ON: El botoncito para la modernidad

4 04 2008

No es extraño que el Ministerio de Justicia exija para llegar a un acuerdo el empleo de herramientas informáticas para la gestión procesal


¿A quién no le han roto la siesta con una llamada en la que una telefonista con acento meloso te llama por tu nombre y te ofrece renegociar la hipoteca, ampliar el número de canales digitales o adquirir una cristalería?; ¿Cómo se hizo con mi número de teléfono?; ¿Qué formulario habré rellenado en el súper o en el banco?; ¿Los puedo denunciar por acoso?… En la última encuesta del CIS, la protección de datos aparece como quinto problema para los españoles, tras los cuatro tradicionales que se alternan según la agenda política trimestral: empleo, vivienda, terrorismo y situación económica. La molestia se convierte en indignación cuando leemos que un juzgado de Sevilla desconocía que el mismo condenado a quien debieron ordenar su arresto e ingreso en prisión, firmaba cada quince días en la planta de abajo, en otro juzgado de lo Penal, y nos preguntamos si el trasvase de datos sólo opera en esta sociedad democrática del mercado para la empresa privada y pocas veces para cumplir con los principios constitucionales de coordinación y eficacia administrativa.


El secretario de un Juzgado de Paz en la comarca de Zafra no ha encendido aún el equipo informático desde que le llegó de Madrid hace años y continúa tomando declaración con papel carbón para copiar lo mecanografiado. No es extraño que, más allá de las diferencias salariales, el Ministerio de Justicia exija para llegar a un acuerdo con los sindicatos el obligado empleo de herramientas informáticas para la gestión procesal. Una huelga, por cierto, que viene en la peor coyuntura para que la ciudadanía simpatice con unos funcionarios que comenzaron a presionar, legítimamente, en plena campaña electoral y van a terminar despertando antipatías hasta en sus propios compañeros de Prisiones, quienes lidian con retrasos en la concesión de permisos penitenciarios a reclusos que ven pasar los días sin que, también legítimamente, los puedan hacer efectivos.


Para colmo, la que se autodefine como “lideresa del liberalismo” –pero defensora de cardenales ante el Jefe del Estado- o el portavoz del CGPJ –más entretenido en combatir el término “matrimonio homosexual” que en explicar por qué no se resuelve la renovación del gobierno judicial desde 2006- han incendiado aún más el campo, y culpan al Gobierno y a la inexistencia de la cadena perpetua lo que se limita al error de un juez, mucho menos del resto, quienes dignifican cada día nuestro Estado de Derecho. Todo un crimen a Montesquieu, Barón de la Brêde, y a la separación de poderes. Como si un nuevo Código Penal, una nueva Ley del Menor o con fusilamientos al amanecer, nos garantizara que el secretario de ese Juzgado de Río Bodión encenderá el chisme, y se aligerarán y coordinarán las notificaciones. Es algo más simple que el caos, querida condesa Aguirre y Gil de Biedma: Es encender el botoncito de la modernidad.

Diario Hoy. 4 de abril de 2008.

Libro: “El Espíritu de las Leyes”. Autor: Charles Lois de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu. 406 pags. www.antorcha.net/biblioteca

Libro: “La mecánica del corazón”. Autor: Mathias Malzieu. Editorial Mondadori, 2009. 176 páginas. 13,9 €

Sitio recomendado: Sede del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura. Plaza de la Audiencia de Cáceres. Su Presidente: D. Julio Márquez de Prado

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