Los gritos del silencio

10 04 2010

No voy a dañar más que lo que ya está sangrando a uno de los pilares del sistema democrático: el sistema de partidos

Sé que tengo que escribir de la Gürtel. Sería lo más lógico en esta semana de pasión para el PP. Sé que tendría que hacerlo. Tendría que recordarle a los dirigentes populares que hace unos meses salieron todos en tropel –incluido su presidente en Extremadura– para sentenciarnos que todo es ‘una conspiración del Estado’ y decirnos, esta semana, que a los extremeños no les interesa nada de la Gürtel. Sé que tendría que atacar los flancos descubiertos por tanta solución de urgencia, a corto plazo, de embestidas contra todo lo que se movía. Sé que tengo que hacerlo. Mis lectores así lo esperan… Pero no lo voy a hacer. Debería hacerlo pero sé que –en el fondo– sólo beneficiaría a los antisistemas, a las Esperanzas que ahora se deslindan con cobardía de sus responsabilidades, a los que piden sangre por el silencio, a los que esperan horadar el sistema democrático, a los que ansían una abstención que les dé alas a sus teorías. A los que esperan que esto flaquee para decirnos: «Veis como yo tenía razón».

No. No voy a dañar más que lo que ya está sangrando a uno de los pilares del sistema democrático: el sistema de partidos. Ya no podrán acusarte por la calle. Con eso, me doy por satisfecho. ¿Queréis tablas pactadas, a cambio de no cercenar el futuro? ¿Uno a uno y sin penaltis de desempate? ¿Comenzamos el juego con nuevas reglas, más transparentes, más ciudadanas, menos hipócritas, a cambio de enfundar la navaja de la venganza y aún herido por tantas bilis vomitadas contra mi condición de socialista? Vale. Me aguanto. No quiero convertir España en la prostitución política de países mediterráneos de nuestro entorno: presidentes de clubes de fútbol que comienzan asesinando la izquierda, después a la Democracia Cristiana y, bajo el lema de la selección azurra –‘Forza Italia’- terminan rodeados de bailarinas y telepredicadores del corazón gobernando –y blindándose– dentro del sistema. Sólo por eso, no lo haré. Por eso, porque la democracia ha costado demasiados silencios y demasiadas entrañas retorcidas como para que, ahora, unos cuantos se aprovechen de que los adversarios se desangren.

Me gustaría encontrar el mismo talante enfrente. Todos sabemos que campañas ‘a la americana’, sin sistemas de financiación ‘a la americana’, terminan así. Siempre hay unos listos que se benefician de esa disfunción y medios de comunicación que, primero facturan, y después critican el elevado costo de dichos eventos. Pero, sólo tengo una petición: ahora, la pelota la tiene uno de los dos grandes partidos del sistema democrático español, el que más golpes de pecho se dio en todo este trayecto. Tiene Rajoy una oportunidad histórica: cortar por lo sano y plantear una ley de punto cero que salve, no sólo a su partido, sino al propio sistema. Despéguese del pasado, deje las fotos con quien lo designó, sea líder porque, si no, nadie podrá confiarle una alternativa de liderazgo en esta España. Si no es capaz de hacerlo, no sólo el PP tiene un problema, también la democracia española. Pero la pelota está en su tejado. Juéguela, aun a costa de que le rompan las piernas. Ése es su riesgo. Usted eligió jugar, aunque sea en silencio.

Diario Hoy. 10 de abril de 2010

Libro: “Las democracias contemporáneas”. Autor: Arendt Lijphart. Ariel, 1999. 264 pags. Agotado

Sitio recomendado: Sede nacional del PP. Calle Génova. Madrid



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