El futuro a buen cobijo

30 10 2009

Las guarderías serían exportables a cooperativas, centros sanitarios privados y públicos, centros industriales, de transporte, o de investigación


El sistema público de salud y el ejército fueron durante siglos anverso y reverso de una misma moneda; el yin y el yang para la mitología y filosofía china, la luz y la oscuridad, el bien y el mal… Tuvimos que abordar con normalidad que la mujer se equipare al hombre en tareas de responsabilidad sobre cualquier ámbito de la vida para reconocer que esas dualidades, impregnadas injustamente de rancio aroma maniqueo, se nos deshagan ante la persistencia de la realidad y el progreso. Sin duda, porque todas esas teorías se construyeron bajo el prisma del hombre, arrinconando a la mujer a las catacumbas de la intrahistoria, la historia de puertas adentro que tan bien reflejara Ettore Scola en su film “La familia”.

Esta semana el Servicio Extremeño de Salud ha iniciado la obra de la guardería en el hospital Perpetuo Socorro de Badajoz y ha licitado ya la del Hospital Regional Universitario Infanta Crisitina. Comenzará, la primera, a funcionar el próximo año, fecha en la que se iniciarán también las obras del Infanta. Se trata de la segunda sede desde lo público que ejecuta una medida certera para la conciliación de la vida laboral y familiar de sus empleados. Inició esta senda de progreso en Extremadura, sorprendentemente para los clásicos, la Base General Menacho donde el ejército aglutina a cinco mil militares cerca de la ermita de Bótoa.

En ambos casos, son las mujeres quienes han diluído los estereotipos. Unas, porque se han capilarizado en toda la estructura militar hasta el punto de que su oficio a nadie sorprende; incluso, para ser reconocidas como mejor piloto de combate en una promoción o, en la política, gobernar las fuerzas de seguridad del Estado o la propia Defensa. Otras, personalizadas en la figura de la consejera extremeña de sanidad y dependencia, en la propia ministra del ramo o en la directora de la OMS, trasladando su visión femenina al progreso que supone ofertar una guardería en centros de trabajo alejados del núcleo urbano o, siendo más globales, coordinando y aplacando la histeria que envuelve a cualquier pandemia. En el horizonte, hasta tendremos una Reina en la más alta Jefatura del Estado.

El globo parece girar hacia la luz. La prevención no se construye sobre lo bélico, sino sobre la paz. Así, habrá que analizar la decisión de otorgar a Barack Obama el Premio Nobel antes de enjuiciarle cualquier logro. Afganistán parece ser el primer examen. Nuestra asignatura pendiente, ceder para que esa igualdad de género se cumpla en casa y fuera.

Las mujeres están sufriendo más que nadie las consecuencias de esta crisis pero nos enseñan a abrir nuevas posibilidades. Podremos ahora debatir si construir esas guarderías en los centros de trabajo –públicos o privados- o concertar el servicio con guarderías próximas. No cabe duda que este modelo sería exportable a las sedes de cooperativas agroalimentarias, centros sanitarios privados y públicos previstos en la región, centros industriales, de transporte, energéticos, de investigación y desarrollo… No sólo porque contribuiremos a la integración laboral de la mujer, que es quien más bajas solicita cuando un hijo enferma, sino la de hombres que disfrutan hoy de custodias compartidas; de visitantes y pacientes llegados de otros municipios o de Portugal como complemento a la residencia para familiares, abierta hace años de forma pionera; y de los abuelos para su ocio activo, más digno y justo dentro de sus merecidas jubilaciones, tras demasiados años dependientes de una segunda y obligada crianza de los nietos, para ayudar a sus hijos.


Diario HOY. 30 de octubre de 2009.

Libro: “La reina en el palacio de las corrientes de aire”. Autor: Stieg Larsson (3ª entrega de la trilogía Millenium). Destino, 2009. 22,50 €

Sitios recomendados: Hospital Regional Infanta Cristina y Base General Menacho. Badajoz






El Sur también existe

16 10 2009

Los niños son la clave. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro


Cada día que descubro una nueva letra de Serrat, o las rememoro, no por desconocidas dejan de producirme placer. Con cada escucha, me acuerdo de los cientos de extremeños que tuvieron que coger sus bártulos en cuatro días y poner rumbo a cualquier parte para poder sobrevivir. Fue el sino de hombres y mujeres de Extremadura, Aragón, Murcia o Andalucía. Los que no se fueron como obreros de la construcción, lo hicieron como policías o guardias civiles, una salida laboral casi obligada para una tierra con tan pocas alternativas como le dejó la posguerra a esta región de secano y de baldíos. La mayoría de ellos cuando se tuvo que industrializar España; desde el campo también se colaboró y aquel excedente de mano de obra agraria se empleó en fábricas de automóviles, talleres, comercios… En Cataluña y en Euskadi. También en Alemania. Hasta un hijo de ellos les salió cantante, y de éxito mundial, el bueno de Juan Manuel.

Hoy, las historias se cuentan con la frialdad de un documental como el último premio ‘López Prudencio’ de periodismo sobre los 50 años del Plan Badajoz o -un poco más cálidas- si uno se deja llevar por la poesía del nen del Poble Sec. Los desgarros no se pueden cantar, ni novelar. Los escritores deberían abstenerse de fabular sobre el sufrimiento o la intrahistoria de quienes tragaron con ese calvario interior: niños que se crían sin el contacto diario de su padre o, lo que es irremediable, los niños que nunca volvieron a verlos por la ira dirigida de unos desalmados o porque un hombre sólo y joven, trabajando en una ciudad, termina por complicarse la vida.

Ésa es la clave de Serrat. Era el ‘Nen del Poble Sec’, el niño que vio transformarse su barrio industrial en una nueva zona de servicios y urbanismo. El ‘Nen’ clamó la poesía de Machado, otro exilado por abrazar el uso de la razón y de la fé sin más bagaje que su maleta y sus libros. Eso llevo y eso traigo hasta que me llegue la muerte.

Ésa es la clave, los niños. Uno da la vida por todo y por todos a cambio de que los niños sean más felices en el futuro. Sólo los niños. Estamos en esta vida por ellos, por hacer más felices a los hijos e hijas (a ver cuando se iguala esto en el lenguaje y en las sucesiones). Los hijos propios y los ajenos. Todo porque sean más felices, más seguros, lo demás es puro espectáculo. Lo hace el militar en Kosovo o en Irak, el médico de una ONG, o el político cuando arriesga su vida en una declaración. Sólo por ellos, por los hijos. Sólo quien no los tiene, jamás podrá sentir el dolor que te rompe el alma cuando te dicen que dejarás de verlos.

Aquí tienen ustedes mi cabeza en el cadalso, arriba está mi fotografía. Dicen que no hay intelectuales comprometidos. Bórrenme del primer concepto, pero milito convencido en lo segundo, gracias a la educación. En el fondo, creo que es porque los salesianos fundaron el sindicalismo cristiano. Existe una fórmula que concilia los intereses, que se basa en la cooperación, en el pacto, en la economía de recursos porque lo único que se busca es el interés general… la paz. Lo hicieron nuestros padres en la Transición. Lo hizo el Rey y una generación. Hagan lo que crean con ella. Yo me bajo en la próxima. Es la mejor herencia que puedo dejarle a mi hijo, y a toda su generación: ¡Siempre Joven! -dijo Domingo Savio.



Diario HOY. 16 de octubre de 2009

Libro: “Antología poética”. Autor: Antonio Machado. Prólogo de Julián Marías. Biblioteca Básica Salvat, 1970. 190 pags.

Libro: “La música del hambre”. Autor: J.M.G. Le Clézio. Editorial Tusquets, 2009. 214 páginas. Precio 17 €.

Sitio recomendado: Extremadura







Salir fuera

9 10 2009

Hay funcionarios que ahorran uno de cada cuatro euros porque se acongojan con que el paro crece y, con su temor, sólo logran incrementarlo


Sí -ya lo sé- el titular es reiterativo. ‘Salir’ no necesita el adverbio ‘afuera’ o ‘fuera’ porque nunca se podrá ‘salir adentro’. En esto del lenguaje hay mucha miga psicológica. Las madres, cuando en las ciudades podíamos jugar en los lejíos -que eran los solares baldíos que la Junta siempre quiso gravar para frenar la especulación- nos gritaban «¡Éntrate p’adentro!» cuando el cielo amenazaba lluvia o era la hora de recogerse si ya anochecía. En el fondo, esa construcción lingüística sólo desprendía protección. Si salir afuera suponía temporalidad ante el castigo silencioso de la emigración en Extremadura, regresar a casa nos protegía del miedo de la noche o de la debilidad humana ante las fuerzas de la naturaleza.

«Salir fuera» se convirtió después -en los años de la euforia- en una construcción esnobista que aplicábamos para vísperas de vacaciones. Los que siempre emplearon el mes de descanso para regresar al pueblo materno, que pasaba por aceptar que la Costa del Sol era un lujo para economías más allá de los Pirineos, pregonaban el ‘salir fuera’ como un eufemismo sardónico para anunciar a los vecinos que la familia se iba una semanita a un apartamento a La Antilla o -con mucha suerte- a un hotel de Fuengirola. Nada de emigración obligada; puro placer, tras años de austeridad y ahorro.

No es que los extremeños hayamos vivido toda su historia de fronteras hacia dentro. Sin caer en los imperialismos de nuestros conquistadores en América, existe toda una tradición comercial desde Baños de Montemayor hasta Monesterio, gente que ‘salieron a buscarse la vida’. Eran comerciantes herederos de Ruta de la Plata, capaces de comprar tripas de cerdo en Tendudía y revenderlas en Sevilla, o de cargar lana de desecho en Béjar para telares clandestinos que ocupaban a las mujeres rurales de nuestra tierra. Así, también, creció el comercio pacense para Portugal, o el contrabando en aquellos barrios de aluvión. No es extraño que la renta media de Extremadura -de poco más de 16.000 euros al año- sea de las más bajas de España cuando el 60% de las pensiones, en una región castigada por el látigo demográfico de la emigración, son mínimas, no contributivas, propias en muchas mujeres a las que nunca se les contabilizó el trabajo sumergido o como manos de obra para apañar la aceituna, o para el mismo contrabando.

En esta encrucijada pulula demasiada gente atemorizada, que ‘se entra p’adentro’. Funcionarios, y asalariados estables, que ahorran uno de cada cuatro euros porque se acongojan con que el paro crece y, con tanto temor, sólo logran incrementarlo. Pero, por el contrario, incrementa también un viaje al interior en cada persona, como dice la última campaña de promoción de Extremadura. Recuperar esencias y valores, que no por ser más baratos, satisfacen menos al ser humano. Hay amigos que se enamoran de mujeres más gordas, y menos lujosas, que sus cónyuges de toda la vida. «Son más vitales», dicen… Hay amigas que lo dejan todo por disfrutar de quien hoy es su mejor compañero. La política se reafirma firmando códigos para renovar la confianza que -en caso contrario- sería sangre para tiburones del populismo. Sólo nos falta encontrar comerciales que sepan vender en Bulgaria, Polonia o Brasil nuestro modelo de sanidad pública, de educación basada en nuevas tecnologías, o de viviendas protegidas que nos convierten en referente del bienestar en Europa, empresas que presuman de ‘salir p’afuera’. Eso lo enseña la calle, nunca de puertas para adentro… por mucho que te quiera tu madre.


Dario HOY. 9 de octubre de 2009

Libro:Hacienda, Comercio y Contrabando en la Frontera de Portugal (Siglos XV-XVIII)”. Autor: Melón Jiménez, Miguel Ángel. Colección Crónica del Occidente. Cáceres: Cicon Ediciones, 1999

Libro: “Guapos y sus isótopos”. Autor: Rafael Sánchez Ferlosio. Editorial Destino. 127 páginas. 19,5 €

Sitios recomendados: Ruta de la Plata. De Sevilla a Astorga. Calzada romana y Arco de Cáparra







El lujo de lo cotidiano

6 10 2009

Artículo relacionado: “El lujo de lo cotidiano”. Vivir Extremadura. Año IV. Nº 18. Agosto-septiembre 2008

Dos veleros ultramodernos que entrenaban en las costa mediterránea de Almería, de 14 toneladas cada uno, altos como un edificio de 12 pisos y con 21 metros de eslora, se toparon con la lancha patera que, tras seis días a la deriva, tuvo que arrojar al mar los cadáveres de nueve niños que intentaban alcanzar junto a sus madres otra vida. Fue la estampa de los dos mundos, el deporte de élite que apuesta su orgullo continental en la Copa América cada dos años, frente a los que persiguen formar parte de esa vida que cada tarde les llega a sus chabolas por satélite. Demasiado insoportable para cualquiera que se defina como ser humano. Demasiado doloroso para mostrarse inmutable a esa sangría continua.

En estos periodos de crisis, las tragedias de los subsaharianos que intentan llegar a las mismas playas donde tomamos el sol o visitamos el chiringuito, nos revela frente a un sistema que nadie entiende: ¿Son necesarios 19 platos en un menú para satisfacer a los dirigentes de los países más ricos, agrupados en el G-8?; ¿Deben mantenerse los sueldos estratosféricos para altos ejecutivos y miembros de Consejos de Administración, mientras desde esos mismos foros se reclama mayor austeridad salarial y reducción del gasto social? ¿Por qué el Gobernador del Banco de España afirma que el incremento permanente del IPC durante los últimos meses se debe a que nadie renuncia a sus márgenes de beneficio?

Entre los valores de los que presume Extremadura se encuentra, precisamente, el de la proporcionalidad. No encontrarán en estas latitudes ni el urbanismo agresivo de altura y hormigón en su paisaje, ni altibajos estruendosos en precios ni eventos que permitan el distingo entre sus gentes. Cualquiera que nos visite podrá compartir una representación de Medea o de Las Troyanas en el Teatro Romano de Mérida, sin necesidad de sentirse discriminado por la estética o su sitio en la platea. No lo permite, en principio, ni el solano de las noches de julio.

Pero, sobre todo, se ha construido un ecosistema social basado en una máxima repetida por los responsables públicos durante años: “Preferimos caminar un poco más lentos, pero todos juntos”. Esa filosofía permite hoy que convivan restaurantes reconocidos por entidades internacionales (Atrio, Aldebarán, Il Gigno, Paradores…) con redes de comida autóctona como los Miajones, repartidos por núcleos rurales donde lo cotidiano se ha convertido en original carta de presentación, sin necesidad de satisfacer al comensal con más de dos platos y postre. Y que la convivencia entre las familias que somos y las que llegan se produzca sin conflictos evidentes, quizás porque durante demasiadas décadas fuimos nosotros los que emigrábamos en búsqueda de un futuro mejor.

En aquellos años, cuando el realismo de posguerra de Ana María Matute fue reconocido con el premio Nadal, el fotógrafo Eugene Smith retrató el dolor en negro de un pequeño pueblo cacereño, Deleitosa, que hoy en nada se parece con aquella oscuridad. Quizás, por venir de donde venimos, nos gusta a los extremeños presumir de nuestra cotidianeidad actual, sin miasmas ni alharacas, con nuestros hijos, afortunadamente, a nuestro lado. Algo -¡Y cuánto lo siento!- de lo que no podrán disfrutar esas nueve madres que sobrevivieron al drama de Almería. Tampoco, por otros motivos, aquellos que antepusieron su éxito profesional a las renuncias que exige lo privado. La propia Ana María, hurtada durante los años de infancia de la crianza del suyo por un divorcio con mal acuerdo, dejó en su literatura todo el poso de dolor que despide una madre desgajada de lo que parió.


Matute noveló la vida gris. Las mismas letras de lo cotidiano que tanto placer nos despiertan a todos los que somos felices con la normalidad. Porque, hoy, por arriba y por abajo, entre las élites económicas y entre los que huyen del infierno africano, ser normales es un lujo. Un lujo mucho más barato y común en Extremadura por venir de donde venimos.


Libro: “Los hijos muertos”. Autora: Ana Mª Matute. Plaza & Janés. 2000. 557 pags.

