Otro error

31 07 2010

Pocos hablan de los tenderos, guías, barmans o taxistas que se apuntarán al INEM por esa fiebre al dolor de los toros


No contribuiré desde estas líneas a plantear la abolición de las corridas de toros en Cataluña como un conflicto territorial, ni como una ofensa a la cultura patria. Es un error. Lo tengo claro. Empiezan con el burka y han terminado con los toros. Con algunos, porque Iniciativa per Catalunya tendría que explicar por qué el toro sufre en una corrida y no cuando le prenden las astas en un “bou embolat”, o lo amarran como un Cristo hasta el estrés cardiaco en un “correbou” durante cualquier fiesta patronal en las Tierras del Ebro, esa zona de Tarragona donde aún repta un tal Suñé que –bajo esas siglas- clamaba como un almuecín que adoptaran niños extremeños. Tan sensibles para prohibir espectáculos como en una dictadura y tan egoístas para burlar a la solidaridad. Tan tolerantes para justificar una quema de fotos como tradicionales para que un menor corone un “castellet”.


No eres más español por ir -o no- a los toros. Es otro error. Uno entendería que se apele a la conciencia del sufrimiento animal si también se aplicase a los “cargols” cocidos que convocan a miles de personas o a la matanza del cerdo que no sólo es atávica en Extremadura. Tampoco es una deslealtad del PSC contra España. Más demagogia. Montilla votó en contra de la abolición y su portavoz, David Pérez, defendió esa postura por coherencia con la tradición liberal de prohibir lo mínimo, la cual inspiró la constitución de ese soberano Parlament y de los partidos que lo conforman, cuya mayoría aprobó esta censura. Tampoco es patrimonio del PP esa españolidad de ruedas de prensa. Uno de sus militantes, José Manuel Soria, gobierna con Coalición Canaria y mantiene la misma abolición en las islas desde hace veinte años. Miran para otro lado cuando redoblan apuestas en las peleas de gallos o en la lucha canaria. Si el dinero aflora, la sensibilidad y la bandera se guardan en el cajón.


España no se rompe con la abolición de los toros en Cataluña, como tampoco se ha roto con un nuevo –y ya constitucional- Estatut de Autonomía ni con un Plan Ibarretxe que hace cinco años en Euskadi terminó en la ilegalidad. Es un error, eso sí. Algunos necesitan enemigos para que les reconozcan su rostro ante el espejo. CiU también. Usan los toros para distanciarse del PP, la otra derecha. Pero, sobre todo, para que tachen a Cataluña como víctima, para que las televisiones extranjeras especulen sobre su nunca consumada trama de que el resto de España no les quiere. Es otro error. Porque allí pocos, con miles de parados, hablan de cuántas tiendas y bares cerrarán en las Ramblas, y guías turísticos o taxistas se apuntarán al INEM por esa fiebre de sensibilidad al dolor de los toros. De momento, no entran en la Encuesta de Población Activa pero mantienen en política activa a nacionalistas de una y otra orilla. El sufrimiento humano es, tan universal como una fiesta que se define, ante todo, como un medio de vida para demasiados anónimos en Barcelona, Extremadura, Perú, Nimes, Portugal o Méjico… Poco tiene de interés nacional y mucho de interés vital para esos humanos: ¡Ahora vais, y les pedís el voto! ¡Por sensibilidad al dolor ajeno!


Diario HOY. 31 de julio de 2010

Libro: “Cuatro Historias de la República”. Autores: Josep Pla, Julio Camba y Manuel Chaves Nogales. Editorial Destino. Barcelona, 2003. 1.140 pags. 33,5 €

Sitio recomendado: Museo Picasso. Barcelona. Colección de Tauromaquia


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