15 de agosto

15 08 2008

Una generación de nietos reclamaba una ley que devolviera el honor a los abuelos que nunca conocieron


Desde 1977 –cuando todo estaba en riesgo- socialistas de partido y sindicato recuerdan cada 15 de agosto a los fusilados durante la toma de Badajoz en 1936. Se trata de un acto escueto, una ofrenda floral y dos discursos, al que se han ido sumando familiares anónimos, otras fuerzas de izquierda o republicanos. Cada año, sorprendentemente, más y más jóvenes como mejor síntoma de que esa generación de nietos reclamaba alguna ley, algún gesto que procurara devolver el honor y la memoria de aquellos abuelos a quienes nunca conocieron.


Estos actos se reproducen ya en Jerez de los Caballeros, Oliva, Llerena, Castuera, Torremegía… En Mérida -con actos por separado de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica e Izquierda Unida- esta semana han coincidido con el final de un campo de trabajo que pretendía encontrar restos de las decenas de asesinados. Imposible, pese a los esfuerzos del historiador Ángel Olmedo. Dice mi suegro que en los cincuenta varios operarios vaciaron esas fosas y cargaron los restos en camiones hasta el Valle de los Caídos, enclave construido por presos políticos y que la dictadura creyó disfrazar como mausoleo de todos los muertos en la guerra: Unos con nombres y apellidos, y otros enterrando sus conciencias en un osario para anónimos.


En Badajoz los restos tampoco serán devueltos a sus familias para que puedan enterrarlos como cualquier ser humano. Están calcinados y amontonados en una fosa junto a miembros amputados de otros, nonatos e indigentes a quienes nadie reclamó, con menos honor que algunas mascotas en su cementerio animal. Unos metros más allá el entonces alcalde Rojas levantó una plazoleta y leyenda, que es donde nos concentraremos hoy -como cada 15 de agosto- para recordar sus almas y reclamar que nunca más España sufra tal irracionalidad.

Por eso, por el futuro que comenzó a construirse con una transición que apostó por la reforma y desechó la ruptura, iniciativas para condenar como “criminales de guerra” a generales o falangistas, que ya están muertos, no suman nada: ¿Quién va a llevar hoy a Yagüe ante el juez Garzón?… Pinochet o Galtieri vivían cuando iniciaron sus procesos en sus países; y si bien la Ley para la Memoria Histórica garantiza a las familias la devolución de ese honor hurtado, que retiren símbolos de la dictadura (¿Alguien imagina una estatua de Hitler en el centro de Berlín?) o la sepultura para quienes intentaron olvidar en una cuneta, no faculta vendettas a destiempo. La historia cuenta ya todo lo que sucedió pero sin reinventar los treinta años de convivencia democrática con esos brindis al sol. Más eficaz sería reclamar patrimonios incautados o enviar alguno de estos estudios o documentales sobre lo que aquí sucedió a “nacionalistas de izquierda” que -como Viçenc Vilatoro el domingo en Avuí- sostienen que no aceptar las condiciones del Estatut es el último ejemplo de una tradición franquista arraigada en España que cree que Cataluña ya fue conquistada y sometida en la guerra civil… ¡Vivir para ver!


Diario HOY. 15 de agosto de 2008

Libro: “La Sima”. Autor: José María Merino. Editorial: Seix Barral. 360 páginas. Precio: 19,5 €

Libro: “La Comedia Salvaje”. Autor: José Ovejero. Editorial Alfaguara. 2009. 408 páginas. 19,5 €

Sitio recomendado : Campo de concentración de Castuera



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