2010

Nos dimos cuenta de todo cuando adivinamos que ella pudo ser nuestra hija, nuestra prima o nuestra sobrina

Esta mañana, el padre hará cola en la pescadería o en el cocedero de mariscos. Leyendo esto, quizás. Ella se levantó temprano para hornear el rustido de ternera y los más pequeños aún esperan de Papa Nöel un aperitivo al día de Reyes. Los jóvenes planifican su sobremesa, antes de sonreir como todos los años al “tito” que sigue pellizcándole el moflete, a la abuela que regaña cómo se ha puesto el mantel. De repente, esa prima que hasta ayer era una niña apareció este año en el salón comedor con sus caderas definidas y los pechos turgentes. Ha descubierto el color de sus ojos y el pelo suelto sobre los hombros. No la veíamos desde la pasada Nochebuena pero se hizo toda una mujer, aunque sigue adolescente.


La “Lolita” de Vladimir Nobokov invade los oscuros sentidos que un viejo intenta redimir imaginándose tan vital como ellas. Algo -también es justo- que ya no se limita a los chicos, ni siquiera a los hombres adultos porque esto ha pegado una vuelta. Pero en esta elucubración, machista a propósito, un mecanismo se activa: el cariño finalmente se impone a la lascivia e impera el respeto a los valores que presiden la vida en comunidad: Es mi prima, o mi primo; es mi sobrina, o mi sobrino. Ya estará tonteando y tanteando la miel y la hiel de su primer amor. Cada 24 de diciembre nace de nuevo el Niño. A ellos adoramos con lo que hagamos, transformando este mundo con cada pasito diario. Ahora, el reto es que hereden una España más real y laboriosa porque la ristra de inmuebles, joyas o coches no generan necesariamente la felicidad. Lo sabemos aquí y en la calle Serrano. De eso, no tiene la culpa Zapatero.


Dicen que de tiempos difíciles y de barrios pobres salen los toreros que se arriman, los futbolistas habilidosos y los más creativos literatos. El hambre agudiza el ingenio, aunque la formación lo permite comercializar. En países sin formación, también nace el 24 de diciembre un Niño; y el resto de los días, también. Muchos niños que se hacen viejos demasiado pronto, que conocen la hiel antes que la miel, que incluso mueren sin catar lo dulce. Allí es común que los viejos compren su juventud por un rato. Aquí, los silencios se rompen cuando la mujer es sólo una niña, cuando no es rumana sino de la calle Serrano. Ser rumana es ser humana, también. Y los niños son niños, en España, en Bucarest y en Mali. Hay casas donde este año no habrá mariscos ni ternera porque la hipoteca o el paro los envejeció de golpe. Y las niñas -o los niños- volverán a ensanchar sus dorsales y a exhibir una piel tersa, dispuesta a desgastarse sólo con el paso de los años. Esto no es Rumanía, ni Tailandia, pero comenzamos a acercarnos. No; no en la renta, ni en déficit, ni en ranking ante la OCDE, sino en la deshumanización del “sálvese quien pueda”. Los pueblos y barrios atienden a los cuentos en “Sálvame” antes que salvar del cuento de terror al de al lado. Y eso, es la peor de todas las crisis. Saber que dejaron de adorar al Niño -a una niña en un pueblo de Extremadura- por lo que vale medio kilo de gambas. Y de eso, sólo nos dimos cuenta cuando adivinamos que ella pudo ser nuestra hija, nuestra prima o nuestra sobrina ¡Feliz Noche a todos!


Diario HOY, 24 de diciembre de 2010

Libro: “Lolita”. Autor: Vladimir Vladimirovich Nabokov. Anagrama Publishing. Madrid, 2003. 392 pags.

 

 

 

Sitio recomendado: Bucarest (Rumanía)


Acciones

Información

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: