¡Silencio, por favor!

23 05 2010

Un Pacto de Estado, que es lo que piden los españoles, comienza por un primer ejercicio de humildad y generosidad

El pasado 10 de mayo un diario nacional abría con: “el 52,9% de españoles quiere elecciones anticipadas”. La encuesta la realizó NCC Report, ubicada en la Valencia de Camps, Rita y González Pons. Esa empresa, el mismo día, distribuía un argumentario a todos los portavoces populares para enfatizar la idea. Paralelamente, otra emisora nacional abría un grupo de oyentes y firmantes en Internet y replicó la estrategia en tertulias, informaciones, opiniones (o todo mezclado, a la vez) para reforzarla. Al día siguiente, Aznar -en el mismo Financial Times que nos calificó a España como “pigs” (cerdos)- y Esperanza Aguirre -tras el cartel que fijaba su rebelión fiscal contra la subida del IVA en Alcobendas- dijo que “ha llegado el momento de convocar elecciones generales”.


Los patriotas, los leales, coherentes con el honor y el interés general, se las comieron dobladas. Desde el General Toral en Santiago de Cuba hasta el último servidor contra el terrorismo saben que el egoísmo nos lleva a la tumba. Un adelanto electoral, en un escenario de lucha contra la crisis en Europa, sólo elevaría la inestabilidad institucional del país, acarrearía dudas sobre la decisión de cumplir con los deberes en este escenario europeo. Sin embargo, en la encuesta cualquier lector daría con las claves de tal urgencia irresponsable: “Rajoy sí es alternativa”, titulaba ese diario, interpretando que el 59% considera que el ajuste de Zapatero “refuerza electoralmente” a Rajoy. Y -quizás lo más grave- arrinconaba en un subtítulo que un 65% “considera urgente y obligatorio un gran Pacto de Estado”. Es decir, la urgencia de Rajoy bien vale -según esos estrategas- dañar incluso la imagen de España. Porque, con la que está cayendo, Rajoy ni despega, ni se le ve como alternativa. Ni siquiera entre los suyos. Todo vale. Menos plantear una moción de censura, si tal es la gravedad, y tan valientes los “patrioterillos” de salón y encuesta privada.


La semana es para enmarcar: De Cospedal deja caer que “se negocia con ETA”, tres días antes de descabezar a la cúpula mafiosa; Durán i Lleida mira a Extremadura y Andalucía como causa del déficit el mismo día que se descubren las cuentas oscuras del Palau de la Música y SEAT salva, por suerte, el ERE tras una inyección pública que les asegura fabricar un nuevo modelo en Martorell; los populares en Extremadura piden reducir socialistas en la Junta, pero eso no es aplicable, según su ley del embudo, a CC.AA o ayuntamientos extremeños donde gobiernan; Monago llega a decir que el Plan E “sólo ha servido para hacer aceras y no para carreteras” cuando el ayuntamiento donde ayer sirvió como concejal ha peatonalizado el centro de la ciudad, lo que él defendió cuando sus intereses eran localistas; hasta disolverían las diputaciones sin advertir que ello obliga a una reforma constitucional; Aguirre, la marquesa consorte de Murillo, se declara “pobre de pedir” cuando le anuncian un nuevo impuesto de patrimonio que ella abolió, antes que el Gobierno, y por el que le compensan con la nueva financiación.


¡Silencio, por favor! Quien hable, que aporte luz, no enroques que sólo sirven a sus supervivencias mediáticas o políticas. Un Pacto de Estado, lo que piden la mayoría de españoles, comienza por un ejercicio de humildad y generosidad. Aquí no hay salvadores ni mirlos blancos. Y esto va para largo.


Diario HOY, 22 de mayo de 2010

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