Libro: “Primera memoria”. Autora: Ana Mª Matute. Planeta Editorial. Destinolibro. 256 pags. 6,95 €. Premio Nadal 1955.





Llegar todos juntos

2 10 2009

Alguien discute los 15.000 millones de euros que necesita el país para garantizar prestaciones a los nuevos desempleados?


Según a la hora que lean estas líneas, la euforia o la decepción inundarán a la delegación de Madrid 2016. Si es elegida para organizar los JJ.OO, cobrarán tanto sentido como si el olimpismo y el mercado se abren a Latinoamérica o refuerzan a Obama. Aparte de lo que acuerden los informes del Comité, o del éxito alcanzado por las prácticas lobbistas, la candidatura madrileña ha devuelto la ilusión del “Juntos podemos” para un país necesitado de ello. A Copenhague llegaron juntos el Rey y la Reina, Gobierno y Comunidad de Madrid, alcalde y CSD, Raúl y el barcelonista Angel Calle… Sí, porque por primera vez hasta Extremadura dejó de ser espectadora para convertirse en leal colaboradora de un proyecto de Estado. Juntos llegaron y juntos trabajaron para alcanzar la meta o, al menos, para disputar el partido.

Por el contrario, durante la semana asisitimos al enésimo encontronazo tras la aprobación del proyecto de presupuestos del Estado, en un escenario parlamentario sin mayorías absolutas y en lo económico, necesitado de más arengas colectivas y menos apoyos territoriales. Con números en la mano y a la espera de que se ejecuten, Extremadura sería la segunda región en incremento inversor y una de las cuatro con saldo positivo respecto al pasado año. Sobre el papel, salimos mejor que el resto, acostumbrados siempre a medirnos con los demás. Es cierto que la inversión para el AVE se alarga hasta 2013 y coincidirá con el plazo que, desde la Cumbre de Zamora (2009), se adoptaron para los tramos portugueses, una vez certificada la derrota del antiespañolismo en las elecciones del pasado domingo. Y suenan artificiales las quejas en municipios donde todo lo licitado se financia mayoritariamente por otras administraciones, gracias a los compromisos políticos que imaginó un pasajero del asiento trasero cuando conducía el autobús. Retrasos, que también afectan a las iniciativas privadas previstas aquí y en el resto de Europa: ¡Es qué estamos en crisis!

Las grandes infraestructuras ni ganan, ni pierden elecciones. Ejercen de faro permanente sobre proyectos estratégicos que irradian ilusión en la comunidad y dinamizan la economía. A un vecino de Hoyos o de Quintana, esto del AVE le sirve como orgullo y confianza en el futuro, pero le resuelve más saber que subirán un 3,6% a los 105.000 extremeños que cobran pensiones mínimas; que habrá jornales porque hay Plan E o Plan Infoex; que tres mil jóvenes dispondrán de ayudas para el alquiler; que otros noventa mil disfrutarán de becas; o que a doce mil familias extremeñas les ayudarán con 2.500 euros por su hijo. Siempre la realidad urbana se impone a la rural, en esta tierra de continuos equilibrios, y nos olvidamos que al 97% de las empresas extremeñas, con menos de 25 trabajadores, les bajarán cinco puntos el impuesto de sociedades, o que el IVA no sube para alimentos de primera necesidad, medicinas, periódicos, prótesis o sillas de ruedas.

Si llegamos juntos, todos tendríamos que salir juntos: ¿Alguien discute los 15.000 millones de euros que necesita el país para garantizar prestaciones a los nuevos desempleados? Cuando las salidas son individuales, oscilamos entre indemnizaciones millonarias y los mil autónomos que echan el cierre a sus ilusiones personales. Y ante eso, tan injusto para el resto como legal, quieres salir corriendo hasta Copenhague. Porque en Alemania, también la conservadora Merkel, ha retrasado su promesa electoral de bajar los impuestos.

Diario HOY. 2 de octubre de 2009

Libro: “Los vencedores olímpicos”. Autor: Conrado Durantez. ESM Librería Deportiva, 2004. 1250 pgs. 90 €

Sitio recomendado: Copenhaguen (Dinamarca)