Los besos a Guillermo

18 07 2010

Los sondeos electorales muestran el apoyo de la población extremeña al presidente Fernández Vara

El Mundial ha terminado como Pretty Woman. No lo digo por el beso de Casillas a la periodista y novia Sara Carbonero, que se gana la vida informando. Lo afirmo por esa sensación de felicidad, de sonrisa estúpida, que sólo puede dejarnos una noche de amor, un cuento de hadas o el gol del sabio Iniesta. El lunes llegué al trabajo con una aureola de bienestar que me elevaba tres metros sobre el parqué de la crisis y del pesimismo.


Que el 46% de los extremeños votaría a Fernández Vara como presidente de la Junta -entre ellos, el 8% de los votantes del PP y el 45% de los de IU- pueden hacer dudar a quienes no creen en los sondeos encargados por un partido. Incluso los habrá que duden de la independencia del Centro de Investigaciones Sociológicas -que dirigió el diputado popular Alberto Fernández Díaz durante las legislaturas de Aznar y que desde entonces es víctima de las desconfianzas- y que en su barómetro autonómico afirma que el 54,6% de los extremeños aprueba la gestión de Vara. Ese político, a quien llaman ‘Guillermo’ desde la oposición, como si así creyeran desprestigiarlo, cuando lo acercan aún más al ciudadano, es uno de los cuatro más valorados en España. Otras encuestas -también encargadas- reiteran un alto índice de simpatía hacia el presidente extremeño en estos tiempos de desafección política, pero algunos se empeñan en proclamar que estamos ‘a las puertas de un vuelco electoral’. Lo definitivo es que los extremeños prefieren a Guillermo para tomarse unas cañitas antes que al bueno de José Manuel Calderón o a la glamurosa Bebe. Disuelven así, en un vaso, toda suspicacia, y revelan que -junto a la simpatía, prudencia o inteligencia que aprecian en Vara- lo ven como una persona amigable para debatir sobre fútbol o sobre los estudios del niño. ¡Con lo aburrido que debe ser tomarse una cervecita con un político en los tiempos que corren!


Por encima de la valoración personal que obtiene el presidente de la Junta para los cerveceros y para los extremeños cuando salen de cañas, sorprende que sea un político el preferido por la gente, incluso por encima de un deportista NBA o de una cantante-actriz. En un momento en el que la política es percibida en España como uno de los cinco principales problemas para la ciudadanía, en Extremadura ni siquiera aparece en las encuestas. Es, entonces, cuando Vara se convierte en el Richard Gere de la película, capaz de abrazar los valores y la ética antes que la sangre que alimenta a los tiburones. Quizás todo se reduzca a los besos: al de Casillas a su novia, y a los que le dan a Fernández Vara las madres que lo ven ‘como un buen yerno’. Los mismos besos que sólo de madrugada puede regalarle a su esposa, porque esto de la política, por encima de otras consideraciones, troca la sonrisa con la que cada uno se presenta al trabajo por un sacrificio diario, a costa de la propia familia. Y eso ni lo saben las ‘suegras’, ni lo miden las encuestas, ni -¡y esto es lo más doloroso!- lo conoce la opinión pública. Por eso, me gustan los sondeos que se hacen en Extremadura; porque -en el fondo- me gusta que los besos no sean una variable electoral, algo, sin embargo, tan humano que hasta a las madres, esposas y suegras les hace ir a votar, prestigia la política y les invita a decir que ese hombre es de fiar.


Diario HOY, 17 de julio de 2010

Libro: “El beso”. Autor: Danielle Steel. Plaza & Janés, 2003. 320 páginas.

Sitio recomendado: Feria de la Cerveza. Octubre-Noviembre. Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid

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Como una reina

18 07 2010

El Senado aprobó el último trámite para que los autónomos puedan cobrar hasta seis meses de paro

A varias generaciones de extremeños las curtió el comercio. A las extremeñas, también. Como dependientes y modistas. Plasencia con los Fuentes, Cáceres y sus Requetés; Mérida y los almacenes Las Heras; Don Benito y las tiendas Pavo; en Almendralejo, los Díaz; en Badajoz, los Cancho, o los Hormeño y Ruiz… Antes de las grandes superficies, sus dependientes y empleadas se hicieron autónomos porque se lo veían venir. Vieron en nuevos negocios su salida como asalariados de un sistema demasiado paternalista. Querían convertir a sus mujeres, modistas cuando fueron novias, en las reinas de su casa. Se hicieron autónomos y funcionaron como representantes, distribuidores o montaron un pequeño negocio entre ambos, en el mismo barrio que les vio crecer. Los otros, engrosan hoy la columna vertebral de las cadenas comerciales y son los maestros en el arte de vender, del que la necesidad hace virtud.


El miércoles, pleno del Senado, se aprobó el último trámite para que esos autónomos puedan cobrar hasta seis meses de paro. Eran, junto a alcaldes y concejales, el único colectivo sin cobertura en esta España social y democrática. Para los económicamente dependientes y para los que desarrollen actividades con mayor riesgo de siniestralidad, esta ley les faculta hasta cobertura por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. Antes, cuando el autónomo parecía no contribuir -o no necesitar ayuda- si enfermaba, paraba en su actividad y, convaleciente, seguía cotizando para no perder la atención sanitaria. Son casi ocho millones de españoles. En Extremadura, pese a la crisis, hay casi 78.000, un 0,3% menos que hace un año, aunque por debajo de la reducción en medio punto que ha sufrido España. Los que se jubilaron cotizando lo mínimo en un país que los desamparó, vadean los años de descanso con poco más de 680 euros al mes.


La aprobación de la ley pasó tan silenciosa y eficaz como la Reina en el palco del Moses Mabhida, en Durban, cuando Puyol nos metió en la final ese mismo día. Con la paciencia de quien midió gestos y palabras para conciliar simpatías entorno a ese traje rojo y el pañuelo gualda -tan distintos a los de la canciller alemana, Ángela Merkel, tres días antes- Doña Sofía sonreía porque sabía el significado de la victoria: la ‘furia’ en un catalán; el orgullo devuelto a un pueblo asaeteado por chismes interesados por el dólar y el euro; creación frente a máquina; el corazón encima de esas tallas, que reducen las razas a un simple juego… Al despedirse de los jugadores se acordó de sus nietos, de España: «Es maravilloso», dijo. En su república independiente, mi madre -la reina en los sueños para un autónomo del comercio, capaz de renunciar a sus vacaciones para que hoy escriba en este diario- vio también sonreírnos esa noche del miércoles: «Anda, tómate un cubatita, que la ocasión lo merece» -espetó. «No -dijo el jubilado. Mañana tenemos cita con el médico… A ver si me va a mandar un análisis». Ojalá hubiera estado ese miércoles marcándole un gol al destino: en el Senado, o a la salida de un córner. Aquella sonrisa era la de su misma Majestad cuando le dio la mano a todo un país que se quedó en paños menores ante la oportuna elegancia que tienen las reinas al transitar, casi sin hacer ruido.


Diario HOY, 10 de julio de 2010

Libro: “La distribución comercial”. Autor: José Mª Sainz de Vicuña Ancín. ESIC Editorial, 2001. 495 páginas.

Sitio recomendado: Senado de España. Madrid